EL OFICIO DE BUSCAR CADÁVERES (Reportaje completo)

Por Gloria Leticia Diaz/Proceso

PROCESO-2059-193x250AMATLÁN, VER.- La llegada de la Primera Brigada Nacional de Búsqueda de Personas causó conmoción en el municipio de Ama-tlán de los Reyes, en Veracruz. Sus integrantes son rastreadores de pistas con años de experiencia en la localización de personas y fosas clandestinas, que acudieron a compartir sus experiencias y conocimientos con los veracruzanos que sufren del mismo dolor. Los une una certeza: que la autoridad no va a hacer nada por ellos.

No hay obstácu­los que Simón Carranza no pueda superar en la búsqueda de desaparecidos. Camina entre huizaches y cañaverales observando con detenimiento el terreno; trepa cerros pedregosos, desciende a pozos tapados con basura; “vuela” sobre el caudaloso río Blanco, amarrado por la cintura con una cuerda de nylon para otear entre una presa de troncos; e incluso se mete a escarbar una fosa de al menos cinco metros de profundidad.

Nada parece detener a este cincuentón bajito, delgado y correoso, quien no tiene familiares desaparecidos pero se convirtió en una pieza fundamental en el arduo trabajo de localizar fosas clandestinas.

En Guerrero descubrió 60 cuerpos enterrados. Es tan eficiente en la ubicación de fosas que él y Mario Vergara, integrante de la organización Los Otros Desaparecidos de Iguala, han sido contratados por la Procuraduría General de la República (PGR).

“En Delicias encontramos una fosa con 80 cuerpos. Para hacer eso usaron máquinas. Esa gente no tiene madre: si ya los mataron para qué los entierran”, dice Simón, albañil cuando no busca entierros.

Amenazado por Guerreros Unidos, Carranza tuvo que huir de su pueblo en Cocula para continuar con la tarea. Y ésta lo trajo a Veracruz. “Se siente bien el agradecimiento que muestra la gente cuando encontramos un cuerpo, es mejor que ganarte cien pesos”, dice el rastreador, quien decidió compartir sus conocimientos con las familias veracruzanas interesadas en aprender su técnica.

“Yo no confío en la varilla (que se introduce en la tierra para oler la punta); hay cuerpos que ya no huelen porque han pasado mucho tiempo enterrados. Lo mejor es observar: cuando se abre una fosa, tierra de abajo queda encima, en los borditos, y es de otro color. Así he sacado cuerpos con cuatro años de muertos.”

El sábado 9 de abril Carranza llegó a Veracruz como parte de la Primera Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, encabezada por la Red de Enlaces Nacionales, en la que participan integrantes de colectivos de Guerrero, Sinaloa y Coahuila afiliados a esa red y que ante la indolencia gubernamental decidieron buscar a sus seres queridos.

“Esta iniciativa es una muestra del fracaso de las instituciones, porque los familiares de desaparecidos no tenemos garantías ni el derecho a la verdad ni a la justicia ni a la memoria; nos queda claro que si no buscamos nosotros nadie lo va a hacer”, reflexiona Juan Carlos Trujillo Herrera, coordinador de la Red de Enlaces Nacionales, entrevistado en el trayecto de la Ciudad de México a Amatlán.

Con cuatro hermanos víctimas de de­saparición forzada –dos en 2008 por hechos atribuidos a policías ministeriales de Guerrero y dos en 2010 por policías intermunicipales en Poza Rica, Veracruz–, Trujillo advierte que la movilización ni siquiera es para exigir justicia: “Sabemos que nunca va a llegar en este país. Las autoridades no buscan a los culpables porque se van a encontrar a ellas mismas. No hay voluntad política, no hay respuesta para nosotros”.

Como miles de familiares de desaparecidos, Trujillo Herrera transitó por oficinas de procuradurías estatal y federal; acompañaba a su madre, María Herrera, cuando ella increpó a Felipe Calderón en 2011, y desde entonces forma parte también del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

“Lo único que queremos es tocar los corazones de quienes tengan información de dónde se encuentran algunos de los corazones que dejaron de latir para que descansen sus familias”, apunta Trujillo Herrera, quien comparte con su madre medidas cautelares porque fueron amenazados.

La Brigada Nacional fue planeada por la Red de Enlaces Nacionales en agosto del año pasado a fin de reproducir las “buenas prácticas de algunos colectivos de familiares en la búsqueda ciudadana”.

En Amatlán los brigadistas fueron recibidos por el párroco Julián Verónica Fernández, responsable diocesano y provincial de la Pastoral Social y de Migrantes. Su feligresía garantiza el hospedaje y la alimentación de los integrantes del movimiento que permanecerán ahí hasta el viernes 22.

Verónica Fernández ha visto con alarma las desapariciones de migrantes centroamericanos, y señala que desde hace cinco años esa tragedia se hizo extensiva a los veracruzanos:

“La desaparición de jóvenes en Tierra Blanca (en enero pasado) destapó algo que viene de tiempo atrás. Es una situación lamentable, ha tocado a la zona sur del estado. En Coatzacoalcos, por ejemplo, nos han dicho que hay quienes han ido a buscar entre la arena, en las dunas, y han encontrado hermanos ahí.

“En Xalapa, Córdoba y Orizaba hay muchos chavos desaparecidos y se han encontrado fosas. Hace como dos semanas encontraron una cerca de Ciudad Mendoza, otra cerca del aeropuerto, que está llegando a Xalapa, (y otras más en) El Lencero y Paso del Macho, que son las que se han dado a conocer oficialmente”, apunta el sacerdote, quien ha sido amenazado por su apoyo en defensa del territorio.

Hace un año, Verónica fue visitado por el sacerdote de Acapulco Jesús Mendoza, de la Pastoral del Consuelo, para capacitar a la parroquia de Los Santos Reyes de Amatlán en el “acompañamiento con las comunidades, ya no a personas sino a grupos que están buscando a sus desaparecidos”. De ahí que, con la aprobación del obispo de Córdoba, Eduardo Patiño Leal, el sacerdote decidió apoyar sin reservas el proyecto de la Red de Enlaces Nacionales.

“Ha sido muy duro, muy desgarrador y muy fuerte encontrar a hermanos de otros lugares y escuchar similares historias, pero con un plus: ellos ya no se quedaron quietos, no se han quedado callados y, a pesar de que han perdido un familiar, ahora ellos vienen a enseñar cómo buscar y cómo encontrar verdad, para que a sus familiares, si es que están difuntos, se les pueda dar cristiana sepultura y llorarles y saber dónde están. También es una experiencia muy esperanzadora”, apunta el sacerdote.

El domingo 10, durante las celebraciones religiosas, convocó a los feligreses a escuchar a los miembros de la Red de Enlaces Nacionales, quienes pidieron información sobre posibles fosas clandestinas y propusieron que en lugar de aportar la limosna tradicional las personas anotaran en un papel y de forma anónima los datos que tuvieran.

Tierra de ausentes

En febrero de este año, el corresponsal de Proceso en Veracruz, Noé Zavaleta, informó que para la PGR, esta entidad ocupa el primer lugar en investigaciones federales abiertas por desapariciones, con 183 casos, seguido de Tamaulipas (173) y Guerrero (92).

Según cifras de la Fiscalía General del Estado, en Veracruz se cometen en promedio 44 homicidios al mes. La propia dependencia informó al corresponsal que de 2010 a 2015 abrió 2 mil 68 averiguaciones por desaparición de personas, de las cuales 950 se mantienen vigentes y 700 de éstas corresponden a víctimas de entre 15 y 19 años, en tanto que localizó 119 cuerpos (Proceso 2050).

Zavaleta dio cuenta de que mucho antes de que cinco jovencitos de Tierra Blanca fueran detenidos y desaparecidos por policías municipales el pasado 11 de enero, decenas se encontraban en la misma condición en Xalapa, Puente Nacional, Coatzacoalcos, Minatitlán, Cosoleacaque, Boca del Río, Veracruz, Cosamaloapan, los Tuxtlas, Medellín de Bravo y Tres Valles desde 2011.

El corresponsal ha dado cuenta además de hallazgos de al menos 13 fosas clandestinas con cerca de 150 cuerpos en los municipios de Tres Valles, Manlio Fabio Altamirano, Alvarado, Soledad de Doblado, Veracruz, Acayucan, Perote, Lerdo de Tejada, Cosamaloapan, Emiliano Zapata y Maltrata (Proceso 1959, 1964, 2036 y 2047).

Las desapariciones se han atribuido sobre todo a la guerra entre dos organizaciones delictivas: Los Zetas y el Cártel de Jalisco Nueva Generación, así como a la incursión de una tercera expresión de los desertores de ambos grupos, llamada Zetas Sangre Nueva, aunque también hay señalamientos contra los cuerpos policiacos y las fuerzas armadas.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y el Comité sobre Desaparición Forzada de la ONU (CED), tienen información de al menos 46 víctimas de desaparición forzada.

En algunos de esos delitos participaron efectivos de las secretarías de Marina y la Defensa, como parte de las Fuerzas Tácticas durante el Operativo Veracruz Seguro, como denunciaron en octubre ante la CIDH y el 2 de febrero ante el CED las organizaciones civiles El Solecito de Veracruz, Id(h)eas Litigio Estratégico en Derechos Humanos, la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos y el Instituto Mexicano de Derechos Humanos (Proceso 2050).

Experiencia compartida

La noticia de la presencia de los brigadistas en Amatlán conmocionó a esta región de Veracruz, asegura Araceli Salcedo, líder del Colectivo de Familias de Desaparecidos Orizaba-Córdoba, quien busca a su hija Fernanda Rubí, desaparecida en septiembre de 2012.

“En menos de 24 horas se sumaron 50 casos. Llegó la información a la parroquia de gente que salió de sus casas, donde estaban sumidos en su dolor, porque ya no creemos en las autoridades. Ahorita que llegó la brigada tenemos la fe de que vamos a encontrar, vamos a tener frutos”, apunta.

Salcedo, quien participa en los recorridos resguardada por policías federales porque ha recibido amenazas, advierte que el camino de quienes buscan a los desaparecidos está sembrado de obstáculos: “Son las mismas autoridades las que te dicen ‘si haces desmadre no vas a encontrar a tu hija’, pero callados tampoco tenemos logros y ya son muchos los que esperamos respuesta”.

Araceli confirma que el grueso de los desaparecidos son “todos jovencitos, niñas de entre 15 y 26 años, y muchachos de 14 a 35. No tiene que ver el estatus ni si son buenos o malos: a todos desaparecen”.

Hasta el jueves 14, a partir de comentarios anónimos recibidos durante su estancia en Amatlán, los integrantes de la Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas exploraron cinco puntos. No obtuvieron resultados positivos, sólo indicios de que al menos dos lugares pudieron ser utilizados para ocultar cadáveres: un pozo en la zona conocida como La Pochota y un sector del río Blanco. Éste último lugar lo sobrevolaron con un dron prestado por la Agencia Veracruzana de Comunicación.

Todas esas búsquedas se realizaron sin el apoyo de la Policía Federal, a pesar de que la Red de Enlaces Nacionales solicitó semanas antes su colaboración.

El viernes 15, por una comunicación anónima llegada a la parroquia de Amatlán, la brigada localizó en el municipio de Córdoba 11 “hallazgos” (lugares con restos que pueden ser humanos o no, y pueden ser de una persona o más) con restos calcinados. En esa ocasión los rastreadores estuvieron escoltados por tres policías federales a bordo de una camioneta y la Red de Enlaces Nacionales pidió a las autoridades su intervención para resguardar e identificar los restos.

Al atardecer de ese día, peritos de la Fiscalía estatal arribaron al lugar para iniciar los levantamientos forenses; muy poco más tarde la institución afirmó en un comunicado que los restos encontrados no eran humanos.

Antes de salir al campo, Mario Vergara, quien busca a su hermano Tomás y se ha hecho conocido buscando fosas y además representa a Los Otros Desaparecidos de Iguala, recomienda a la gente de Veracruz que se prepare emocionalmente:

“Es muy duro encontrar restos. En una ocasión subimos al cerro y una compañera reconoció el zapato de su hermano. Nadie quiere encontrar entre la tierra a los suyos, pero llega un momento en que ya no importa cómo los hallemos.”

Julio Sánchez Pasillas, quien busca a su hija Tania desde 2012, se integró hace dos años al Grupo Vida de Torreón,  Coahuila. En entrevista advierte que con cada búsqueda los familiares de desaparecidos desarrollan un proceso interno muy doloroso.

Los primeros dos años buscó a su hija viva. Se movió por el país siguiendo pistas por sí mismo, pues se dio cuenta de la falta de voluntad de las autoridades para hacer su trabajo:

“Se cansa uno de buscar en los escritorios, en los papeles, en los archiveros de las autoridades y ahí nadie va a encontrar lo que busca; ellos desde su escritorio quieren hacer todo, cuando tuve acceso al expediente me di cuenta de que 90% de la información que tenían ellos yo se las proporcioné y la investigué.”

Sánchez Pasillas dejó su empleo para dedicarse por completo a la búsqueda de su hija y de otras personas.

“Al principio me sentía culpable, pero tenemos que reconocer que es una posibilidad que mi hija ya no esté con vida. Ahora estoy convencido de que esta labor no solamente es para encontrar a mi hija, sino que encontrando unos restos humanos existe la posibilidad de que una familia descanse de ese peso, de ese dolor”, dice y agrega que el Grupo Vida ha localizado 50 fosas con huesos calcinados que aún no se identifican.

A los prospectos de buscadores ciudadanos de fosas en Veracruz, Sánchez Pasillas les recomendó identificar fuentes de información, como campesinos o arrieros; verificar físicamente las características de los lugares donde puede haber alguna fosa y solicitar apoyo de corporaciones policiacas para que los protejan.

Por ese proceso doloroso también pasó Alma Rosa Rojo Medina, quien busca a su hermano Miguel Ángel, desaparecido en 2009. Representante de Voces Unidas por la Vida-Sabuesos, de Culiacán, Sinaloa, Rojo Medina y el grupo incursionaron en las búsquedas desde agosto del año pasado, después de integrarse a la Red de Enlaces Nacionales y tomar talleres con Mario Vergara en la Ciudad de México.

Este grupo, al que pertenecía Sandra Luz Hernández (asesinada en mayo de 2014), ha localizado los restos de dos personas. Ellos reciben información confidencial incluso de los responsables de las desapariciones y piden apoyo policiaco para su seguridad.

“Antes de que mataran a Sandra, nuestra lucha era exigir a las autoridades que investigaran, pero no hacen nada. Ya teníamos ubicadas algunas fosas, pero no nos apoyó el gobierno. Después de que fuimos a los talleres con Mario, decidimos ir nosotras a buscar. En nuestro grupo hay 18 familias de 46 desaparecidos, pero en Culiacán hay al menos 500 víctimas. La mayoría son desapariciones forzadas cometidas por la policía ministerial o estatal”, explica Rojo Medina.

Con los conocimientos acumulados, entre ellos el de embadurnar con ajo el calzado para ahuyentar las víboras de los terrenos agrestes, la activista dice que lo más valioso que lleva a los veracruzanos es “una esperanza muy grande para encontrar a sus seres queridos, y para que en un futuro vayan a Sinaloa a buscar a los nuestros”.

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