EL JARDIN DEL EDEN

Por Everardo Monroy Caracas

indexAdán Martínez nació en la llanura serrana, una noche lluviosa. Su madre lo abandonó entre los lodazales.  Era indígena otomí y fue violada por el cacique de Huayacocotla, Vulcano Pastrana. Un arriero ebrio lo recogió bajo la enramada de un olmo. Raymundo Solís lo envolvió en su manga de cuero, aún con el trozo de ombligo embarrado de sangre y barro, y dando tumbos por las callejuelas ensopadas  alcanzó a llegar al centro de salud. “Espero que aún siga con vida”, dijo al enfrentar a la enfermera de guardia.

El destino final de Venus Payán jamas se esclareceria. Posiblemente murió desangrada en una de las quintas cercanas al lugar del parto y devorada por la jauría de la foresta. Pocos quisieron ahondar en el hecho, por temor o prudencia.

Después vendrían los reclamos legales, las búsquedas y la decisión del juez de paz de dar al bebé en adopción a la familia Martínez, propietaria de una tienda de abarrotes de la avenida Revolución.

Adán Martínez fue parido un viernes, el sexto día de la semana, y durante el mes de junio cuando los aguaceros amamantaban las parcelas y bosques de esa parte serrana de Veracruz.

Freyja Martínez, la solterona del pueblo, puso todo su empeño para que Adán creciera bajo los códigos de amor y solidaridad cristiana y únicamente le prohibió, en sus tiempos de adolescente, que “no metiera las narices” en “El Árbol del Conocimiento”, un club de anarquistas radicales que cada fin de semana organizaban veladas y terminaban borrachos, histéricos y menos convencidos de las virtudes de honestidad y trabajo del PRI y sus “partidos satélites”, como llamaban al PAN y PRD.

Sin embargo, fue la hija de Raymundo Solís, su salvador, quien lo empujó a ser testigo de esas acaloradas encerronas de adoctrinamiento y de probar por primera vez un aguardiente de manzana que casi lo enloquece. Esa noche desvirgó a Eva Solís y le plantó su semilla en el útero.

Adán tenía diez y siete años cuando tuvo por primera vez en sus manos el primer texto del ruso Mijail Bakunin, “Dios y el Estado”, y descubrir, de boca de uno de los oradores, desdentado y con una barba hirsuta y sucia, que no existía “sombra de solidaridad en la sociedad” de acuerdo como “lo soñaban los cristianos”, porque ellos aseguraban que “nada era por la gracia de los hombres, sino por la gracia de Dios”.

Y además, otro comentario extraído del mismo texto, lo sacudió: “Satanás fue el primer rebelde, el primer librepensador y emancipador de los mundos”.

La belleza de Eva Solís había jugado un papel importante en esa conversión ideológica, sin darse cuenta que en un par de años, en plena efervescencia política, seria perseguido, encarcelado y condenado a muerte. Vulcano Pastrana, su padre biológico y propietario de la quinta El Jardín del Edén, sería el responsable de su exilio involuntario y de dejar en manos de tres militares, entre ellos el subteniente Miguel Ángel Belen, la decisión de salvarle la vida o ser ejecutado en el galpón de la maquinaria agricola.

EL VESTIDO ROJO

5030903508_9b4b92951e_zElla tiene las manos blancas, los muslos aceitados y la mirada de vidrio cristalizado. Está de espaldas, yo de  frente. Difícil saber hacia donde nos hincamos. No hay perdón, sino remordimiento. Ella exige redención, yo no escucho. Tengo un problema en el oído izquierdo. Fui torturado en 1981. Los reos de la cárcel municipal de Acapulco me golpearon por un mediocre de Huitzilac de ancestros asesinos. Antes, minutos antes, por instrucciones superiores, los golpes arreciaron. Dios, es doloroso. Uno piensa en la familia, en los amigos, en los maestros… Fue mi caso… Ella tuvo que ponerse de pie, arrodillarse frente a mí, y agarrarme las piernas, tensas, apresables… Tuve que arrojar el blanqueador en su vestido rojo… Estaba exhausto… (Por Everardo Monroy)

HANK GONZALEZ: EL ARTE DE COMER SAPOS SIN VOMITAR

Por Pedro Alisedo y Raúl Monge/Proceso*

hank7En el último minuto del miércoles 30 de noviembre (de 1994) Carlos Hank González pondrá punto final a una carrera en que conjugó características que en pocos hombres se unen: durante 42 años ha sido político encumbrado, funcionario público, empresario exitoso y padre de familia generoso.
A pesar de uno que otro descalabro político e inclusive de tragedias familiares, Hank González sobrepasó las cuatro décadas de presencia en la vida pública nacional gracias, sobre todo, a su enorme capacidad para ejercer el arte de la adulación.
Adulador por naturaleza, lo fue con mayor ahínco y sagacidad con quienes más importa para ascender en la escala de la política y del gobierno: con los presidentes de la República.
Hank González no se va así como así. Muchos de sus hombres, discípulos suyos, algunos de su mismo estilo, quedan en posiciones clave dentro del sistema político priísta. Quizá por ello, en una de sus últimas declaraciones públicas, aclaró que se retira de los “cargos públicos, pero no de la política”. Y habrá de recordarse como uno de sus últimos actos de adulación, en calidad de funcionario público, el haber promovido y financiado, desde su puesto como secretario de Agricultura y Recursos Hidráulicos, la adhesión a la candidatura de Ernesto Zedillo Ponce de León para la Presidencia de la República.

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Fue precisamente en mayo último, en medio del escándalo por la publicación del desplegado en apoyo de Zedillo Ponce de León, cuando Hank González hizo por primera vez pública su intención de retirarse.
Invitado al programa radiofónico Ensalada de Lechuga, el secretario de Agricultura y Recursos Hidráulicos manifestó:
“Ya es tiempo de retirarse; mi carrera política está terminada y concluirá en este sexenio. Pienso como los toreros: hay que retirarse cuando aún hay pañuelos agitándose en los tendidos, no cuando comienzan a caer cojines sobre la arena.”
Cojines que si no cayeron ya, por lo menos estuvieron a punto de hacerlo, pues según una encuesta del diario Reforma, realizada en las ciudades de México y Monterrey, la secretaría menos eficiente en el sexenio fue la de Agricultura y Recursos Hidráulicos. Además, como secretario de Estado Hank González recibió una calificación de 6.8, que lo situó en el penúltimo lugar entre los integrantes del gabinete. El último puesto correspondió a su “alumno”, el procurador Humberto Benítez Treviño, quien obtuvo 6.2.
En otro programa de radio, tras reiterar que se retiraba, bromeó: “… podría competir por la presidencia municipal de Santiago Tianguistenco, aunque las modificaciones del artículo 82 constitucional me permitirían competir por la Presidencia de la República.
“Después de una presencia tan larga, con 42 años de trabajo, es hora de jubilarse”, volvió a informar el 21 de octubre en un desayuno con el grupo “20 mujeres y un hombre”.
“Termina ya mi carrera política para dar paso a las nuevas generaciones que están mejor preparadas que yo. Soy autodidacta. No quiero decir que por mi edad no deba permanecer en el quehacer político, pero, en mi caso, llegó el momento del retiro”, dijo, aunque aclaró que seguirá “pensando en el país con pasión”.
Y acerca del futuro de la nación, manifestó: “como mexicano, veo al país en el dintel de acceso al primer mundo. Sin demagogias, México se desarrollará a una velocidad mayor porque es campo propicio para establecer servicios e industrias con capitales extranjeros. Ahora hay más seguridad, paz y estabilidad… Nunca México había tenido hombres tan bien preparados como hoy, con recursos amplios para triunfar. Los años siguientes serán espléndidos para el país”.
Sin embargo, el miércoles 9 de noviembre, en una reunión en que se despidió de los dirigentes del Consejo Agrario Permanente, Hank González pareció dar marcha atrás en su decisión de retirarse de la política, pues precisó:
“Me retiro de los cargos públicos, pero no de la política. Esta es como un virus que se halla en mi sangre desde hace 42 años. Mi retiro lo he comentado con mis compañeros de partido y con los políticos, y todo está ya convenido.”

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Carlos Hank González nació en Santiago Tianguistenco, estado de México. Su padre, Jorge Hank Weber, alemán, llegó a esa población al terminar la Revolución, y se casó con Julia González. Murió antes de que naciera su hijo Carlos, quien creció al lado de su abuelo materno, Catarino González. Su madre contrajo nupcias años después con Trinidad Mejía Ruiz, zapatero, a quien el pequeño Carlos ayudaba.
Becado por el municipio, primero, y por el gobierno del estado de México, después, cursó la secundaria y la normal en Toluca. Como presidente de la sociedad de alumnos de la Escuela Normal del Estado de México, visitó al entonces gobernador de la entidad, Isidro Fabela, quien impulsó su carrera como maestro y lo nombró director de la escuela primaria de Atlacomulco, poblado que habría de dar su nombre al grupo político que ahora encabeza Hank González.
Cuenta Hank González mismo en la revista Líderes Mexicanos:
“Era mi época de estudioso, era profesor y estudiaba ciencias biológicas… pero a pesar de que se me hacía muy interesante mi carrera, decidí que quería una actividad más intensa, quizá más activa, más emotiva. Entonces quedaban dos opciones: dedicarse a hacer dinero o hacer política, y aunque decidí ser político, primero debería resolver mi problema económico personal, para no depender de la política en ese campo sino conservar lo más posible una autonomía, y así lo hice; inicié algunos negocios y después la política.”
Sin embargo, los hechos demuestran que en su larga trayectoria el éxito personal se ha fincado en la utilización de los cargos públicos para sus negocios particulares. Paralelamente a su paso por la presidencia municipal de Toluca (1955-57), una diputación federal (1958-61), la dirección de la Compañía Nacional de Subsistencias Populares –Conasupo– (1964-69), la gubernatura del estado de México (1969-75), la jefatura del Departamento del Distrito Federal (1976-82) y las secretarías de Turismo y de Agricultura y Recursos Hidráulicos (1988-94), Hank González construyó un imperio industrial, que lo coloca a él y a su familia entre los más ricos de México.
En Atlacomulco instaló una pequeña fábrica de dulces, que le dio el capital necesario para comprar un primer camión de carga; después recibió dos concesiones de Petróleos Mexicanos (Pemex) para transportar gasolina, que con el paso de los años se convirtió en una flota de “pipas” y otros transportes.
Luego, en 1967, instaló en Tianguistenco la fábrica de vehículos Autocar; en 15 años, mientras era director de la Conasupo y gobernador, multiplicó su fortuna como dueño de un emporio en las ramas automotriz y del transporte.
Cuenta Hank González: “considero que un hombre empieza a ser productivo en términos generales a los 25 años, a veces empieza a los 15 o 16, como fue mi caso, porque necesité trabajar para comer, estudiar y vivir, pero a los 25 pude dar todo y es cuando decidí que iba a dedicar otros 25 años de mi vida a la política. A partir de los 50 años de edad haría otra carrera, la cual sería de empresario, y eso traté de hacer. Cuando terminé el gobierno del estado, impulsé mis empresas. El negocio más importante fue el transporte, de allí salieron las refaccionarias, la llantera y una fábrica de camiones; pero cuando entré en el gobierno de la ciudad (de México), lo entregué todo a mi hijo mayor y hasta allí paré”.
En 1976, cuando Hank González fue nombrado jefe del Departamento del Distrito Federal por el presidente José López Portillo, un grupo de inversionistas mexicanos encabezado por Carlos Hank Rohn, su hijo, entonces de apenas 28 años de edad, adquirió la empresa Campos Hermanos, dedicada a la fabricación de estructuras de acero, herramientas y grúas viajeras. La empresa estaba prácticamente en bancarrota. Ese año su capital social aumentó de 80 millones a 417 millones de pesos y se formó un nuevo consejo de administración, presidido por Hank Rohn. En sólo dos años la empresa se recuperó.
En 1978 nació la Sociedad Industrial Hermes –presidida también por Hank Rohn–, que se asoció con la International Harvester de Estados Unidos. Y se creó otra compañía: Autotransportes Mexicana, SA (FAMSA), dedicada a la fabricación de camiones, tractocamiones, motores dísel para uso agrícola, automotriz e industrial. Y comenzó a elaborar vehículos especiales para la transportación de equipos de perforación y explotación de pozos petroleros para Pemex.
FAMSA también fue proveedora de tractocamiones para la entonces Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas y para el Departamento del Distrito Federal, encabezado por Hank González, quien también compró a la empresa, supuestamente de su hijo, camiones recolectores y compresores de basura, tractocamiones y “corazas” para autobuses urbanos, cuya municipalización había decidido el regente.
En febrero de 1982 Hermes tenía ventas consolidadas por 13,000 millones de pesos y ocupaba el vigesimosegundo lugar entre las más importantes del país.

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Después de Isidro Fabela, otro hombre importante en la carrera política de Hank González fue Gustavo Díaz Ordaz, quien lo nombró director general de la Conasupo. Años antes, cuando Díaz Ordaz era secretario de Gobernación y ante el próximo cambio de gobernador en el estado de México, Hank González se presentó y le dijo: “señor secretario, me andan promoviendo para la gubernatura”. Díaz Ordaz respondió: “es cierto, pero en ésta no te toca. Va Fernández Albarrán. Ni modo. En ésta no vas a ser, pero si de mí depende, serás gobernador de tu estado”.
Y en efecto, ya siendo presidente Díaz Ordaz, primero fue director general de la Conasupo, donde no obstante sufrir sus primeros reveses como servidor público –sembró el país de silos que a la postre de nada sirvieron–, saltó en 1969 a la gubernatura. Durante su campaña repitió:
“No vengo en busca de poder, menos en busca de dinero. Ni lo necesito ni es mi aspiración. No es hombre el que traiciona la confianza de sus conciudadanos, el que se niega a servirlos y el que usa el poder y la rudeza para sabotear los derechos legítimos del pueblo y utilizarlos en beneficio de sí mismo.
“Es injusto que el hombre aproveche su inteligencia, su preparación, su cultura, su fuerza, para vivir a base de explotar a los demás. Hay en México una terrible diferencia entre quienes tienen más de lo que necesitan y que disfrutan de muchas cosas superfluas y entre quienes carecen de lo estricto, entre quienes no tienen todavía que comer y carecen de una manta que cubra las carnes de sus hijos.
“Sólo hay algo más fuerte que el acero, más duro que el granito y más demoledor que el fuego; ésa es la palabra de un hombre honrado, y por ello a México se le está gobernando con eso.”
Durante su gestión como gobernador la industrialización que impulsó disparó la población, fomentó verdaderos cinturones de miseria, contaminó y explotó irracionalmente las aguas del río Lerma, secó el lago de Zumpango.
Edgar Samuel Morales Sales y Alberto Saladino García, especialistas de la Universidad Autónoma del Estado de México, coincidieron en afirmar que con “la manita de gato” que dio a los pueblos –pintando fachadas, igual que hizo con el centro histórico años más tarde–, se ufanaba de haber empujado a la entidad a la prosperidad y al desarrollo.
Sobre su estilo personal de adular, una muestra es la visita que Hank González, como gobernador, hizo al candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la Presidencia de la República, Luis Echeverría Alvarez, tras las elecciones del 6 de julio de 1970, para decirle, acompañado de un grupo de priístas, entre ellos uno de sus alumnos, Ignacio Pichardo Pagaza, en aquel tiempo secretario de Gobierno:
“Aunque no ha sido emitido el fallo oficial, el triunfo del PRI, el triunfo de nuestro candidato, es evidente, y, por eso, un abrazo cordial, lleno del afecto que usted tiene en el estado de México, y que usted acendró con su contacto personal, lleno de sencillez, de afabilidad, con nuestra gente; con ese abrazo venimos a sellar el respaldo absoluto del estado de México; venimos, señor licenciado, para ayudarle en la ardua tarea de hacer que este México sea más soberano, más poderoso y más libre todos los días.”
El 10 de mayo de 1973 el presidente Luis Echeverría Alvarez visitó Ciudad Nezahualcóyotl, y Hank González le dijo:
“Nunca más, señor presidente, habrá de inundarse Nezahualcóyotl, porque usted ya lo ha evitado. Hizo usted posible que nuestras calles sean transitables. Hizo nacer en sus habitantes la seguridad de su propia fuerza. Gracias, señor presidente, por su decisión de hacer ver al mundo que en esta patria nuestra no hay ningún poder, no hay ninguna fuerza, no hay ninguna influencia que rebase, que someta el poder del pueblo, representado por el presidente del pueblo, por el presidente de México.
“Por eso, señor presidente, porque ha hecho usted más luminosos los caminos de la patria, abriendo perspectivas a nuestro desarrollo económico y social; porque ha fincado bases de justicia y de paz para los pueblos en la pobreza…”
El 23 de octubre de 1973, en la Plaza de los Mártires, en Toluca:
“A unas semanas de cumplirse la primera mitad de su mandato, el pueblo mexicano ha podido comprobar la inmensa vocación de servicio y la vigorosa decisión de cambio progresista que usted ha puesto en juego para revitalizar el proceso de profundas transformaciones que se inició en nuestro país hace más de seis décadas con la primera, en el mundo, gran revolución del siglo XX.
“(…) Para cumplir cabalmente ese imperativo, el presidente Echeverría Alvarez no sólo aporta entrega personal sin límites sino que ha diseñado y puesto en marcha toda una gran estrategia para el desarrollo nacional.”
A la mitad de su gestión como gobernador, en una comida que los diputados de la XLIV Legislatura local le ofrecieron, Hank González se defendía ya de los ataques:
“En México la idea de la política y del político está muy desprestigiada y muy empobrecida, por la política y por los políticos. Nosotros somos los que hemos hecho que decaiga el título y que se haya desprestigiado la profesión del político…”
Invitado por el presidente José López Portillo, con quien ya había tejido relaciones desde antes, Hank González se hizo cargo de la jefatura del Departamento del Distrito Federal, desde donde sus negocios particulares tuvieron un auge espectacular.
Hank González comenzó sus tareas pidiendo “honestidad y eficiencia” a sus “alumnos”, entre quienes se hallaban los hoy gobernadores del estado de México y Tabasco, Emilio Chuayffet Chemor y Manuel Gurría Ordóñez. Este último dejó, incluso, la presidencia del municipio del centro (Villahermosa) de Tabasco para trabajar al lado de su maestro en la capital.
Hank González prometió resolver lo que, a su juicio, eran los tres principales problemas de la ciudad: basura, tránsito y seguridad, que, al final, se convirtieron en “siete pecados capitales”: educación, tenencia de la tierra, agua, basura, transporte, drenaje y seguridad social.
En su penúltimo informe de labores, la visión que tenía Hank González de la ciudad era más que optimista:
“Ya no hay niños sin escuela; los transportes están concatenados entre sí y son congruentes con las necesidades de traslado que los centros de actividad demandan; la vialidad está articulada, es continua y está subordinada a la transportación masiva de pasajeros; el Metro quintuplicó su capacidad, al ofrecer mejores alternativas que el vehículo individual y al prestar un servicio confiable, rápido y económico.
“La ciudad está limpia y libre de focos contaminantes; está garantizada la seguridad de personas y bienes; la urbe y sus zonas rurales reverdecen oxigenando el aire y atrayendo la lluvia para nuestros mantos freáticos; la iluminación es adecuada y suficiente; las tiendas populares, a la vuelta de la esquina, ofrecen abastos accesibles a nuestras clases mayoritarias; la cultura, el arte, la recreación y el deporte son practicados en forma masiva; en un año más habrá agua para todos y drenaje para 9 millones de habitantes; hay empleo seguro y bien remunerado, y la marginación tiende a desaparecer.”
Sin embargo, dos años después, el nuevo jefe del Departamento del Distrito Federal, Ramón Aguirre Velázquez, ante diputados integrantes de las comisiones de Hacienda, Programación y del Distrito Federal, desmintió a Hank González:
“El DDF está al borde de la quiebra. Para el año próximo se pretende obtener ingresos propios por 140,000 millones de pesos, de los cuales se destinarán 131,000 millones para el pago de su deuda pública, que en el sexenio pasado se elevó de 16,000 millones (1976) a 213,000 (1982) millones de pesos.
“La deuda acumulada a 1982 no es sólo el resultado de nuevas contrataciones sino de omisiones en el pago de varias amortizaciones que, convertidas en deuda vencida y agravada por las altas tasas de interés, presionaban y estrangulaban la liquidez del Departamento del Distrito Federal.
“La inseguridad pública es creciente. El 25% de la basura (unas 15,000 toneladas) se queda en las calles o en tiraderos, por falta de equipo. Las obras del Metro están inconclusas; de los 111.5 kilómetros que se proyectaron concluir en 1982, sólo están en servicio 78.8. Lo que originalmente se concibió como la construcción de 34 ejes viales quedó en proyecto inconcluso, al que faltaron unos 200 kilómetros a causa de la devaluación del peso y del recorte presupuestal de mayo de 1982. Tampoco estuvo listo el que sería el moderno sistema de semaforización electrónica, que haría de los ejes viales calles de rápida circulación. La central de abasto (que oficialmente lleva el nombre de Carlos Hank González) se quedó a medias y trasladó los vicios de La Merced.”
La Contaduría Mayor de Hacienda de la Cámara de Diputados documentó parte de las irregularidades cometidas durante la administración de Hank González. Encontró un desvío en el presupuesto por 52,160 millones de pesos en el ejercicio fiscal de 1982.
Por ese motivo, el Partido Acción Nacional (PAN) presentó denuncia penal en la Procuraduría General de la República (PGR) contra Carlos Hank González por la disposición de financiamiento externo sin la autorización de las secretarías de Hacienda y Crédito Público y Programación y Presupuesto, por el sobreejercicio presupuestal, por pagos improcedentes y sin autorización, por adquisiciones mediante proveedores apócrifos, por duplicidad de pagos y por la realización de obras sin estudio ni proyecto.
Inexplicablemente, la PGR se declaró incompetente para investigar la denuncia número 045866.
El sexenio de José López Portillo terminó en medio del escándalo, del cual no fue ajeno Hank González: se conocieron las mansiones de López Portillo mismo en su colina de Cuajimalpa; las de Arturo Durazo Moreno en el Ajusco y Zihuatanejo, y la casona del entonces jefe del Departamento del Distrito Federal en Connecticut, Estados Unidos.
Además, un grupo de políticos del estado de México quiso regalar un rancho al presidente saliente.
Acerca del regalo a López Portillo, en ese entonces Hank González comentó que los donantes no lo habían invitado, pero “si lo hubieran hecho, con mucho gusto hubiera participado”.
Se le preguntó si él había hecho regalos importantes a otros políticos y respondió:
“No, no… alguna vez he regalado algún pedacito de terreno a algún amigo; pero un pedacito, para que haga una casita de campo. Y si me pregunta si he hecho algún regalo a los presidentes, nunca. A ningún alto funcionario. A algún amigo, sí, como le digo, para que se haga una casita allá en mi pueblo. A mí me interesa llevar gente a mi pueblo. Entonces, he invitado a algunos amigos. Pero jamás he regalado un rancho, un terreno, alguna cosa al presidente, nunca”. Su pueblo es Santiago Tianguistenco, donde hay una estatua en bronce que lo inmortaliza como “hijo predilecto”.
López Portillo en sus memorias, Mis Tiempos, al hablar de las casas de él y de su familia construidas en Cuajimalpa, cuenta en la página 1,183:
“Hank González, que como jefe del DDF se había enterado del proyecto, generosamente nos ofreció el crédito en las condiciones planteadas. Nos prestó inicialmente 200 millones de pesos y más tarde, sumas complementarias… El profesor no aceptó que formalizáramos el préstamo ni la garantía. Se lo debemos.”
Y en la página 1,184 agrega: “ahí están las casas. Se las debo todavía a ese varón generoso y considerado que es Carlos Hank González. Esperamos la plusvalía de los terrenos sobrantes, más de 80%, para pagarle”. Y aparece un pie de página en que el expresidente explica: “lo que no será posible con base en la plusvalía pues, por acuerdo de la familia toda, donamos los terrenos al Fondo Nacional de Reconstrucción, formado con motivo del terremoto del 19 de septiembre de 1985. Así desaparece por voluntad familiar la posibilidad de mi único negocio. Es evidente que no nací para especulador”.
Todavía tiene un motivo más de agradecimiento López Portillo hacia Hank González: cuenta en la página 1,274 que el 1 de diciembre de 1982, tras entregar la banda presidencial a Miguel de la Madrid Hurtado, “ya no tenía ni que decir ni que hacer. Ni siquiera dónde dormir, pues la nueva casa no estaba terminada y antes de que fuera posible irme a la de Pepe, mi hijo, acepté el techo amigo de Carlos Hank González que, a partir de ese momento, extremó el trato amistoso, afectuoso, considerado y leal. En su casa comimos en unión de los miembros de mi gabinete, en reunión desconcertada y todavía no nostálgica, antes de la diáspora burocrática”.
El paso de Hank González por el Departamento del Distrito Federal no fue obstáculo para que, con todo y las críticas que tenía encima por la construcción de los ejes viales, la venta ilegal de terrenos federales, la prohibición de las manifestaciones en el zócalo y la conversión de Servicios Metropolitanos en una empresa especuladora del suelo, tratara de proyectarse hacia la Presidencia de la República, promoviendo lo que se llamó “el 82 para el 82″; o sea, la reforma del artículo 82 de la Constitución, el cual exige que para ser presidente se requiere ser hijo de padres mexicanos por nacimiento, para que Hank González pudiera ser candidato en 1982.
No lo consiguió y De la Madrid Hurtado lo marginó de 1982 a 1988, lapso en que otra vez se dedicó de pleno a sus negocios. Cuenta Hank González en Líderes:
“Al entrar en la regencia de la ciudad, entregué completamente mis empresas, pero al salir de ella, me consideré muy joven para retirarme. Entonces volví con mucho ímpetu durante esos años, que me permitieron salir de algunos problemas que se me habían venido encima por la crisis económica que vivía el país. En 1988 decidí retirarme completamente de las empresas, ya que fuera de mi programa reincidí en los puestos públicos. Tomé una decisión en 1988, ya que no pensaba regresar al servicio público, pero me di cuenta que me hacía el favor el señor presidente de invitarme; lo pensé cuidadosamente para aceptar, nuevamente renuncié a mis empresas y vendí todas mis acciones, excepto un grupo de ellas, que conservo para los hijos de mi hijo que murió. (Cuauhtémoc, quien falleció ahogado en aguas del Caribe.) Todo lo demás lo vendí con la decisión de ya no pensar en nada más que la política y en el servicio público y no tener otra cosa que pudiera distraerme.”
En efecto, Hank González reapareció el 21 de diciembre de 1987 en Toluca, cuando sorprendió con la siguiente declaración:
“Este es un momento de debilidad del sistema político; es un momento en el cual estamos mal parados los priístas. Nuestra gente no está feliz. No está contenta. Siento que no hay alegría ni tranquilidad en nuestro pueblo y, consecuentemente, esto produce inquietud política, sin que lleguemos a la crisis.”
Abanderado ya del PRI a la Presidencia de la República, Carlos Salinas de Gortari lo invitó a una gira de su campaña por el estado de México, y Hank González declaró: “no tengo la menor duda que el candidato del PRI ganará las elecciones”.
El 14 de marzo de 1988 Hank González ofreció una cena al candidato, en su residencia de Lomas de Chapultepec. Ahí el profesor reunió a varios de los empresarios más ricos de México, con quienes había compartido a finales de 1980 las páginas de la revista estadunidense Town and Country: Alberto Bailleres, Bernardo Garza Sada, Eugenio Garza Lagüera, Juan Sánchez Navarro, Carlos Abedrop, Agustín Legorreta, Manuel Espinosa Yglesias, Eloy Vallina, Claudio X. González, Henrique Hernández Pons…
Nueve meses después Salinas de Gortari lo nombró secretario de Turismo. Y a principios de 1990, con los primeros cambios en el gabinete presidencial, Hank González pasó a la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos.
El 4 de enero de 1990, poco después de tomar posesión de su nuevo cargo, expresó:
“El atuendo de catrín puede desconcertar a algunos con quienes no he trabajado; a otros, no. Les consta que podemos caminar y sabemos hacerlo por las tierras de nuestro campo, por los empedrados y los terrones. Les pido que no tengan desconfianza de este sujeto, que le presten su confianza un rato… no es un sujeto que aproveche el poder que se le entrega para servir, para servirse de él.”
Anunció planes emergentes para la producción de alimentos básicos y dejar de importarlos; convocó a trabajar más a los gobernadores y a los secretarios de Estado que tienen que ver con la agricultura, y llamó a sus antiguos colaboradores.
Vamos a dar, dijo, un repunte a la actividad agropecuaria. “Fuera el burocratismo. Debemos producir lo que el hombre necesita para vivir. Vamos por la soberanía alimentaria”.
Cuarenta días después de haber asumido el cargo Hank González se ufanaba: “ya salimos de la crisis. México es ejemplo para el mundo”.
Fiel a su estilo, por donde se paraba, defendía la política salinista:
“Alienta saber que la crisis concluyó, que los mexicanos fuimos capaces de superarla y que hoy, otra vez, como ayer, México es un ejemplo frente al mundo.”
La política agropecuaria –decía– no ha fracasado, lo que se requiere es desarrollarla para preservar la soberanía alimentaria y no depender del exterior.
Sin embargo, el Banco de México, en su balance de los cuatro últimos años, presentaba otro panorama del campo:
La importación de alimentos creció casi en una tercera parte; agricultores cuyos cultivos fueron desplazados del ámbito de la protección oficial, por la decisión del gobierno de sólo subsidiar maíz y frijol, prefieren dejar sus productos en los campos a llevarlos a un mercado con precios desplomados; la rentabilidad agropecuaria continúa en descenso, incluso para los productores de maíz, mientras que el consorcio Maseca, principal cliente gubernamental del grano subsidiado –cuya cabeza es Roberto González Barrera, consuegro de Hank González–, consigue utilidades sólo comparables con las de la banca, y en lo que va del sexenio la cartera vencida de los campesinos con las instituciones de crédito privadas se ha multiplicado por 11.
Sin haber logrado hacer más rentable el campo a pesar de los cambios constitucionales que desaparecieron el ejido, Hank González se dio tiempo para promover entre viejos políticos priístas –haciendo uso de papelería, oficina y tiempo de fax de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos– un desplegado en favor de la candidatura de Ernesto Zedillo Ponce de León:
“Deseamos expresar a usted, públicamente, nuestra adhesión sincera y cordial con motivo de su nominación como candidato del Partido Revolucionario Institucional, al que pertenecemos, a la Presidencia de la República. Queremos manifestar a usted, también, nuestro apoyo y solidaridad decididos y nuestra firme convicción de que como digno abanderado del Partido Revolucionario Institucional obtendrá una clara victoria en los próximos comicios electorales, para bien de la patria mexicana.” (El 28 de agosto de 2001 murió en su cama)

*Reportaje publicado el 14 de noviembre de 1994.

HANK GONZALEZ: LOS NEGOCIOS DESDE EL PODER PUBLICO

Por Ignacio Ramírez/Proceso*

hankCuando nació –el 28 de agosto de 1927– había en Santiago Tianguistenco, por aquel entonces, no más de 1,500 habitantes, todos ellos prietos, por lo que al pequeño Carlos le gritaban: “¡Ese güerejo, hijo de gringos…!”
Pero lo güero le venía de su ascendencia paterna. Hijo de doña Julia González y de don Jorge Hank, su padre, a los 19 años de edad, llegó a ser mayor del ejército alemán en la Primera Guerra Mundial y luego se trasladó a México porque en su país se le ocurrió meterse en político “y le faltó la línea”.
Hank estudió la carrera de profesor de educación primaria en la Escuela Normal de Toluca. Y luego cursó en la Escuela Normal Superior de México las especialidades en biología e historia.
Antes, sin embargo, fue socio de una fábrica de dulces, de tejocote y leche, y luego propietario de camiones, pues desde muy joven le gustaron los negocios. Se calculan en más de 1,500 sus camiones transportistas de productos de Pemex, hasta la fecha.
De su riqueza, apenas recién nombrado jefe del DDF, en diciembre de 1976, dijo: “Se afirman muchas cosas falsas de mí. He explicado que no tiene chiste si se considera legítimo que un chófer logre juntar unos centavos y comprar un camión y así ganar más dinero y con él comprar otro camión. Y yo, por una serie de razones, empecé a hacer negocios desde hace 26 años. Tuve un camión y después compré muchos, pero ese negocio ya no lo dirijo. He ganado dinero, lícitamente, fuera de la política, suficiente para vivir con las comodidades que desee”.
Fue profesor en Atlacomulco y ocupó algunos cargos públicos. Su buena estrella empezó a brillar en 1955 a 1957 cuando ocupó la presidencia municipal de Toluca; de ahí fue nombrado director de Gobernación en el estado de México y fue elegido en 1958 diputado federal a la XLIV Legislatura. El 19 de diciembre de 1967 pasó a ocupar la gerencia de la CEIMSA, de la cual fue también director general.
El 15 de septiembre de 1969 tomó posesión como gobernador del estado de México.
“No vengo en busca de poder, menos en busca de dinero –decía cuando era candidato–, ni lo necesito ni esa es mi aspiración. No es hombre el que traiciona la confianza de sus conciudadanos, el que se niega a servirlos y el que usa el poder y la riqueza para sabotear los derechos legítimos del pueblo y utilizarlos en beneficio de sí mismo y no en servicio de los demás.”
En 1971 fueron publicados dos tomos con los discursos del gobernador. En uno de ellos se lee en una nota preliminar: “Desde el primer día de su gobierno, Hank González habla con un lenguaje franco, tan sencillo que genera confianza, fe y esperanza. Cuando habla, la verdad surge…”
Y ésta era su verdad, según sus discursos:
“Es injusto que el hombre aproveche su inteligencia, su preparación, su cultura, su fuerza, para vivir a base de explotar a los demás. La mayor felicidad ha de ser aquella que le proporcione el saberse útil, fuerte, grande, inteligente, culto y audaz, para usar estas cualidades en bien de todos y no en detrimento del prójimo.”
Decía también:
“Hay en México una terrible diferencia entre quienes tienen más de lo que necesitan y que disfrutan de muchas cosas superfluas, y entre quienes carecen de lo estricto, entre quienes no tienen todavía qué comer y carecen de un pedazo de manta que cubra las carnes de sus hijos.”
Y enfatizaba:
“Sólo hay algo que sea más fuerte que el acero, más duro que el granito, o más demoledor que el fuego; eso es la palabra de un hombre honrado. Y hoy a México se le está gobernando con eso.”
Convertido en centro de controversia a raíz de la construcción de los ejes viales, a mediados de 1979, de cara al público frente a las pantallas de televisión, declaraba: “Jamás hemos tenido compañías constructoras. Nunca, yo o mis hijos, hemos sido dueños de negocios que estén relacionados con mi actividad como político. Sí, tengo negocios; sí los manejan mis hijos; son negocios lícitos, honestos, productivos de los que me siento tranquilo. No tengo por qué ocultarlo. Si tengo carisma, simpatía o ángel con la gente, resulta secundario siempre he dormido con la conciencia tranquila”.
A fines de ese año, cuando se rumoraba que podría modificarse el artículo 82 constitucional para que llegara a la Presidencia de la República, el optimismo de Hank era desbordante.
“Los problemas de irregularidad en la tenencia de la tierra –auguraba– quedarían resueltos antes de que termine el actual sexenio; también para 1982 habrá agua potable en los hogares de millones de mexicanos que ahí habitan. Para 1981, México será una ciudad limpia; no habrá más basura en las calles que amenace la higiene y salud de nuestro pueblo. Se cubrirá en 100% la demanda de educación primaria, y también los problemas de transportación se irán resolviendo a medida que crezcan las redes del Metro.”
El 18 de enero de 1981 fue descubierta una estatua de bronce –mide 2.60 metros– del hijo predilecto de Santiago Tianguistenco, frente a la iglesia dedicada a la virgen del Buen Suceso, detrás del palacio municipal. Hubo verbena popular, y la encargada de descubrirla fue su esposa Guadalupe Rhon, acompañada de sus hijos Carlos, Jorge, Cuauhtémoc, Ivonne y Marisela; por cierto, que en la familia hay otros Carlos Hank González que sí puede ser Presidente: su nieto, del mismo nombre. Antes, en agosto, había sido descubierto un busto del profesor, de 80 centímetros, que les resultó insuficiente a los santiaguinos.
No era la primera vez que Hank había sido objeto de alguna distinción. En años anteriores había recibido la Gran Banda de Primer Grado del gobierno de las Repúblicas Arabes Unidas; diploma e insignias de Comendador de la Orden Internacional del Bien Público, del Comité de Acción Cultural de la OEA; la Gran Cruz al Mérito por servicios distinguidos, del gobierno de la República del Perú, y la Medalla José Matías Delgado, también por méritos distinguidos, del gobierno de El Salvador.
A mediados de 1982, en Estados Unidos era ya un escándalo la casa de Hank en New Canaan, en el estado de Connecticut, a raíz de una protesta vecinal por la construcción de un impresionante muro de piedra en torno de esa mansión, construida en una extensión de tres hectáreas, rodeada de una muralla cuyo costo se calculó en 400,000 dólares.
Construida antes de la Primera Guerra Mundial, en estilo Tudor, la casa, cuya propiedad se atribuye al exregente, tiene 20 habitaciones y fue comprada al riguroso contado en 875,000 dólares en 1980, a través de la casa corredora de bienes raíces Milford Corp. Y en ella se gastó más de un millón de dólares en su renovación y mejoramiento. Hasta los baños están recubiertos de mármol con llaves chapeadas en oro y plata.
Nunca hubo aclaración de Carlos Hank González, el hombre que, de la nada, llegó a la “vicepresidencia de México”, como se conoce en el medio político al Departamento del Distrito Federal. (Hank González falleció en su cama el 28 de agosto de 2001)

*Publicado en la revista Proceso No. 0385 del  19 de marzo de 1984

HANK GONZALEZ: “POLITICO POBRE, POBRE POLITICO…”

Por Elías Chávez/Proceso*

carlos-hank-gonzalez-cesar-camachoEntrelazados por la sangre o por la política, prácticamente todos los gobernadores del estado de México de la época contemporánea, e inclusive un Presidente de la República, ha tenido como “padre espiritual” a Isidro Fabela Alfaro.
Nacido en Atlacomulco el 29 de junio de 1882, Fabela llegó accidentalmente a gobernador: en febrero de 1942 murió asesinado Alfredo Zárate Albarrán, y para sustituirlo el presidente Avila Camacho llamó a Fabela, que en ese momento era embajador.
Sus hijos espirituales fueron Mario Colín, Alfredo del Mazo Velez –que además era su sobrino–, Adolfo López Mateos y Carlos Hank González.
A López Mateos lo conoció en el instituto Científico y Literario de Toluca y lo recomendó para que primero fuera secretario de Gobierno del general Filiberto Gómez y después secretario del presidente del PNR, Carlos Riva Palacio.
La esposa de Fabela era alemana, por lo que un día que los visitaron unos estudiantes, le llamó la atención uno de apellido alemán: Carlos Hank González.
–Oye, ¿tú eres alemán?
–No. Mi papá era alemán.
Platicaron. Fabela le regaló un libro. Y cuando Hank se tituló de profesor, Fabela lo designó director de la escuela primaria de Atlacomulco.
A Del Mazo Velez, primero lo hizo tesorero y luego secretario general de Gobierno. Y cuando el “Grupo Gomista” postuló como candidato a gobernador al coronel Antonio Romero, Fabela les opuso a su sobrino, que ganó la gubernatura apoyado en el gran prestigio de su tío.
A su vez, Del Mazo pretendió imponer a su sucesor: David Romero. Pero el entonces presidente Miguel Alemán intervino:
–No. Aquí el gobernador lo pone el Presidente. Fabela pudo hacerlo porque él es una cosa, pero Del Mazo es otra.
Y Alemán designó a Salvador Sánchez Colín, ingeniero agrónomo, a quien tenía comisionado en la región del Papaloapan.
Sánchez Colín tampoco pudo dejar heredero. Quería imponer a su hermano Silvano, pero el presidente Adolfo Ruiz Cortines designó a Gustavo Baz, quien de esta manera llegó a gobernador de su estado por segunda ocasión.
Gustavo Baz nació en Tlalnepantla el primero de mayo de 1894. En 1913 siendo estudiante de medicina, participó en una conjura para asesinar al usurpador Huerta, pero fracasó. Baz y sus compañeros tuvieron que huir. Después de deliberar sobre a cuál grupo revolucionario unirse, Gustavo escogió el de Zapata, por ser el más necesitado de asistencia médica. Estando en el ejército zapatista, una mañana lo despertó el general Francisco Pacheco:
–Venga, lo necesito.
Y lo llevó ante una niñita. Era hija de Pacheco.
–Véala: está muy mal. Toda la noche ha estado muy mal. Cúrela, porque si no, si se muere, lo mato.
Baz sólo tenía carbonato. Y para su fortuna, la niña sólo estaba “empachada”.
–Dénle estos polvitos con té –recetó el “doctor”.
La niña se alivió y de ahí en adelante el general Pacheco sólo creía en Dios y en el “doctor” Gustavo Baz.
Y en 1915, cuando el general Pacheco ocupó Toluca, le dio a Baz el grado de general y lo designó gobernador a los 21 años de edad.
Cuando por segunda ocasión era gobernador y se acercaba el fin de su mandato, Gustavo Baz fue a ver a su paisano, el presidente Adolfo López Mateos:
–Don Adolfo, el mejor es Jorge Jiménez Cantú (que era su secretario general de Gobierno). Y el Presidente le contestó:
–López Mateos está de acuerdo con usted, doctor, pero el Presidente ya tiene su elección.
Y López Mateos mandó de gobernador a Juan Fernández Albarrán, que había sido del “Grupo Gomista”.
Por su parte, Carlos Hank González, que había llegado a presidente municipal de Toluca, tuvo que dejarle el cargo porque el doctor Baz lo nombró director general de Gobierno. Y en ese cargo tampoco terminó porque se fue de diputado federal. Luego fue subgerente de ventas de la Conasupo y finalmente director general.
Desde antes, Salvador Sánchez Colín, quien pensaba que un político debería tener un buen negocio “para poder dedicarse libremente al servicio público” y “no tener tentaciones”, le había preguntado a Hank.
–Carlos, ¿qué negocio te gusta?
–El de petróleo, el de la gasolina.
Y con dinero que le prestaron unos amigos, Hank compró dos “pipas” y las dedicó al transporte de gasolina. Un día, de 1956 un superteniente de Pemex le dijo a Hank.
–Oiga, Carlos, tengo 10 “pipas” pero no tengo tiempo de atender el negocio. Se las vendo.
–¿Cuánto quiere?
–Un millón.
Hank no tenía el millón, pero se lo prestó el entonces director del Banco Agrícola y Ganadero, Luis Gutiérrez Dosal. Y junto con las diez “pipas” obtuvo la concesión de la ruta Salamanca, cuando todavía no existía el oleoducto. Luego obtuvo concesiones en Sonora, en Tamaulipas, en Mazatlán, e inclusive se asoció con Leopoldo Sánchez Duarte.
La fortuna de Hank González creció junto con su actividad política, cuando el presidente Díaz Ordaz lo designó gobernador y, después López Portillo lo hizo regente de la ciudad de México.
Por decisión del presidente Luis Echeverría, Jiménez Cantú llegó a gobernador, después de haber sido secretario de Salubridad. Su esoterismo y una gran deuda que dejó, caracterizaron su gobierno.
Siendo banquero privado, Alfredo del Mazo González se hizo amigo del entonces director general de Crédito de la Secretaría de Hacienda, Miguel de la Madrid Hurtado quien lo invitó a trabajar en el sector público como vicepresidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Seguros, en 1976.
Con López Portillo como Presidente de la República, Del Mazo pasó a ser director de Deuda Pública, luego director de Instituciones de Crédito y, finalmente, llegó al Banco Obrero, de donde saltó a gobernador del estado de México. (Hank González falleció en su cama el 28 de agosto de 2001)

*Reportaje publicado en el semanario Proceso el 5 de noviembre de 1984, revista 418. Hank González, fue el creador de aquella sentencia: “Politico pobre, pobre politico…”

EL CARTEL DE ATLACOMULCO O LOS BUCANEROS DEL PETROLEO MEXICANO

 

Por Lénin Bocanegra Priego*/La Verdad

grupo-atlacomulcoDe Atlacomulco, rico municipio del Estado de México, surge la cofradía política que mucho daño le ha hecho a México y a su democracia, pues de ella han emanado políticos y caciques que durante décadas se han adueñado del destino de los mexicanos, conduciéndolos e induciéndolos a situaciones de extrema pobreza y marginación, porque es de ahí donde, precisamente, encuentran el caldo de cultivo para continuar manipulando la voluntad popular. El último de los nefastos cófrades que ha parido ese grupo es Enrique Peña Nieto,  quien a base de  invertir miles de millones de pesos con la complicidad del IFE y de empresas privadas tales como Televisa, se impuso como  presidente de los mexicanos.

De Atlacomulco han emanado los principales dirigentes del PRI, careta tras la cual ha operado el grupo poderosamente económico que ha gobernado a México durante casi 70 años. Se inicia este Grupo con Isidro Fabela, nacido en 1882, precisamente en ese municipio. Fue gobernador del Estado de México de 1942 a 1945. Éste impuso a Alfredo del Mazo Vélez,  su sobrino, para que gobernara esa entidad, pero la cofradía alcanzó la cima a la llegada al gobierno de Carlos Hans González, que gobernó de 1969 a 1975, Hans  quiso ser candidato el PRI a la presidencia de la República pero no pudo por no cubrir los requisitos constitucionales, ya que no era hijo de padre mexicano. En 1981 arribó al gobierno de esa entidad el prisita Alfredo del Mazo González, hijo de Alfredo del Mazo Vélez. AMG  tuvo un desempeñó  nefasto; pero se le recuerda más porque fue arrasado por el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano durante la elección para elegir al Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Otro prominente miembro de ese Grupo es Arturo Montiel Rojas, que se desempeñó como gobernador de EDOMEX  de 1999 a 2005. Pero como el Grupo Atlacomulco  no quitaba el dedo del renglón de poner a uno de sus miembros en la presidencia de la República, lo impulsó como  su candidato en el proceso interno priista, pero renunció porque Roberto Madrazo Pintado, su contrincante y allegado a esa misma cofradía, lo acuso públicamente de enriquecimiento ilícito. Antes de ese escándalo político, Montiel logró ubicar muy bien a su ahijado político favorito,  Enrique Peña Nieto, a quien primero designó como Secretario de Administración del gobierno mexiquense, después como coordinador de los diputados locales del PRI y luego como su sucesor (y ahora duerme en Los Pinos). El defeño Jorge Jiménez Cantú y los toluqueños Ignacio Pichardo Pagaza  y Emilio Chuayffer Chemor, también gobernaron a EDOMEX. Ellos también  emanaron del Grupo Atlacomulco. Ahora, esa cofradía se siente satisfecha porque  al fin uno de sus miembros, Enrique Peña Nieto, alcanzó la cúspide del poder como presidente de la República.

LA PARENTELA DE EPN.- Severiano Peña, su ascentro, porfirista de corazón, fue presidente municipal durante 4 períodos: 1914, 1916, 1921 y 1923. Enrique Peña del Mazo,  padre de  Enrique Peña Nieto,  fue pariente del gobernador  Alfredo del Mazo González. María del Perpetuo Socorro Ofelia Nieto Sánchez,  fue hija de Constantino Enrique Nieto Montiel,  familiar del desprestigiado  Arturo Montiel Rojas.

EL PODER ATRÁS EL TRONO.- En realidad quien ostentará el poder tras el delfín llamado Enrique Peña Nieto, no será precisamente  el Grupo Atlacomulco, pues escondidos bajo esas siglas se encuentran agazapados   Carlos Salinas de Gortari, Emilio Azcarraga, Elba Esther Gordillo Morales (a la que después traicionaron sin tocar su dinero en el extranjero. Su error: haber traicionado a Roberto Madrazo), Carlos Romero Deschamps, Humberto Moreira Valdés, Miguel Alemán Velasco, el Grupo  Televisa, Jesús Murillo Karam, Luis Videgaray Caso, Luis Miranda Nava, Enrique Martínez y Martínez y David López Gutiérrez, entre otros nefastos políticos de corte nacional y perfectamente conocidos por el pueblo.

PRESENCIA EN TABASCO.- Atlacomulco extendió sus redes a varias partes del país. Aquí en Tabasco se adhirieron como sus miembros prominentes el ex gobernador Mario Trujillo García, el ex presidente municipal de Centro, Gustavo Rosario Torres, Juan Molina Becerra, Máximo Evia Ramírez, Humberto Mayans Canabal, Freddy Chablé Torrano,  Juan José Rodríguez Prats y otros más que escapan a nuestra memoria.
Presidente de la Asociación de Abogados Progresistas, A. C.
*proabogados@hotmail.com