SOY NORMA..!/X

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La muerte del presidente de la república, Pedro Aguirre Cerda impactó a los limachenses. Fue algo inesperado y ocurrió a casi tres años de haber asumido el cargo, precisamente el 25 de noviembre de 1941.

Chile enfrentaba la presión internacional, principalmente de Inglaterra y los Estados Unidos, por su acercamiento a los gobiernos fascistas de Italia y Alemania, pero Aguirre Cerda rechazaba tales señalamientos. Por lo mismo, se declaraba neutral al conflicto bélico iniciado el 1 de septiembre de 1939 por el canciller alemán, Adolfo Hitler.  Incluso, les había brindado asilo a los perseguidos políticos del dictador español, Francisco Franco, por intermediación de su cónsul especial para la inmigración española en París, el poeta Pablo Neruda.

En San Francisco de Limache los edificios públicos izaron a media asta la bandera nacional y en todos los templos católicos se celebraron misas de duelo en memoria de Aguirre Cerda al que llamaban cariñosamente “El presidente educador”.

Como cientos de limachenses, entre ellos los Shaw, Norma Luisa, a sus diez años, tuvo que portar su uniforme escolar con un moño negro sobre la camisola blanca y desfilar por la avenida Urmeneta hasta la plaza pública de la Palmira Romano Norte, frente al edificio Ilustre de la Municipalidad.

La niña había decido vivir con Emma y Guillermo, después de ser solicitada por las dos hermanas de su padre biológico, Lourdes y Teresa. Ellas radicaban en Santiago y se interesaron en recuperar a Norma Luisa al suponer que no contaba con los cuidados necesarios.

Lourdes González buscó a los Shaw en su propio domicilio. Eso ocurrió un mes después de fallecer su hermano en una clínica de salud de Quilicura. Tras escuchar la demanda de la mujer, Emma únicamente le respondió:

–Luisa puede decidirlo… Nosotros no nos oponemos a que viva con ustedes…

Llamaron a la niña que jugaba en el traspatio y le preguntaron si deseaba irse a vivir con sus tías a Santiago de Chile. Lourdes, Emma y Guillermo la aguardaban en la sala. Norma Luisa respondió de inmediato:

–No, yo quiero quedarme aquí con mi mamá Emma y mi papá Guillermo…

Lourdes le envió un telegrama a su hermana Teresa y le confió la decisión inapelable de su sobrina. A partir de ese momento, jamás volvieron a interferir en los asuntos de la familia Shaw y de la niña. Tampoco Julia, Martha y Hugo intentaron separarlos. Norma Luisa continuaría bajo los cuidados de sus tutores y dos años después, por boca de su maestra del cuarto grado, Camelia Armenia, se enteraría del fallecimiento del presidente Aguirre Cerda.

Norma Luisa fue una de las responsables de declamar un poema de Gabriela Mistral –amiga entrañable del fallecido presidente–, durante el homenaje fúnebre, organizado por la escuela. Se trató de uno de los tres sonetos sobre la muerte y lo hizo en compañía de otras dos alumnas.  Ella abrió con el primer soneto:

Del nicho helado en que los hombres te pusieron,/te bajaré a la tierra humilde y soleada./Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,/y que hemos de soñar sobre la misma almohada.

Te acostaré en la tierra soleada con una/dulcedumbre de madre para el hijo dormido,/y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna/al recibir tu cuerpo de niño dolorido.

Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,/y en la azulada y leve polvareda de luna,/los despojos livianos irán quedando presos.

Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,/¡porque a ese honor recóndito la mano de ninguna/bajará a disputarme tu puñado de huesos!

Sus compañeras la secundaron:

Este largo cansancio se hará mayor un día,/y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir/arrastrando su masa por la rosada vía,/por dónde van los hombres, contentos de vivir…

Sentirás que a tu lado cavan briosamente,/que otra dormida llega a la quieta ciudad./Esperaré que me hayan cubierto totalmente…/¡y después hablaremos por una eternidad!

Sólo entonces sabrás el por qué no madura/para las hondas huesas tu carne todavía,/tuviste que bajar, sin fatiga, a dormir.

Se hará luz en la zona de los sinos, oscura:/sabrás que en nuestra alianza signo de astros había/y, roto el pacto enorme, tenías que morir…

Malas manos tomaron tu vida desde el día/en que, a una señal de astros, dejara su plantel/nevado de azucenas. En gozo florecía./Malas manos entraron trágicamente en él…

Y yo dije al Señor: – “Por las sendas mortales/le llevan ¡Sombra amada que no saben guiar!/¡Arráncalo, Señor, a esas manos fatales/o le hundes en el largo sueño que sabes dar!

¡No le puedo gritar, no le puedo seguir!/Su barca empuja un negro viento de tempestad./Retórnalo a mis brazos o le siegas en flor”.

Se detuvo la barca rosa de su vivir…/¿Que no sé del amor, que no tuve piedad?/¡Tú, que vas a juzgarme, lo comprendes, Señor!

Guillermo viajó a Santiago para participar en la marcha del silencio que organizaron los obreros de la Confederación de Trabajadores de Chile y los socialistas, comunistas y demócratas del Frente Popular. En esa ceremonia, realizada en la plaza de la constitución, el vicepresidente Jerónimo Méndez anunció que de inmediato convocaría a elecciones extraordinarias para que antes de marzo de 1942 se dignara al sucesor del abogado y humanista, Aguirre Cerda, quien el 24 de diciembre de 1938 se había juramentado como presidente de la república. La tuberculosis le impidió concluir su gobierno y también evitar el ascenso político de las escuadras nazis chilenas, encabezadas por el dirigente del Movimiento Nacional-Socialista de Chile, diputado Jorge González von Marées, guía moral del futuro dictador y general, Augusto José Ramón Pinochet Ugarte.

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