EL BACHAQUEO DE LA REALIDAD

Por Everardo Monroy Caracas

batons-escuros-para-peles-negras-8En unos cuantos parpadeos y zas, algo nuevo ocurre y altera tu tranquilidad. Los girasoles dejan de amarillar el jardín y los rosales semejan lágrimas de sangre. Lo bello dejó de prevalecer y cada objeto toma una dimensión diferente.

Los citadinos dependemos del dinero para comer y tasamos nuestro trabajo en monedas. Ahí empieza nuestro debacle existencial, porque dependemos de alimentos y bienes industrializados o producidos por pocas manos. Costos y salarios alejados de su verdadero valor, pero inherentes y necesarios.

–¿Y ustedes están bien en Venezuela? –preguntas al meter en la bolsa de lona los paquetes de arroz, sopa de coditos y frijoles.

–Mal, muy mal, por culpa del gobierno –responde y sonríe con esa boca de labios gruesos y carnosos, de caribeña.

Liza es venezolana y desde hace veinte años radica en Montreal. Ya es canadiense. Tiene familiares en Caracas y Maracaibo y les envía doscientos dólares mensuales a sus abuelos.

Tú no te atreves a explicarle que el gobierno no fabrica alimentos y que Venezuela es un gigantesco supermercado controlado por las trasnacionales. Ella desconoce que el verdadero problema radica en el modelo económico propuesto por los chavistas: el socialismo bolivariano del siglo XX.

Durante cien años los venezolanos han dependido de las divisas obtenidas por la venta de petróleo y nunca se preocuparon por producir sus propios alimentos, ropa, calzado, neumáticos, enseres de limpieza y de uso personal. Todo era importado o fabricado por empresarios anticomunistas. El sistema rentista y la voracidad empresarial poblaron de miserables al país y provocaron revueltas y matanzas, como lo ocurrido durante el caracazo de 1989. Los militares proyanquis asesinaron a más de cinco mil venezolanos pobres. La masacre permitió el ascenso político de una casta de militares de izquierda, encabezada por el coronel Hugo Rafael Chávez Frías, y las trasnacionales dejaron de tener el control absoluto de la economía de Venezuela.

Liza odia al chavismo y ella depende de un salario mínimo en Montreal. Trabaja catorce horas diarias para pagar sus deudas bancarias. Tiene casa y automóvil, pero a través de mecanismos crediticios. Su hipoteca es de doscientos mil dólares y para comer, vestir e ir a algún lugar de recreo requiere de otros mil dólares mensuales.  Es una barbaridad y eso le ha provocado continuos dolores de cabeza, insomnio y enojo. Liza ha dejado de leer libros y solo se distrae con el televisor y los periódicos antichavistas, muy cargados de resentimiento.

–¿Pero por qué los industriales ya no fabrican paquetes de harina o recipientes de mantequilla y shampoo en presentación popular?  Todos sus productos son extragrandes y sus costos no están al alcance de la mayoría de los habitantes asalariados…

Intentas convencerla que ahí hay un trasfondo político, de sabotaje económico. Sin embargo, Liza levanta la cabeza, deja de registrar los códigos de la mercancía, y contesta:

–Los cubanos comunistas tienen metidas las manos en mi país y lo están destruyendo…

Te asusta su mirada de posesa. No razona, repite el mismo veneno mediático de quienes viven del trabajo ajeno y no son venezolanos. En esos instantes intuyes que la has perdido. No serás capaz de seguir frecuentándola para convertirla en tu esposa. Liza es una mujer atractiva, de pechos macizos y pequeños y cadera ancha y nalgas de mulata. No oculta su sangre caribeña.

Cómo puedes convencerla de lo que también hacen las trasnacionales y sus testaferros con el saqueo de bolívares, el bachaqueo y el sabotaje con ayuda de paramilitares colombianos. Una especie de guerra de guerrillas que crea zozobra, miedo y enojo entre la población productiva y pacifista.

Piensas entonces en tu jardín de girasoles y rosales y luego de pagar la cuenta, te despides de Liza con un beso en la mejilla y mientras te diriges a la salida del supermercado, decides no mirar hacia atrás. Ella terminará encadenada en esa banda movible y frente a la caja registradora.

Es jueves y la temperatura es agradable.

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