YO ESTUVE EN EL SEPELIO DE PEDRO INFANTE…

Por Everardo Monroy Caracas

infante_2Recordar a Pedro Infante Cruz es entender a mi madre. Ella fue una más de las marchistas desvalidas que lo acompañaron, el miércoles 17 de abril de 1957, al panteón jardín de la delegación Álvaro Obregón, de la ciudad de México. Iba en un féretro metálico, después de ser velado toda una noche en el teatro Jorge Negrete. En siete meses cumpliría cuarenta años y había filmado 62  películas (en seis de ellas tuvo una breve aparición) y grabado 310 canciones. Dos días antes, en Mérida, Yucatán, fue consumido por las llamas al desplomarse el avión que pilotea al lado del capitán Víctor Manuel Vidal Lorca y el mecánico Marciano Bautista.

Mi madre me llevaba en brazos, envuelto en un rebozo de hilaza gris. Los mocos me escurrían y constantemente me los embarraba con un paliacate. Ella tuvo la audacia de entrar a una especie de rio humano sin destino seguro. Todo era empujadero y lagrimas. Aun evoco al obispo que iba al frente del féretro, cargado por cuatro hombres de camisa blanca. El representante del Vaticano cubría su enflaquecido cuerpo con una túnica dorada y no soltaba un largo crucifijo de oro.

–Yo conocí  a Trinidad Romero –me dijo recientemente mi madre.

¿Y quien es esa persona?

–Trinidad era la trabajadora domestica de Pedro Infante en Mérida… Fue la última persona que lo vio con vida, porque le dio el desayuno…

Mi madre tiene todos los discos y películas de Pedro Infante. Las dirigidas por Ismael Rodríguez son sus preferidas. Llora cada vez que ve Nosotros los Pobres o Los Tres García. En ambas, Infante es desgarrador al morir su hijo y la abuela.

El 15 de abril, de ese año fatídico, Pedro Infante abandonó su casa a bordo de su motocicleta Harley-Davidson y enfiló al aeropuerto internacional de Mérida. Ahí lo aguardaba su piloto y el mecánico de cabecera. Se citaron a las siete de la mañana para abordar un avión carguero de su empresa Tamsa, el tetramotor XA-KUN. La haría de copiloto. Exactamente a las 7: 30 horas abandonaron el aeropuerto. Tenían planeado llegar a la ciudad de México entre las diez y once de la mañana. Su hermano José lo aguardaría para llevarlo al lado de Irma Dorantes quien estaba molesta porque su matrimonio había sido anulado por la Suprema Corte de Justicia. Su verdadera esposa, María Luisa león logro la anulación del divorcio.

Todos esos detalles los memorizó mi madre y, a la vez, los heredé y seguí ahondando. Mi propósito era recuperar a un Pedro Infante avejentado, vivo y oculto en la selva chiapaneca, como llegó a presumirse.  El tretamotor, modelo Liberator, había caído en plena ciudad de Mérida y Pedro Infante lograba sobrevivir. El fuego lo desfiguró y por vergüenza optó por internarse a una comunidad indígena y ahí aguardar la muerte. Los lugareños, la mayoría lacandones, admiraban su voz y su apego al trabajo. Siempre estaba dispuesto a ayudarlos, sin pedir nada a cambio.

Esta historia, de que Pedro Infante está vivo, únicamente la sabemos mi madre, yo y Pedro Infante. Lo del sepelio en el Panteón Jardín fue una farsa.

EL LIBRO para leer o bajaRLO: si pedro infante

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