LUIS H. ÁLVAREZ, SU TRAICION

Por Luciano Campos Garza/Proceso

PROCESO-2064-191x250MONTERREY, NL.- El dirigente panista Luis H. Álvarez fue un traidor de la democracia, pues en 1989 pactó en secreto un arreglo con el entonces presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, para que se consumara la reforma política que sigue beneficiando al PRI, acusa el expanista Javier Livas Cantú.

Su crítica resuena en medio de las alabanzas generales que en Acción Nacional se dedican al chihuahuense Álvarez, fallecido el miércoles 18, como un demócrata bajo cuyo liderazgo el blanquiazul obtuvo sus primeras gubernaturas: la de Baja California, en 1989, y la de Chihuahua, en 1992.

Para Livas Cantú, Álvarez ignominiosamente legitimó el triunfo fraudulento de Salinas de Gortari en los comicios de 1988 y un año después, como presidente nacional del PAN, permitió que se consumara la reforma política que creó el Instituto Federal Electoral (IFE) con el formato que el régimen quiso.

“Más que el padre de la democracia es el padre de la partidocracia, que nos tiene peor que como nos tenía el PRI”, señala Livas. El abogado, activista y editorialista, retirado de la política de partido, reconoce que en sus inicios Luis H. Álvarez denunció las tropelías priistas y enfrentó con valor los embates del partido de Estado, lo cual acrecentó su prestigio en el PAN.

Presidente municipal de la capital chihuahuense en 1983, tres años después Álvarez realizó una huelga de hambre de 40 días por el fraude electoral que le dio el triunfo al PRI en el estado. Algunos panistas lo llamaban “el Gandhi mexicano” por su activismo pacífico y la resistencia que desplegó contra la hegemonía política del PRI.

Sin embargo, a decir de Livas Cantú, cuando Álvarez asumió el liderazgo del PAN mantuvo negociaciones con el PRI durante el que denomina “fraude patriótico permanente” de los ochenta.

A finales de esa década, Livas Cantú era parte de la Asamblea Democrática por el Sufragio Efectivo, integrada por Porfirio Muñoz Ledo, Alejandro Gurza, Carlos Castillo Peraza, Carlos Monsiváis, Jorge Castañeda, Gilberto Rincón Gallardo y Rogelio Sada, entre otros, que pretendían poner las bases de una competencia política justa en el país.

El 1 de octubre de 1989 murió en un accidente automovilístico Manuel Clouthier, quien el año anterior fue candidato presidencial del PAN y denunció un fraude a favor del priista Carlos Salinas.

Recuerda Livas Cantú que dos semanas después de esa tragedia, su partido publicó un desplegado en la revista Proceso con su postura sobre la reforma política propuesta por Salinas de Gortari. Ahí se aclaraban sus coincidencias y sus rechazos.

El texto, dirigido “al pueblo de México”, está fechado el 12 de octubre y lo firman tanto Álvarez como Abel Vicencio Tovar, entonces secretario general del partido. La postura panista señala que es imposible conseguir unidad, estabilidad, desarrollo y crecimiento económico si no es a través de una “verdadera reforma política”.

Para conseguir ésta, los panistas consideran indispensable crear constitucionalmente un órgano electoral imparcial y autónomo, además de un tribunal electoral honorable, calificado por la Cámara de Diputados; y hacer públicas las sesiones de los organismos electorales.

Asimismo piden garantizar al ciudadano los principios de audiencia, legalidad y seguridad jurídica; garantizar que los recursos oficiales y los servidores públicos no sean usados para favorecer a un candidato; permitir la libre afiliación a todos los partidos; establecer el registro nacional ciudadano y la cédula de identidad ciudadana; e integrar equitativamente las cámaras de Diputados y Senadores.

Pero según el expanista Livas Cantú, en el momento decisivo Álvarez desechó sus propias propuestas y engañó incluso a los de su partido:

“En esa época sale muy mal librado. Se preparó una traición en la que don Luis acepta lo que Salinas propone. Cuando los diputados están por sesionar para conocer el dictamen, tanto Álvarez como Diego Fernández de Cevallos y Carlos Castillo Peraza convencen a los diputados de que hay que votar por el texto como lo presentó el PRI.”

Señala que la historia de esa traición puede verificarse en los reportajes que dio a conocer, en su tiempo, Proceso.

El pleno de la Cámara de Diputados se preparaba para votar el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, que antecedía la creación del IFE.

“En esa votación entraban, además, el nombramiento de los magistrados del tribunal electoral. En esa ley, Salinas iba a tener la última palabra en lo más importante. Se decidía cómo se iban a repartir los subsidios en base a la mayoría que el PRI tenía en aquel entonces, en proporción a lo que se había robado en el 88”, recapitula Livas Cantú.

Sumisión

En la propuesta tricolor, aceptada por el PAN, el secretario de Gobernación, en representación del presidente, seguiría encabezando el consejo del IFE y podría vetar los acuerdos de la Comisión Federal Electoral. El presidente de la República también nombraría a los magistrados presidentes del tribunal.

Salinas propuso y Álvarez aceptó que se mantuviera la estructura de la Comisión Federal Electoral, que daba pie a la creación del consejo del IFE “en las nubes, como un cuerpo celestial, desligado de la operación del día con día del aparato electoral”.

El dirigente panista permitió de igual forma que el PRI calificara las elecciones, es decir que fuera juez y parte. La partidocracia se consolidaba.

Relata: “Nos dieron atole con el dedo a los que estuvimos poniendo en jaque al PRI durante esos años. El día en que se presentó el dictamen, don Luis, Castillo y Fernández le hicieron saber a los diputados que el líder del partido había llegado a un acuerdo con el presidente y que aceptarían la reforma como se aprobó, diferente a lo que el PAN difundió en el desplegado que se dio previo a la votación”.

Reprocha que el PRI tomó ventaja en todo y el PAN, con 101 diputados federales, lo aceptó. Después se supo que un número considerable de legisladores votó sin conocer el dictamen, únicamente por lealtad a su líder (Proceso 689). Fue una amarga celebración del cincuentenario panista.

Livas Cantú estima que, a cambio de esa entrega, Álvarez –dirigente de su partido desde 1987– “obtuvo una relación cercana con Salinas. Le permitieron colaborar y tomaron en cuenta su opinión en algunas políticas que se iban a seguir. Hay que recordar que el presidente adoptó la idea de Solidaridad, ese programa nacional sexenal, basado en una palabra que había sido adoptada por el panismo. A ellos también les dieron atolito y les sobaron el lomo”.

Ese día, algunos legisladores panistas leyeron discursos en contra pero votaron a favor. Entre ellos señala a Gildardo Gómez Verónica, quien calificó la reforma como “raquítica y sietemesina”, pero finalmente le dio su voto aprobatorio.

El martes 17 de octubre de 1989 el dictamen fue aprobado en lo general. “El gran daño que hizo don Luis fue traicionar la democracia idealizada que el PAN apoyaba desde su fundación con Gómez Morín, para formar ciudadanos. Rompió con esa imagen del PAN y entró a un capítulo de negociación, para bajar la cabeza y legitimar a Salinas”.

Tras la votación, Álvarez se justificó: dijo que quería creer que el gobierno de Salinas de Gortari actuaría de buena fe y cumpliría su promesa de basar la ley secundaria en materia electoral en la propuesta panista (Proceso 677).

Como muestra de la parcialidad del nuevo árbitro electoral, en 1991 fue nombrado primer presidente del IFE Emilio Chuayffet, quien manipuló la elección de ese año a favor del PRI.

“Este personaje –continúa Livas Cantú–, supuestamente imparcial en los ojos del eterno superasesor panista José Luis Salas Cacho, nada tenía de neutral. Poco tiempo después mostró su ‘neutralidad’ y perdió toda credibilidad al aceptar ser candidato del PRI a gobernador del Estado de México al momento de dejar su puesto en el IFE.”

Después de ese episodio, en mediano plazo salieron del PAN figuras políticas como Jorge Eugenio Ortiz Gallegos, Pablo Emilio Madero, Jesús González Schmal y Bernardo Bátiz.

Por eso, para el entrevistado, “en 1991 el PAN se desplomó”. Entonces Salinas de Gortari ofreció, como consuelo, incrementar la cuota de diputados que tenía en la legislatura inmediata, que era superior a 100.

“Lo que propuse fue que el PAN pidiera territorios. Entonces les acabaron regalando Guanajuato y Carlos Medina Plascencia se hizo gobernador panista ahí”, señala.

Livas Cantú, hijo del exgobernador nuevoleonés Eduardo Livas Villarreal, aclara que le expresó públicamente a Luis H. Álvarez su inconformidad con la reforma fallida en una carta abierta que irritó al dirigente.

En ella demandaba a Álvarez que reconociera su error histórico, que lo enmendara y que renunciara a la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del PAN. Nada de eso ocurrió.

Livas se afilió al PAN en 1990, dice, con el propósito de arreglarlo desde adentro. Posteriormente fue candidato a diputado federal y precandidato a gobernador en 1991.

En 1993 fue precandidato a la Presidencia de la República, pero al año siguiente de la elección, 1995, fue expulsado del partido. Como independiente, en 1997 compitió por la gubernatura de Nuevo León bajo las siglas del PDM.

En 2000 participó como coordinador político en la campaña de Vicente Fox. En 2011 Livas Cantú regresó al PAN y al año siguiente quiso postularse como candidato a la presidencia pero le faltaron firmas.

El 25 de febrero del año pasado renunció definitivamente al PAN.

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