¿A QUIÉN PUEDE INTERESARLE?

Por Everardo Monroy Caracas

Frio-Montreal-InviernoCada amanecer tiene su tarde y por ser viernes, su noche de fiesta.

¿A quién puede interesarle?

Es posible que la ciudad viva su instante de alucine y los once o doce grados centígrados repartan verdor entre los arces y jardines frontales de cada vivienda. Desde el jueves los canadienses tienen derecho a ser asistidos por un médico si buscan suicidarse. Los legisladores y magistrados decidieron empalmar su ley de la eutanasia con la ya aprobada por los quebequenses.

Morir en santa paz y sin dolor.

La primavera no siempre trae vida. Los hospitales y velatorios seguirán siendo recintos del blanco, azul turquesa y negro.

Los espacios del ruido se reducen y hay desenfado, prisa y silencio en las calles y bulevares.

Cada mortal con ideas anhela no dormir y deambular bajo los infiernos del insomnio. Ha rehusado al sueño aletargante y opta por hablar con las paredes de su habitación y transmutarse en un ser virtual ciego y cojo. Es un personaje atrapado en el monitor con una historia ambientada en el siglo XIX y donde el amor permite sobreponer la cobardía o miedo. Jane Hammond la llaman y es víctima de una despiadada persecución por amar al hombre equivocado.

Mientras los revólveres Smith & Wesson están prestos para sembrar cadáveres, un hombre semicalvo, consumido por el whisky y las pasiones, discute por teléfono y amenaza con suicidarse. La depresión y las deudas bancarias lo han enloquecido y busca responsables.  Es el drama de cada vecino en un barrio donde aparentemente no pasa nada, porque cada casa estilo victoriano o departamento es una celda aislada y sus moradores, simples prisioneros del dinero.

Todo es tan simple que el cliqueo de un ordenador puede transportar los horrores de un punto cardinal a otro. Únicamente los esquimales inuits pueden compartir sus mujeres sin ofenderse. Lo amigable empieza y termina con una risa y siempre es relacionada a los placeres del cuerpo. Los leones marinos o focas no tienen el mismo valor que el oso y los zorros. Tampoco el fuego es un dador de nutrientes porque la carne animal tiene mejor proteína si es cruda. El fuego es para no morir de frio. Las familias del Yukón y la Antártica lo saben y ni los rusos, canadienses o gringos modificarán sus normas de convivencia.

Es un día festivo y de consumo obligado. Los miserables no pierden el tiempo en las estaciones del Metro o en los frontispicios de los centros comerciales. Los templos religiosos perdieron su rentabilidad. Esa costumbre llegó a su fin, porque a las iglesias acuden los que sufren y tienen deudas bancarias. No son negocio.

 Una niña con caperuza azul íñigo y zapatitos blancos le dice a su madre que los sans abrí tienen derecho a comer. La mujer le pide que los llame homeless y asegura que los pordioseros no merecen vivir, porque son improductivos. Anne y Guy protestan. Los dos fueron combatientes en Afganistán, donde recibieron metralla y morfina a nombre de la libertad.

“Dales algo, mamá”, insiste.

Y como no hay una respuesta favorable de la atractiva mujer de ojos azules, la niña opta por desprenderse de su caperuza y regalársela a Guy, que es blanco.

La calle Diderot apesta a tierra podrida ante la ausencia de nieve. La niña y su madre continúan su marcha y Guy, a su vez, le cede la caperuza a su pareja, que es negra.

En el monitor la venganza se ha consumado. Jane Hammond hace una demostración de poder y mata al malhechor principal, John Bishop,  el promotor de su viudez y quien prostituyó a su hija adolescente. Es el año de 1866 y Nuevo México está en sus albores. La heroína recupera su pasado al cobrar la recompensa por ejecutar a los Bishop Boys y proseguir su vida al lado de otro hombre y sus dos hijas ataviadas de faldones con olanes y caperuzas.

Una historia sobre otra y el vecino de al lado arroja saliva al discutir y su botella de whisky casi se derrama.

En el departamento superior hay un  ritual de Vudú y la familia haitiana convoca a los profetas de la Muerte para que los banqueros enfermen de generosidad y se olviden de sus deudas.  El pago mensual de la hipoteca los estresa y deprime.

¿A quién puede interesarle su cotidiana tragedia?

Es viernes 15 de abril y la isla se pinta de colores vivos. Pocos nos atrevemos a levantar la vista y descubrir el paso de las nubes sobre un fondo azul cielo. Nos tienen sujetados en la oscuridad interior y los monitores… Ya hay una ley para obtener una muerte feliz…

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