SABES A MI MUNDO

Por Everardo Monroy Caracas

tumblr_mb6ge8REli1re6zzpo1_1280Desde mi cama te veo, encorvado en el escritorio y de espaldas al pequeño librero de metal que recogiste en una de las calles céntricas, y donde aun conservas algunos libros de marxismo. Te has alejado de los Escritos sobre la cuestión femenina de Trotsky por leer el estado de cuentas bancario y comprobar que el adeudo de la hipoteca se agiganta y nos despoja cada mes del sesenta por ciento del dinero obtenido en nuestras largas jornadas de trabajo.
Has consumido dos botellas de vino y después de consultar el libro contable, optas por permanecer en el escritorio, sumando y restando para no perder el control de nuestros ingresos. Los cuarenta y tres mil dólares obtenidos en un año de esclavitud laboral terminaron en el banco y difícilmente pagaremos el departamento en el 2025, como lo planeamos. La juventud nos ha abandonado y entró la tristeza a nuestros corazones, como una enfermedad viral.
–Debes descansar –te pido con voz trémula y aun con la cabeza enfebrecida sobre el almohadón.
–Algo no cuadra –respondes, sin intentar ubicarme con la mirada–. No quiero despedir el año sin conocer con exactitud el tamaño de nuestra deuda…
–Lo importante es tu salud, los banqueros no son nuestros verdugos… –intento alejarte de tus obsesiones y rencores–. Perder el departamento no significa fracaso, sino libertad. No podemos seguir con esto, por favor. Ya estamos cansados…
Es entonces que levantas tu testa de anarquista y enciendes la lámpara para confrontar, ante la luz de la verdad, mis tesis derrotistas. Tus ojos brillan tras las gafas bifocales y tu rostro angular, enmarcado de un pelo grisáceo, impone su fuerza expresiva, de iluminado. Es el mismo semblante que descubrí durante nuestro primer encuentro en el campus universitario de Caracas, después de protestar por el asesinato del profesor Artiaga. No te intimidó estar frente a los militares de la Cuarta República que amenazaban con dispararnos si continuábamos con la marcha.
–Declararnos en quiebra –insistes–, es como darles la razón a esos desgraciados codiciosos. Tenemos veinte años pagando el departamento y es nuestro.
–Pero hemos perdido nuestra tranquilidad, entiéndelo… Hoy es 31 de diciembre y estoy enferma, sin poder salir para despedir el año en algún restaurante latino, como siempre lo hacíamos… Hemos perdido hasta nuestra capacidad de reír…
–Tenemos que luchar –reviras y tus ojos emiten destellos de furia–, no darnos por vencido. En cinco años podremos vender el departamento y obtener unos cien mil dólares de ganancia…
–Quiroga, los intereses bancarios nos ahogan. Solo en este año, el dólar canadiense se ha depreciado en un treinta por ciento ante la divisa gringa y nuestro adeudo se ha incrementado. Es la tercera vez que renegociamos la hipoteca y lo único que logramos es alargar el tiempo para finiquitar el adeudo. No podemos seguir limpiando pisos catorce horas diarias, compréndelo…
No respondes. Te has quedado mudo y optas por apagar la lámpara y regresar a las penumbras. 2016 estaba por aparecer con su talegón de recibos de cobranza y poco podía hacer ante los sinsabores del reumatismo y la persistente tos de tuberculosa que optó por envenenar mi sangre y amarrarme a la cama. Empezaste a sollozar y te maldije…

Link para leer el libro Los Quirroga y otros relatos: Los Quiroga y otros relatos1

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