EL FESTIN DE LOS LOBOS

Por Everardo Monroy Caracas

195923155-luna-menguante-luna-cresciente-nueva-zelandia-cieloLa oscuridad es la negación del color y te libera. Tienes que observar a los doscientos jóvenes esparcidos en el parque Sir Wilfrid Laurier que son indiferentes al cerco de curiosos. La prisa no es un impedimento para allegarse de imágenes festivas o escuchar exclamaciones de júbilo y el descorche de botellas o el encendido de cigarrillos de marihuana.

Los cuatro policías continúan en el interior de las dos patrullas y uno de ellos bebe agua embotellada.

Un sábado fresco, de sol radiante.

Un cocinero angoleño en filipina blanca, detiene su marcha y exclama:

–Este es el gobierno que merecemos. En las marchas estudiantiles, donde ni siquiera participan cincuenta muchachos, la presencia de la policía es apabullante. Llegué a contabilizar hasta quinientos guardianes del orden… Y ahorita que se drogan y emborrachan, solo cuatro policías los vigilan… El mundo de cabeza…

Su acompañante simplemente hace un mohín y escupe muy cerca de la patrulla estacionada en el cruce de las calles Laurier y De Montana.

Hay quienes suponen que la oscuridad existe por la ausencia de luz y pocos lo creen. La piel es un ejemplo tocable de su presencia y en nada puede diferenciarse de las otras tonalidades. Podría afirmarse que el blanco nada representa y hasta aquel aforismo de “tener la mente en blanco” así lo confirma.

Los muchachos beben cerveza y whisky y escuchan música rijosa. Hasta las jeringuillas con heroína y cocaína rolan como cualquier chicle mentolado. Nada falta para huir de la nada y terminar sin ropa en cualquier departamento de la ciudad.

Uno de los policías es negro y tiene sueño. Es el responsable de hacer los reportes por la radio y dar las ordenanzas en el punto de vigilancia.

Tarde de dealers y putas. Prohibido prohibir.

La gente entra y sale de la estación del Metro Laurier y pisa rápido. Les tranquiliza saber que el narcofestín está controlado. De no ser así, el despelote obligaría a interrumpir el tráfico y cerrar los comercios. Aun no oscurece y el parque luce brillante y alegre, como una estampa shakesperiana del medievo y en pleno verano.

Aquello de que los viejos desconfian de los jóvenes por haber sido jóvenes permite horrorizarte de la chica sin playera que exhibe sus senos blancos y duros, de zagala. La autoridad sigue sin inmutarse y unicamente observa.

Retumban los aplausos y algún cantante quebequense se desgañita.  La noche es larga y la luna, menguante. La luz crepuscular se impone, mientras los árboles sin hojas dormitan. La primavera intenta reverdecer y las hormonas sexuales, feromonas y andrógenos, han enloquecido a sus portadores. El ciclo de la concepción universal está a punto de revelarse…

De ahí la cita premonitoria de Juan:

–En el principio era el Verbo… Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad…

Tienes que alejarte y compruebas que alguien cercano a ti está ausente. Temes encontrarlo en aquel aquelarre de alcohol y psicotrópicos. No tienes los suficientes arreos para zambullirte en el bullicio y hurgar los rostros. Tampoco te atreves a demandarle apoyo a los cuatro policías. Hacerlo, piensas, sería como exhibir tus miserias… No es fácil ser negra y asegurar que eres buena madre… No es fácil… y menos en este barrio…

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