OCHOA: EL NUEVO MUÑECO CONSENTIDO DE PEÑA NIETO

Por José Gil Olmos/Proceso

proceso-logoLa llegada de Enrique Ochoa –un hombre con escasa experiencia partidista– a la dirigencia nacional del priismo revela que “el nuevo PRI” es exactamente el mismo que el antiguo. El excandidato presidencial Francisco Labastida acepta y justifica que el amigo de Enrique Peña Nieto llegara a la cúspide priista por dedazo del mandatario. El hecho también muestra que el PRI tiene valores democráticos… hasta que deja de necesitarlos: el propio Ochoa, en sus tesis de licenciatura y doctorado, repudió el dedazo que hoy lo beneficia.

 Su llegada no causó algarabía y tampoco la típica fiesta priista de matracas, cornetas y acarreo. Más bien fue un acto protocolario, frío, una celebración forzada por las circunstancias. El “dedazo” presidencial con el que llegó Enrique Ochoa Reza se hizo evidente en la ceremonia de protesta y todos los asistentes a la sesión del Consejo Político Nacional del PRI lo asumieron con aplausos al presidente Enrique Peña Nieto.

 “Sí fue un dedazo presidencial, pero así es como funcionan las cosas”, expresa con naturalidad el excandidato presidencial priista Francisco Labastida, quien admite que Ochoa es parte del grupo cercano a Peña Nieto, al contrario de lo que pasa con el sonorense Manlio Fabio Beltrones.

“Así se lo dije a Manlio, a quien conozco y respeto; le dije en dos ocasiones: ‘Perdón, Manlio, no eres del grupo, creo que entras (al PRI) con cosas en contra, con factores en contra”, relata Labastida, quien fue gobernador de Sinaloa, secretario de Gobernación y de Energía, senador por Sinaloa y candidato presidencial del PRI en 2000, cuando perdió ante Vicente Fox.

En este mismo sentido se expresa Dulce María Sauri Riancho, expresidenta nacional del PRI: “Desde el inicio de este gobierno, Beltrones fue un outsider, un ‘fuera de lugar’ del grupo nucleado en torno al presidente de la República. Ahora en 2016, de cara al supuesto fracaso de la experiencia y la conciliación interna, el presidente Peña Nieto retomó su posición: no más exgobernadores con expedientes; no más acercamiento hacia grupos o generaciones distintas. Va su resto político, en una estrategia que si tiene algún contratiempo, no habrá manera de recuperarse con oportunidad hacia 2018. Ochoa tiene lo que Beltrones no tuvo a plenitud: la confianza presidencial”.

 Abogado y doctor en ciencia política, Ochoa fue impulsado directamente por Peña Nieto como el nuevo dirigente nacional del PRI, en relevo de Beltrones, quien presentó su renuncia luego del descalabro en siete de las 12 elecciones a gobernador del 5 de junio pasado.

 Otra muestra del viejo PRI

 Ochoa, exdirector de la Comisión Federal de Electricidad, fue elegido con el famoso método del “dedazo presidencial”, que con Peña Nieto ha recobrado nuevos bríos.

 En mayo de 1994, en plena campaña, Ernesto Zedillo manifestó que, cuando ganara, mantendría una “sana distancia” con el PRI, y eso provocó problemas entre los priistas para seleccionar a su candidato presidencial seis años después. Fue precisamente Francisco Labastida.

 Para 2006, huérfanos de la figura presidencial, los priistas eligieron a Roberto Madrazo como líder del partido y a Elba Esther Gordillo como secretaria general. Luego el tabasqueño se hizo candidato presidencial y en su lugar en el partido quedaron Beatriz Paredes y Jesús Murillo Karam, los únicos en mucho tiempo que han terminado su periodo de cuatro años al frente del PRI.

 Hoy, tras recuperar la Presidencia, el PRI retomó la cercanía con el presidente.

 El 5 de marzo de 2014 Peña Nieto asistió al aniversario de su instituto político y acortó distancias: “En este partido milita con mucho orgullo el presidente de la República”, y apuntó que en ejercicio de sus derechos políticos regresaba al PRI a festejar su 85 aniversario.

 Ahora, como en pocas ocasiones lo hace un priista, Labastida habla del famoso “dedazo presidencial” como una forma política normal para elegir candidatos. Detalla, eso sí, que antes de ser designados primero se analizan sus capacidades y conocimientos. Así fue como llegó Enrique Ochoa al PRI, sostiene el exsenador sinaloense.

 “Llegó como hemos llegado la mayor parte de la gente en el partido. Los gobernadores que hemos sido candidatos, ¿por qué nos elige el partido? Pues nos elige fundamentalmente porque el presidente del partido y el presidente de la República nos evalúan, nos ven bien, y en función de eso nos eligen. Esa es la verdad.

 “He escuchado voces que dicen: ‘¡No!, debería ser como en las épocas antiguas con la democracia’, pero el único intento de elección fue en 2000, cuando se cometió el gravísimo error de que todo el esfuerzo, todos los recursos económicos y toda la capacidad de la gente se puso en la contienda interna en lugar de concentrarse en la contienda externa contra los otros partidos”, dice Labastida.

 –¿No cree que haya un problema de legitimidad por la forma como llega Ochoa, con el apoyo fundamental de Peña Nieto? –se le pregunta.

 –No lo creo, si hablamos con franqueza y honestidad, así es como hemos llegado a tener posiciones. Esa es la verdad. Quien diga que no, inventa cosas.

 –¿Cómo ve estas voces de inconformidad que hubo con la llegada de Ochoa?

 –¿A cuáles te refieres?

 –Por ejemplo, de Ulises Ruiz.

 –Leí lo que dijo Ulises. Mi pregunta es cómo llegó él, por qué método… ¡Por el mismo, hombre! Ja, ja, ja. Estamos hablando con honestidad. Lo que pasa es que Ulises, como había estado como delegado en Quintana Roo, se ha de haber sentido afectado porque ese es uno de los estados con peor fama en estos momentos. Puede ser por ahí.

 –¿Qué opina de que se siga usando el dedazo presidencial?

 –El dedazo presidencial es la selección de un candidato a gobernador, diputados… ¿Cómo se hace esto? Pues se ven capacidades actuales y de crecimiento, a mí me tocó hacerlo cuando fui candidato a la Presidencia, ver a los candidatos a diputados, a senadores, se ve cómo están en las encuestas, se ve la capacidad que tienen para articular, para defenderse, para unirse con grupos y que los ayuden.

 “No es una decisión que se tome de repente, como si se tratara de sacar un dedo al aire para ver dónde sopla el viento. Se requiere de un trabajo y análisis serio que permite tomar la decisión más razonable y le permita al partido ganar. Eso es como se hace. Luego, basándose en la disciplina del partido, es como se le pide y se le consulta a los sectores la opinión que tienen sobre la gente.

 “Ese es el proceso, yo diría que al final de cuentas las elecciones en los partidos para los candidatos siempre se hacen en función de lo que dicen las encuestas y también en la capacidad que tienen los candidatos. Por ejemplo, para que un candidato haga una campaña en Estados Unidos, ¿tiene que hacer acuerdos con grupos para captar los apoyos económicos para hacer su campaña? ¿En Francia, en España? ¡No!, no tienen que hacerlo.

 –¿Entonces no ve nada de malo en esta práctica?

 –Lo veo que se hace en prácticamente todos los países del mundo. Claro, hay países donde no, pero en la mayor parte del mundo se hacen procesos de auscultación, de medición de popularidad y análisis de capacidad y crecimiento.

La expresidenta del PRI, Dulce María Sauri, hace notar que la práctica del “dedazo” ha sido constante en el gobierno de Peña Nieto, quien ha influido en la elección de cinco dirigencias del PRI.

“La primera, en marzo de 2011, cuando las negociaciones internas hacia la definición de la candidatura presidencial priista llevaron a Humberto Moreira a la dirigencia nacional. La segunda, cuando su urgente relevo decantó (sic) al ya para entonces candidato presidencial por Pedro Joaquín Coldwell. Después, al triunfo, llegó César Camacho, que sumaba a las dotes de su antecesor la confianza política del presidente de la República. La cuarta con Manlio Fabio Beltrones, epítome de los políticos priistas, que asumió el cargo con aura de triunfo y experiencia. Y ahora con Enrique Ochoa, que tiene la confianza presidencial y no la experiencia política de Beltrones.”

Fuego amigo

A su salida del PRI, Beltrones dijo que hubo decisiones del gobierno de Peña Nieto de las que no se enteró a tiempo, sino por la televisión, y que impactaron en el ánimo electoral. Un caso fue el aumento del precio de la gasolina.

 –¿Eso fue un ajuste de cuentas dentro del propio partido y del gobierno? –se le inquiere a Labastida.

 –Yo soy amigo de Beltrones, eso lo comenté con él. Sin duda alguna, para un presidente del partido el tener la confianza y la capacidad de hablar con claridad de los problemas o decisiones del gobierno es indispensable, porque los problemas que tiene el PRI no sólo provienen del partido.

 –¿Pero ahora va a haber más apoyo del presidente Peña a Ochoa?

 –Yo creo que va a haber más diálogo, yo lo consideraría así. Hay decisiones que toma el gobierno que afectan desde el punto de vista electoral.

 –¿No observa entonces una decisión autoritaria o un problema de legitimación en la llegada de Ochoa al CEN del PRI?

 -No, observo que su reto es cumplir con todos los compromisos que tomó, que no son fáciles. El hecho de que el partido denuncie y pida la destitución de gobernadores significa que, para hacerlo razonablemente bien, le pedirá a la PGR y al Cisen información de cómo están esos gobernadores. Eso implica un diálogo con el gobierno y confianza para poder hablar las cosas con absoluta claridad y franqueza.

 –¿No cree que esto lo hubieran podido hacer cuando estaba Beltrones y ayudar a ganar las elecciones?

 –Sí, le repito, soy amigo de Beltrones y una vez le dije: “Perdón, Manlio, no eres del grupo, creo que entras con cosas en contra, con factores en contra. Aquí entra lo que se llama el estilo personal de gobernar y eso lo tiene con la gente más cercana”. Yo creo que la ventaja de Ochoa es que es gente cercana.

 –Se nota de inmediato…

 –Sí, pero sin duda.

 –¿Para dirigir el partido es fundamental tener esa relación más cercana con el presidente?

 –Sin duda, sin duda.

 –Eso es lo que hizo falta con Beltrones…

 –Sí, eso hizo falta. Como Beltrones dijo: “Me enteré por la televisión de algunas decisiones”.

 –Parecía como fuego amigo.

 –Más que como fuego amigo, digamos que fue la subestimación del papel del partido, y para que eso funcione bien implica que tenga una cercanía y una confianza que creo que ahora con Ochoa sí se da esta condición.

 La legitimidad

 Antes de ser beneficiado con el dedazo presidencial, Enrique Ochoa cuestionó ésta y otras prácticas metaconstitucionales que ejerce el jefe del Ejecutivo. En su tesis Un estudio comparativo –con la que obtuvo la licenciatura en derecho por la UNAM y que fue consultada por el reportero–, en sus páginas 122 y 123, critica precisamente las famosas concertacesiones de Salinas de Gortari con el PAN para hacer llegar a Vicente Fox al gobierno de Guanajuato en lugar de Ramón Aguirre.

 “Sin duda alguna, estos hechos muestran que el desarrollo de México se debatía entre dos males: por un lado, las terribles prácticas del fraude electoral y, por otro lado, los acuerdos metaconstitucionales para resolver conflictos electorales. De cualquier manera, deponer gobernadores es una práctica contraria al ejercicio del federalismo. Lamentablemente, las concertacesiones no fueron un evento político excepcional”, escribió Ochoa.

 Luego, en su tesis doctoral Federalismo, democracia e inequidad, por la Universidad de Columbia, citada por el columnista Raúl Trejo, el nuevo líder del PRI criticó el “dedazo presidencial” al que calificó como una práctica “antidemocrática y tradicional por la que el presidente seleccionaba a los candidatos para posiciones significativas”.

 Hoy, esa práctica lo ha beneficiado, lo que genera una contradicción y un problema de legitimidad, sostiene Dulce María Sauri Riancho.

 “Es la contradicción entre la teoría y la práctica, entre la academia y la acción política. No es nueva en la vida política del país. Su formación académica y su visión de entonces pueden enriquecer su ejercicio de la dirigencia, si tiene tiempo para adquirir legitimidad.

 –¿Por qué cree que es más un problema de legitimidad que de legalidad?

 –La elección de Enrique Ochoa como presidente del CEN del PRI no es un problema de legalidad, los órganos partidarios consideraron cumplidos los requisitos formales, incluyendo los años de militancia exigidos. Sin embargo, la legitimidad no se asigna conjuntamente con la investidura, sino que se adquiere a través del conocimiento, experiencia y resultados.

 “La carrera académica y profesional de Ochoa antes de la semana pasada indica que no estuvo vinculada a las estructuras partidistas ni a las contiendas electorales como candidato ni a la representación popular. No puede vivir la curva de aprendizaje, porque no tiene tiempo. Su vía para legitimarse ante la militancia priista está en los hechos, en los resultados visibles y tangibles de su presidencia. El tiempo es su mayor adversario para lograr la legitimidad indispensable adentro para poder ejercer el cargo afuera.”

 –¿Es una imposición a la militancia priista la llegada de Ochoa a la presidencia del partido?

 –En los 87 años de vida partidista, es el primer presidente del Comité Nacional que llega sin experiencia previa en sus estructuras y procesos políticos. Fue tan rápido el procedimiento que percibo más una sensación de sorpresa que de imposición entre la militancia.

 Sauri acepta que la práctica del “dedazo presidencial” es un problema sin resolver para la democratización del PRI, que comenzó en 1990, cuando Luis Donaldo Colosio, en la XVI Asamblea Nacional, acuñó la frase “la única línea es que no hay línea”.

 Hoy que el PRI retornó a la Presidencia de la República, Sauri apunta que paradójicamente regresó la inestabilidad en las dirigencias nacionales porque, concluye, “el partido y su dirigencia siguen sin resolver la ecuación gobierno-partido en el gobierno”.

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