EL GRAN HERMANO DE PICO DE ORIZABA

Por Everardo Monroy Caracas

74269_mujerEn la casa de Pico de Orizaba vivían Sofía Acosta, dos hijos casados y tres nietos. Su nuera e hija estaban embarazadas y al lado de su respectiva prole compartían la casa grande y dos pequeños departamentos de una habitación alfombrada y un baño perfectamente equipado y limpio. La cocina integral, fregadero, mesa y cama estaban en la habitación y el clóset empotrado en uno de los muros.

Nada parecía faltar.

Viviano Ceruche era la pareja sentimental de Sofía, pero no el padre de sus hijos y, por lo mismo, el menos indicado para disponer o decidir el futuro de los Acosta.

Viviano simplemente se adaptaba a la rutina y obedecía sin chistar, de querer continuar una relación marcada por el matriarcado. Su cuerpo de leñador y sus gruesos espejuelos bifocales lo semejaban a un predicador mormón, algo doblegado por los excesos de trabajo en un hospital público.

Sofía lo obligaba a combatir las canas con tintes oscuros o grises y la abulia o tristeza con la ayuda del Viagra y la Biblia.

La construcción de doscientos metros cuadrados fue dividida en dos secciones: la casa principal al frente, con un ventanal encortinado a la calle, y dos departamentos en el traspatio, uno sobre otro, sin áreas verdes.

Sofía optó por instalar tres medidores de agua potable, tres de gas natural y tres de energía eléctrica para evitarse problemas domésticos. Estaba al pendiente de todo y exigía pulcritud, pago puntual de los servicios y obediencia plena.

Sofía y Viviano decidieron vivir en el departamento de la planta alta al que se llegaba por una escalinata de cemento y pasamanos metálicos.

Nada escapaba a su vista y oídos.

Mañana, tarde y noche discutían por cualquier pretexto y en ciertas temporadas optaban por perder la comunicación y aislarse.

El tema recurrente de la familia era un programa de televisión: Big Brother Vip, difundido las veinticuatro horas del día. Diez y siete personajes del espectáculo y la política, esbeltos y musculosos, habían sido encerrados en una casa rodeada por una barda de altos muros, dos recámaras y un diminuto baño con sanitario y regadera.

La televisora había instalado cincuenta cámaras de video para vigilar permanentemente a sus moradores.

Ninguno de ellos podía tener contacto con el exterior y los condenaron a convivir en ese bunker durante seis meses, sin libros, periódicos, radio y televisor.

Cada miércoles y domingos, dos de los inquilinos eran echados del inmueble si los televidentes, a través de llamadas telefónicas, así lo decidían: expulsión obligada o continuar en el juego. Big Brother emocionada a los Acosta y les permitía interrelacionarse y comentar sobre el desenlace de sus preferidos.

Golondrina no sale, tiene mucho público, a pesar de ser transexual—pronosticaba Soledad, la nuera.

—Lo dudo, cae mal por patana y malhablada o gordo, porque tiene más facha de afeminado —aseguraba Emeterio, el primogénito de Sofía y esposo de Soledad.

—Henrrichito se queda, es noble y siempre busca ayudar a sus compañeros. Sin él se perdería la gracia en la casa de Big Brother. Le pone pimienta al asunto —opinaba Cleotilde, la hija de Sofía y esposa de Gregorio, repartidor de productos lácteos.

—Lo que a Golondrina le falta es una buena agasajada del diputado Colunga. Anda que se le queman las habas al cabrón —suponía Gregorio sin dejar de rascarse la hinchada barriga.

Sus eructos permitían dilucidar el menú de la cena preparada por Cleotilde.

—Déjense de pendejadas, el favorito es el senador Osuna. Nunca pierde las formas, es un hombre culto y muy caballeroso… —afirmaba Sofía.

La opinión de Sofía cortaba de tajo la comunicación. Los otros miembros del clan preferían concentrarse en lo que ocurría en “la casa más importante de México”, como repetían los promocionales.

Los hijos de Gregorio y Cleotilde correteaban por el patio y Goyito, no dejaba de gritar que el “bueno” era el senador Osuna y que ganaría el millón de pesos al término del encierro en la casa de Big Brother.

Dos meses atrás, Sofía festejó el aniversario número seis años de su nieto consentido: Goyito. De regalo le compró una pijama fosforescente, similar a la que utilizaba el senador Osuna para dormir.

Osuna le provocaba orgasmos involuntarios a Sofía sin importarle que Viviano maniobrara con toda su enjundia en las cuestiones de la cama.

Ya para entonces, Sofía desconocía que sus descendientes y Viviano, cansados de sus abusos y berrinches, decidieron sedarla, practicarle una lobotomía cerebral –Viviano era enfermero—y así mantenerla viva, como una Lupinus microphyllus de los páramos bolivianos, mientras ellos, sus descendientes y ascendentes, continuarían atados en la casa de Pico de Orizaba.

Todos, hasta los niños, juraron ser una hermandad similar a los inquilinos de Big Brother

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s