HACIA LAS ISLAS MARIAS/IX y X (Final)

Por José Revueltas IX. Fidelidad Hablaba con el mayor una mujer con una niña. Movía las manos y argumentaba quién sabe qué cuestiones. Después, desde la oficina donde se encontraba, señaló a un recluso: —Ése es, señor… El colono de que se trataba volvió el rostro. Se puso cenizo, sorprendido. —¿No te dije que no vinieras? —y la mirada cariñosa se clavaba en las dos … Continúa leyendo HACIA LAS ISLAS MARIAS/IX y X (Final)

HACIA LAS ISLAS MARIAS/VIII

Por José Revueltas VIII. Gazul Me simpatizó desde el primer momento. Alegre, vivo, tierno. Estaba, cuando lo conocí, bajo un corpulento árbol de tamarindo. Dormía a pierna suelta, metida la cabeza entre las piernas. No hubiera querido hacerlo, pero fue una cosa involuntaria y accidental. De todas maneras sirvió de pretexto para conocerlo más a fondo, verlo moverse y que me llamara la atención. La … Continúa leyendo HACIA LAS ISLAS MARIAS/VIII

HACIA LAS ISLAS MARIAS/IV,V, VI y VII

IV. ¿A dónde? Por el contrario de la generalidad de los agentes de la Reservada, estos otros no portaban el acostumbrado sombrero tejano, los grandes pistolones amenazadores, los zapatos militares y amarillos de una pieza, ni los bigotes mosqueteriles y retadores. Tenían un sencillo aspecto casi bondadoso. El jefe del grupo —ellos eran tres—, vistiendo pantalón de montar de kaki, saracof y un libro bajo … Continúa leyendo HACIA LAS ISLAS MARIAS/IV,V, VI y VII

HACIAS LAS ISLAS MARIAS/III

Por José Revueltas III. La fuga ¡Qué indescriptible sensación tan especial aquella madrugada, camino de Ciudad Victoria! Aquellos hombres que nos custodiaban, el coche descompuesto detenido a media carretera, nosotros recostados en la grama mojada de rocío, las manos aprisionadas entre las esposas. Esa instantánea rápida —impresión cerebral de un momento— desaparecería después, olvidada con cien, doscientos, mil acontecimientos que se amontonarían posteriormente en el … Continúa leyendo HACIAS LAS ISLAS MARIAS/III

HACIA LAS ISLAS MARIAS/II

Por José Revueltas II. Ayer y hoy Cosa rara en cualquier cárcel —no se piense que voy a decir nada subversivo—, en ésta, recién inaugurada, se tenía a primera vista una sensación de limpieza, sensación que se unía inmediatamente a la de frío, el cual se antojaba duro e inclemente en los calabozos subterráneos. Diremos, sin pretender ocasionar sorpresa alguna, que las paredes no ostentaban … Continúa leyendo HACIA LAS ISLAS MARIAS/II

HACIA LAS ISLAS MARIAS/I

Por José Revueltas* I. Primavera Pude leer versos de Juan Ramón Jiménez. Después de alimentarme con recortes de periódicos encontrados al acaso, y letreros, por lo regular obscenos, de las paredes de mi celda —¡pobre biblioteca la mía!—, vino este don Juan Ramón, de noble estirpe, como un oasis en el desierto de mi falta de lectura. Y era que una tal revista, quizá hasta … Continúa leyendo HACIA LAS ISLAS MARIAS/I

MORIR EN MONTREAL/III (1)

1 El policía güero me apuntó con su revólver a la cabeza y ordenó: –¡Agenouillez-vous et de mettre ses mains derrière sa tête! Yo vestía un pantalón de piyama abierto de la entrepierna y un deshilachado suéter de lana, por ser días invernales, y cargaba un plato con trozos de queso parmesano y rodelas de salchicha de pavo. Para obedecer tuve que depositar la comida … Continúa leyendo MORIR EN MONTREAL/III (1)

MORIR EN MONTREAL/II (18)

Por Everardo Monroy Caracas 18 El barullo exterior superó en eficacia al despertador del Dollarama*. La consciencia arribó en un horario indeciso y con la almohada babeada y oliendo a borracho. La urgencia de orinar recuperó mi alma perdida en la oscuridad arcana y me permitió captar algunas frases sueltas de Guito Baldan. —…rarement… en deux jours… c’est vrei…ne manqué pas de transport… Maldije. En … Continúa leyendo MORIR EN MONTREAL/II (18)

MORIR EN MONTREAL/II (17)

Por Everardo Monroy Caracas 17 Las apariencias engañan, es posible. Sin embargo, la belleza femenina es un prototipo heredado al que nos ceñimos. La estética sin ética, impone sus reglas y las mujeres atractivas deben semejarse a actrices hollywoodenses o modelos de pasarela muy delgadas, rubias y con pechos pequeños, como duraznos silvestres. En Centroamérica, e incluyo los trescientos treinta y siete municipios guatemaltecos, la … Continúa leyendo MORIR EN MONTREAL/II (17)