NIÑA LUZBEL: LA PUERTA DEL MUNDO

Por Everardo Monroy Caracas

Tomas-Garrido-mediados-Villahermosa-Tabasco_LNCIMA20130825_0037_1“Hay dos maneras prácticas para evadir la incomunicación y suponer que el mundo nos escucha con solo cerrar los ojos: el sueño e internet. El hecho es tan real que asusta porque cada usuario, hombre y mujer, suelta lo que tiene dentro y convierte la palabra escrita en una pintura fresca impregnada de sentimientos, dudas o resentimientos. Del humor a la tragedia, depende de unas cuantas teclas del ordenador…”

Por ejemplo, Luzbel Garrido, sobrina del gobernador de Tabasco nunca creyó ver lo que cien años después era algo posible: estar en una gran ciudad, comprando botas para la nieve y presenciando un encuentro a balazos entre policías y sicarios. Luzbel se lo contó a su madre al despertar y en una comilona de barbacoa, en pleno carnaval de Tenosique, Matilde se lo confió a Tomás Garrido Canabal*.

–Nieve, nieve.. Ay cuñada, dile a Luzbel que la va a conocer y muy pronto… Tengo planes de ir a la capital y me la llevo al Iztaccihuatl.

Y le cumplió:

El 24 de diciembre de 1919, Garrido Canibal tuvo un encuentro con el general Álvaro Obregón en la ciudad de México y se hizo acompañar de su hermano Pio Sexto, Matilde y Luzbel. El gobernador interino no simpatizaba con Venustiano Carranza y se había aliado al grupo de los sonorenses que intentaban tener el control político del país. El jefe guerrillero Emiliano Zapata ya había sido ejecutado nueve meses atrás y el general Francisco Villa entró en negociaciones con el gobierno federal para deponer las armas y retirarse a la hacienda de Canutillo, en Durango. Venustiano Carranza quería imponer como su sucesor en la presidencia de la república a su embajador en Washington, Ignacio Bonillas y eso molestó a los obregonistas, entre ellos a Garrido Canabal, enemigo acérrimo del clero católico.

Luzbel se alegró al saber la noticia de que conocería la nieve, como en sus sueños. Durante su cumpleaños número nueve, Garrido Canabal le había regalado un cerdo blanco al que llamaban “El Papa”. Y siempre que los visitaba preguntaba por el animal y la perra “María”, dálmata que adquirió durante uno de sus frecuentes viajes a San Francisco.  A su primogénito, primo de Luzbel, lo llamó Lenin y además organizó un comando paramilitar, denominado “Camisas rojas”, para perseguir y asesinar a sacerdotes y mayordomos de los templos católicos y fusilar a santos, virgenes y cristos de yeso y madera. El gobernador, adoctrinado con la experiencia bolchevique, suponía que la iglesia católica era la responsable de todos los males sociales y económicos que padecía México. Su misión, y se la hizo saber a sus seguidores, era hacer de la educación laica, pública y gratuita, su bandera de lucha y convertir a los maestros en los verdaderos promotores de ese cambio de mentalidad entre los tabasqueños. Su cruzada antireligiosa duraría casi quince años.

Desde el tren, Luzbel observó al Iztaccihuatl y al Popocatepetl y de boca de Tomás Garrido se enteró de una leyenda indígena relacionada a ambos volcanes. Popocatepetl era un general azteca e Iztaccihuatl, la hija del emperador Tezozomoc. El jefe militar, antes de contraer nupcias con Iztaccihuatl fue comisionado para someter a un dirigente rebelde oaxaqueño y al regresar fue informado de que la princesa se había suicidado al suponer que él había muerto en una de las batallas con los zapotecos. Entonces tomó en sus brazos a la hija de Tezozomoc y a 55 kilómetros de Tenochtitlan (hoy ciudad de México) detuvo su marcha y se quitó la vida. Los dos enamorados se transformaron en volcanes e Iztaccihuatl fue conocida como “La mujer dormida”.

Luzbel lloró esa noche al recordar la tragedia de los enamorados aztecas. Su madre se lo informó a Garrido Canabal y este, a su vez, se lo rebeló, en una de las charlas informales, al general Obregón, quien divertido, le dijo:

–Calan más las historias de amor, que los desencuentros políticos cargados de odio. “El Barbas” (Carranza) ya quiere ser inmortalizado… Apúntate Tomás para que lo cargues…

Luzbel, ya anciana, con más de cien años a cuestas, alcanzó a conocer los ordenadores portátiles y los teléfonos celulares. Desde 1984 había decidido vivir en Montreal y no regresar al México de sus ancestros al suponer que su tío Tomás había sido traicionado por el presidente Lázaro Cárdenas del Rio. Ella estaba segura que el general michoacano fue quien alentó la trifulca de la Plaza de Coyoacan, en febrero de 1934, que provocó el asesinato de una jovencita católica y el linchamiento de un “camisa roja”. Su tío, entonces Ministro de Agricultura y Ganadería tuvo que renunciar y exiliarse en República Dominicana y posteriormente en Costa Rica. Ya enfermo regresó a México en 1940 y tres años después, el 8 de abril de 1943, fallecería en un hospital de Los Ángeles, California.

Exactamente, sesenta y nueve años después del deceso, el domingo 8 de abril de 2012, en su libreta personal, Luzbel escribió con una caligrafía perfecta:

“Hay dos maneras prácticas para evadir la incomunicación y suponer que el mundo nos escucha con solo cerrar los ojos: el sueño e internet. El hecho es tan real que asusta porque cada usuario, hombre y mujer, suelta lo que tiene dentro y convierte la palabra escrita en una pintura fresca impregnada de sentimientos, dudas o resentimientos. Del humor a la tragedia, depende de unas cuantas teclas del ordenador…”

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