EL FLORETE DEL CAMPEÓN

Por Everardo Monroy Caracas

ramonfonst_cubahoraDesde la colina arrasada por los aguaceros de  septiembre, podía divisarse una llanura brillante con algunos caseríos dispersos y manchones de quebrachos y guayacanes, arremolinados en los traspatios y parcelas. El puente del rio Akaray había quedado atrás con sus doce pilarones verdosos que enlazaban el lodoso camino de Asunción con Itarkyry y la supercarretera Itaipu que los conduciría al puerto de Foz de Iguazú, a donde se dirigían los Solano. No era un día fácilmente transitable por los excesos de humedad y lo solitario del paraje. Aun así, debían llegar a su destino ante el urgente requerimiento de salvarle la vida a Julio César Franco por indicaciones del párroco y el intendente de Toledo Caaguazú, Nicanor Rojas.

El forastero logró sobrevivir en los dos enfrentamientos a cuchilladas y sus perseguidores tuvieron que desistir en sus criminales intenciones al refugiarse Franco en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen y demandar ayuda. La segunda agresión sucedió en Vaquería, pero el origen del conflicto tuvo lugar en Asunción y estaba relacionado a un hecho político de gran envergadura: el intento de asesinato del presidente de la república.

Tal hecho lo reveló el maltrecho deportista universitario e insistió en su inocencia. Franco responsabilizó de lo ocurrido a las Fuerzas Armadas del Paraguay.

El padre Francisco Molina sobrepuso sus temores y les dijo a los dos humbre que se identificaron como guardias nacionales y llevaban la consigna de rematar a Franco que primero pasaban por su cadáver antes de presenciar una ejecución en suelo sagrado y frente a la Virgen del Carmen, santa patrona de Toledo Caaguazú. Los feligreses presentes en la ceremonia del rosario, todos guaraníes, formaron un gran círculo en torno al párroco y el herido.  Tres de ellos eran policías comunitarios y portaban viejos fusiles máuser. Ellos lograron sacar a Franco por los túneles del curato.

–No creo que lleguemos a tiempo, este cristiano se desangra y se pone muy blanco –les advirtió Roque a sus dos hermanos que ocupaban el asiento delantero de la Van–. ¡Maena poco!, es mejor quedarnos en Itarkyry y dejarlo en la Intendencia para que lo atiendan.  Es mi creencia…

Hermes Solano, quien conducía la camioneta, lo contuvo:

–Sos no creas nada hermano y cumplamos las recomendaciones del padre Molina. Primero dejarnos matar que entregar a este hombre a las fuerzas castrenses, porque merece ser juzgado por una autoridad civil, aunque no sea del Paraguay.  En  Foz de Iguazú podrá ser protegido por los brasileños y que sus autoridades determinen si vos es culpable o inocente…

El benjamín de los Solano, Washington Credo, prefirió desatenderse de la conversación y enfocar sus instintos en la vigilancia. El oxidado máuser 7.62 milímetros le quemaba las manos. Llevaban dos horas de trayecto y faltaba un tanto igual para alcanzar su objetivo. Sabían que los militares iban tras la cabeza de Franco y de alcanzarlos, ellos también pagarían las consecuencias.  El herido iba descamisado y con gruesas vendas empapadas de sangre en el torso y abdomen. Desconocían la profundidad de las lesiones y de acuerdo a lo dicho por el intendente Rojas, los puñales no habían perforado el hígado o algún órgano vital porque no sangraba por la boca, oídos y nariz.  Posiblemente sobreviviría si llegaban a un puesto de socorro seguro antes del amanecer.

La noticia del atentado al presidente Macchi no había trascendido y lo único que se hablaba en Toledo era lo mismo que repitió el herido ante el sacerdote y los feligreses.

Mboré, yo solo vi que arriaban la bandera frente al Palacio de López cuando alguien hizo varios disparos… y el presidente cayó de espaldas sin que sus guardias lograran hacer algo… Yo estaba entre el grupo de deportistas y militares que acudimos a la ceremonia… cuando un oficial me metió una pistola en la axila y empezó a gritar que yo había hecho los disparos… Un coronel ordenó que no me mataran y tuve que defenderme con mi florete cuando uno de los uniformados empezó a lesionarme con una bayoneta… Yo no soy un chalai o un caballo loco, pertenezco al equipo de esgrima de la  Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción…

También se enteraron de su huida por el parque De los Desaparecidos y la bahía de Asunción. En el atracadero de las Aduanas y Puertos robó una lancha rápida para llegar a la avenida General José Gervasio Artigas, donde fue auxiliado por unos campesinos de Vaquería a quienes les dijo que fue asaltado. En su camioneta de redilas cargada de cerdos, pudo superar el peligro y trecientos kilómetros más adelante ser abandonado a la orilla de la carretera 13, precisamente en una de las entradas de la avenida San Blas. Sin embargo, en Vaquería lo aguardaba un guardia municipal para asesinarlo.

Pos este bobo es un gato montuno, ¡japirona!  y estoy seguro que la libra –sentenció el carichueco intendente  Rojas, sorprendido por lo que escuchaba.

De Vaquería a Toledo Caaguazú caminó desangrándose veintisiete kilómetros dejando a sus espaldas un cadáver con una fina perforación en el pectoral izquierdo.

Lo único que nunca abandonó en su huida fue su florete que le perteneció al campeón olímpico de esgrima y de origen cubano, Ramón Fonst Segundo. El rector de la universidad se lo había regalado y Hermes Solano prefirió arrojarlo al rio Akaray para evitarse problemas en caso de ser detenidos por la policía nacional o el ejército paraguayo.

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