DON ANGELINO/IV

Por Everardo Monroy Caracas

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DON ANGELINO

El conductor fue conminado por su patrón a no hacer preguntas incomodas. Don Angelino ya era el gobernador electo de Acarena de Juárez y las broncas preelectorales deberían quedar en el “cofre del olvido”. Antes de entrar al estudio, perfectamente maquillado, don Angelino le pidió a su secretario particular, un modosito ex bailarín de ballet, que convocara a una reunión urgente, esa misma noche, en su finca de “recreo”.

–Y de paso, te traes unas putas para relajarnos un poco después del encuentro…

–¿Puedo llevar a mi chucho, jefe? –se refería a su amante.

–Veremos, veremos…

Roco Salgado, el conductor estelar del noticiero, tuvo que imprimirle velocidad a la esnifada de cocaína, ante los insistentes gritos del floor manager.

–¡En dos minutos empezamos! –gritó tras la puerta del sanitario.

La entrevista, que duró doce minutos y tuvo un costo de quinientos mil pesos, permitió entrever que el nuevo gabinete lo integrarían cuatro empresarios, dos marcotulistas arrepentidos y tres académicos, de militancia fascista, de la Universidad Autónoma de Acarena de Juárez, la UAAJ.

–¿Y quién será el titular de la Secretaria de Seguridad Publica, don Angelino?

–Tengo que consultarlo con el gobierno federal, porque recuerde que en asuntos de seguridad pública debemos coordinarnos los dos niveles de gobierno…

Santiago El Mayor, ya enfebrecido por el aguardiente zacatecano, tuvo que apergollar la entrevista en el sucio televisor de Ezequiel, quien acababa de preparar la segunda parrillada de merluzas y langostinos.

— ¿Y por qué no dice que también tiene que ponerse de acuerdo con los capos de los cárteles de Michoacán y El Pacífico? –cuestionó Santiago El Mayor–. En Acarena de Juárez nada se mueve sin la bendición de los narcotraficantes y los militares…

–Santiago, Santiago, tu siempre viendo moros con tranchetes –dijo Ezequiel, arrastrando sus prietas chancletas “pata de gallo” y cargando una charola cochambrosa y humeante de merluzas ennegrecidas por las brasas–. Don Angelino le dará progreso al estado… Ya gobernó y le trajo paz y orden a Acarena de Juárez…

–No hay árbol bueno que pueda dar fruto malo, ni árbol malo que pueda dar fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto… Y Lucas no se equivocó. Mira Ezequiel, si vuelves tus pasos, descubrirás que hubo sangre, mucha sangre, antes de que tú y los tuyos se acercaran a las urnas a votar… Don Angelino tiene sangre inocente en las manos… ¿Recuerdas aquel funcionario que representaba a don Angelino en la Comisión Estatal Electoral de Acarena de Juárez?

–Claro que lo recuerdo, cómo no… al que golpearon los seguidores de Marco Tulio… –confirmó Ezequiel ya apoltronado en la mecedora de mimbre y con un platón repleto de merluzas asadas sobre su escuálido abdomen.

–Fue el detonante para entender que don Angelino había pactado con el mal, porque no fueron los fieles de Marco Tulio los responsables de ese hecho cobarde, que también quedará impune… El último enemigo en ser destruido será la Muerte, así se lee en Corintios y hay que creerle…

Ezequiel le aumentó el volumen al televisor y entrecerró los ojos antes de liberar un estridente pedo, provocado por el abuso del ajo y el chile chipotle. Lo hizo en los instantes que don Angelino aseguraba que su gobierno tomaría como suyos los planteamientos de “la izquierda democrática” que le ayudó a salir airoso en los comicios.

–¿Va a expropiar latifundios, impedir que se hagan negocios con la educación y la salud; impulsar cooperativas gremiales, incrementar sustancialmente el salario mínimo y congelar los precios de la canasta básica, don Angelino? –cuestionó el conductor, ya achispado por el enervante.

–No, no, amigo Salgado… Vamos a pavimentar más calles, meter agua potable donde no hay y darle todas las facilidades a la inversión privada para generar más empleos… Llevar felicidad a los hogares pobres de Acarena de Juárez…

Ezequiel pensó: “Tengo que estar bien o no recojo mañana los mil pesos con Los Chungos… De algo sirvió el venderle mi voto a don Angelino”.

No le dio importancia a los balbuceos de Santiago El Mayor, inmerso ya en los soponcios del alcoholizado:

–No hagan nada por primera vez, eviten los errores… Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres…

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