LOS ENCONOS DE LA VIRGINIDAD

Por Everardo Monroy Caracas

retratos-artisticos-mujeres-perfil-pintadas-al-oleo–Vente lepa, te voy a enseñar a disparar –me dijo y le creí.
Llevaba su quepí puesto y su camisola chaudron con su barra dorada en cada hombrera. La escuadra calibre 45 colgaba en su cadera derecha, dentro de una cartuchera negra.
No le temía porque era el semental y protector de mi madre y el que daba dinero para alimentarnos. Salía y entraba al jacalón, como en su casa, pero nunca pernoctaba con nosotros, porque odiaba la pobreza. Por su intervención ante el inspector escolar, acudíamos al colegio de cuatro aulas de la ranchería y los hombres de don Candelario nos respetaban.
–Aún es muy chamaca –le recordó mi madre sin ni siquiera levantar la mirada mientras echaba tortillas en el anafre de carbón.
–Aquí a los trece años las lepas maduran y además, mírala, si ya es toda una mujercita…
Y no mentía. Mi cuerpo empezó a escandalizarme porque los pechos dejaron de ser planos, al igual que mis nalgas. Todo cambió y tan fue así que empecé a notar los tratos y las insinuaciones de los parroquianos y hasta de los maestros.
–Aguanta a que vengan Leopoldo o Albino, los mandé por agua y un poco de leña…
–Déjame entrenarla pa’que se defienda de los malandros que por acá abundan mucho –insistió mi padrastro, aun en botas y uniforme militar.
Mi madre tuvo que ceder, aunque estaba consciente de lo que ocurriría. Así que me trepé a la pick up, toda polvosa, y nos dirigimos a los desfiladeros de La Parrilla donde en algunas ocasiones los soldados y policías municipales practicaban el tiro al blanco. La arboleda era escaza y solo roca caliza y yerbas de erial pululaban por esos parajes.
El abuso sexual fue salvaje y en el interior de la camioneta. Su enorme verga me hizo sangrar por la entrepierna y todo mi cuerpo se llenó de verdugones. Le supliqué que ya no me lastimara, pero sus urgencias de bestia en brama le taponearon los oídos y su entendimiento. Después de rasgarme el himen y ensalivarme el rostro y los pechos, me advirtió que mataria a mis hermanos si denunciaba lo ocurrido.
Nuestro regreso fue durante la noche, después de diez horas de ausencia. Mis tres hermanos dormían, mientras mi madre desgranaba mazorcas en el solar, aluzada únicamente por el resplandor de la luna y las estrellas. No hubo cuestionamientos ni enconos, porque en San José de la Parrilla y sus alrededores las mujeres normalmente eran secuestradas y violadas por los narcotraficantes, jefes policiacos, hacendados y oficiales del ejército, acantonados en Nombre de Dios y sus alrededores. Solo algunas lograban contar con la bendición del sacerdote o la autorización legal de un juez de paz.
–Dale gracias a la virgen de Guadalupe que sobreviviste, m’ija –murmuró mi madre mientras me abrazaba sobre su regazo.
En ese paraje desolado, rodeado por un achaparrado tecorral que rodeaba nuestra casucha de troncos y barro, no dejé de llorar y maldecir mi condición de mujer. Nada podría hacerse para que mi violador recibiera algún castigo, porque en Durango la impunidad era una norma y la ley del más fuerte predominaba. Carrizales tenía bajo su mando un destacamento militar y contaba con la aquiescencia de los ricos ganaderos y del principal productor de marihuana y amapola de la sierra duranguense, don Candelario Guerrero. De ahí que mi madre me recomendara callar, seguir en la escuela y un poco más adelante irme a vivir con unos parientes de mi padre a la ciudad de México. Mientras llegara ese momento, tendría que convertirme en la amante de mi padrastro, en contra de mi voluntad y con la anuencia de Serela, a la que jamás volví a decirle madre.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s