SANDINO (superproducción dirigida por Miguel Littin)

indexSandino es una película dirigida por el chileno Miguel Littín, producida por Televisión Española y realizada en colaboración con Chile, Nicaragua e Italia. Fue estrenada como largometraje en 1990 y como serie de televisión en 1994. Argumento: Narra la vida de Augusto César Sandino (18951934), líder de la resistencia nicaragüense frente al ejército de ocupación estadounidense entre 1927 – 1933 y la Guardia Nacional organizada en su contra tras la derrota de los marines. Entre los personajes reales que aparecen, destacan Calvin Coolidge (presidente de Estados Unidos), el dictador nicaragüense Anastasio Somoza, el presidente del país Juan Bautista Sacasa, el coronel Logan Feland y el capitán Gilbert D. Hatfield de la Marina, así como Blanca Aráuz Pineda (telegrafista del pueblo de San Rafael del Norte y esposa de Sandino), jóvenes trabajadores que compartieron la lucha con Sandino como los generales Francisco Estrada, Juan Gregorio Colindres y Pedro Altamirano (Pedrón), y Teresa Villatoro, su mujer en la montaña. (Wikipedia)

LA “LOCA” DE TIERRA CALIENTE

Por Gregorio Urieta/El sur de Acapulco

locaSe le puede encontrar en los caminos y carreteras de Tierra Caliente, preferentemente en los basureros, o en donde encuentre algo que comer para ella y unos perros que la siguen a donde quiera que vaya. Su figura es fugaz, se confunde con el ambiente de pobreza y dejadez que caracteriza a los pueblos y espacios de la agreste región.
Tal vez por eso la indiferencia de quienes llegan a verla merodeando por las orillas de los pueblos, buscando entre las basuras, rodeada por media docena de perros que la siguen pacientes, sin hacer ruido, que, como ella, hurgan entre la basura en busca de algo que tragar.
En una de sus incursiones por uno de los múltiples basureros a cielo abierto que hay en Ajuchitlán, se logró entrar en contacto con ese personaje, gracias a la intervención de un campesino que ha logrado platicar con ella y que fue quien contó a la vez a quien esto escribe, parte de la increíble historia de Locadia, como le pusieron por nombre.
Así se logró saber que vivió en San José, California, Estados Unidos; que tuvo como marido a un oaxaqueño karateca, asesino de muchas personas; que tuvo dos hijas; que mataron al marido y que el Estado de California le quitó a sus hijas para darlas en adopción, después de lo cual se dedicó a mendigar, y en una redada la sacaron del país.
No se sabe cuándo llegó a esta tierra, en donde ahora vaga, seguida de los perros que son su única compañía. “Me dijeron que estoy loca. Me llaman así nomás, Loca”, dijo brevemente.
La imagen física de Locadia, como la llaman en una mezcla de burla y picardía propia de los calentanos, hace evocar al personaje que da nombre a la película Mamá, de Andy Mucchietti (The Birth of Mama, Universal Studios, 2013) a la cual Guillermo del Toro introduce un interesante comentario: atrae y repele, aterroriza y enternece, inspira y decepciona, al mismo tiempo.
Tiene un cuerpo delgado, que en sus mejores años debió ser esbelto; si acaso 1.60 metros de estatura. Disminuida físicamente por la vigilia, el cuero le cuelga en las rodillas y en los brazos. En sus senos descubiertos que cuelgan flácidos al aire libre, se adivinan buenos tiempos, lo mismo que en ese su cuerpo sucio, embadurnado de costras de mugre desde los pies hasta la cabeza, que despide un olor nauseabundo, propio del espacio en que se desenvuelve con lentitud, con parsimonia, como si tuviera todo el tiempo del mundo.
¿Qué diría –pienso– al verla Salvador Dalí, El Divino Dalí, que durante su estancia en México declaró que jamás regresaría a “un país más surrealista que mis pinturas”?
Cubre su cuerpo con pedazos de tela amarrados entre ellos, lo que no impide que se vean, confundidas con la mugre, sus partes íntimas, algo que evidentemente la tiene sin cuidado. Tanto en los tobillos de los pies como en las muñecas lleva amarrados pedazos de tela que se mueven al viento. Pelos rebeldes, resecos y tiesos por la mugre, caen sobre su cara impidiendo verla a plenitud, en la cual se asoman un par de ojos pequeños, negros, tristes e indiferentes, llenos de ausencia. Una boca chica, una cara en la que se adivina el sufrimiento y en la que se forman ya varias arrugas en medio de las costras de mugre. No se sabe cuántos años tiene, pero aparenta unos sesenta.
Quien esto escribe la ha visto en las carreteras, generalmente al alba o en el crepúsculo, recorriendo a pie las distancias, seguida de su séquito de perros.
Al verla en este basurero, pregunté al campesino si la conocía, le dije que quería hacerle una entrevista para el periódico. Resultó ser un viejo conocido del PRD de Ajuchitlán.
—Pero va profe, está loquita la doña.
—También los locos tienen historias que contar, ¿por qué no escucharlos?
El campesino me vio con curiosidad, quizás pensando que estoy más loco que la señora.
—Sí, ¿verdá profe? Venga, yo lo acerco al basurero.
El aire fresco arrimó de golpe el olor picante, descompuesto y penetrante de la basura. Cientos de moscas zumbaban, embriagadas por el olor, rugientes en su espacio vital.
—Doña, el maestro le quiere hacer una entrevista pa’ su periódico. Le quiere preguntar cosas.
Locadia se movía con lentitud, buscando algo indefinido, en un basurero formado con desechos de la gente de los pueblos más pobres de la región, por lo que es difícil pensar que desechan comida a la basura.
Por su actitud, ni siquiera se percató de nuestra llegada.
—¿Cómo es que llegó a vivir así, señora?
La respuesta llega después de un largo espacio de tiempo. Momento en el que recogió un pedazo de tela con la que envolvió una de sus rodillas, a manera de venda. Respondió suave, lentamente, sin el mayor interés, y tal vez para corresponder a las atenciones que el campesino ha tenido con ella.
—¿Para qué quiere saber?
—Dicen que usted vivió en Estados Unidos, que tuvo una casa bonita y dos niñas. Por eso me intriga verla en estas condiciones. ¿Qué sucedió? ¿Cómo se llama usted?
Camina lento hacia los lados, buscando algo indefinido. Los perros se concentran junto a ella cuando toma un manojo de tortillas, casi tiesas, en proceso de descomposición. Les da pedazos en el hocico. Los perros tragan, también lentamente, con la seguridad de que entre ellos no se disputarán el alimento. Cuando ya no espero la respuesta, la suelta en el mismo tono anterior, suave, indiferente, como si le hablara al viento que corría generoso esa tarde de enero en campo abierto.
—Todos me llaman La Loca.
Nueva pausa. Se queda viendo a lo lejos, con la vista perdida hacia las alturas del imponente cerro del Tinoco, al otro lado del río Balsas. Mi informante vio el gesto y como si adivinara mi interrogante, comentó:
—Dicen que es de por allí, del Tinoco. La verdá, sepa Dios. Dicen que es de arriba de ese cerro, que se fue de mojarra (mojada) a Estados Unidos y allá estuvo muchos años. Quien sabe qué habrá pasado, porque cuando llegó acá ya venía malita. La conocieron unas gentes de allá arriba, pero asegún ella no conoce a nadie.
“Aquí llegó hace como dos años, pero así como llega se desaparece. Dicen que se pasa en los basureros, con esos perros atrás de ella. Hace un año la encontré comiéndose una sandía en mi potrero. Ni modo de maltratarla, profe. Quise platicar con ella, le pregunté su nombre y me dijo: ‘Me llaman Loca. Me echaron en un carro y me trajeron desde lejos. Me dijeron que estoy loca. Como no les dije nunca mi nombre, me decían Loca’. Por eso mis guachillos le pusieron Locadia, los cabrones. Pero de ahí no la saqué esa vez. Le gusta repetir eso. Casi no habla con la gente. Ire maestro, yo la he oído hablar sola. Habla así, bien suavecito, como si estuviera aconsejando a alguien. Yo digo que no es una loca mala. Se me hace que era una buena mamá”.
“Aquí ha venido varias veces. Pasa rumbo al basurero y allí anda buscando casi todo el día. Mis guaches le gritan ‘¡Locadia, ven!’ Y le dan algo de comer, chicharroncito, huevito a veces con combas o frijolitos que sobran de la comida que me traen al campo, Pero trai esos chingados perros y les da todo a ellos. Mis guaches nomás dicen ‘Ira pues apá, ya no le vamos a dar’”.
Mi informante hace una pausa. Adquiere un tono serio y grave al comentar.
“Yo no la conozco, pero dicen que vivió unos cuantos meses aquí, en este pueblo. Que la trajo un gallo que era de por allá de Oaxaca, asegún, maloso el hombre. Luego se fueron de repente. Tú sabes, profe, que aquí no hay nadie que no tengamos uno o varios familiares en el Norte”.
“Dicen que vivieron en Estados Unidos, en San José, California, y que allá tuvieron dos niñas. Que el señor era matón y que era karateca. Total, asegún que un día apareció descabezado allá por Anajain (Anaheim) y la señora se quedó sola. Dicen que anduvo pidiendo en las calles para darles de comer a sus niñas, y que a veces las dejaba solas para hacer algún trabajito, y que por eso el gobierno se las quitó y las dio a unas gentes que quisieron recogerlas”.
“Desde entonces se dedicó a vagar. Ya ves profe, que allá el gobierno es cabrón y está prohibida la vagancia. La agarraron en una redada y la sacaron. ¿Ya ves que a veces contesta? Ella me dijo que de este lado la echaron en un carro y la vinieron a dejar por acá. Desde entonces vaga por los basureros, de un lado a otro. A veces se desaparece por un mes o dos, pero no falla. Nomás cuando la vemos que anda allí, así, como la ve.”
Así, con la vista hacia abajo, fija en algo, buscando algo que tal vez ni ella sepa qué es, pero que se adivina cuando le pregunto alzando la voz:
—¿Qué pasó con sus hijas? ¿En dónde quedaron, señora?
La pregunta pareció causar un impacto profundo en alguna parte de su ser. Adoptó una actitud de alerta, volteaba a ver a los lados con movimientos bruscos de su cuello. Con sus manos, comenzó a mover la basura con ansiedad, lanzándola a los lados, logrando que los perros se alejaran un poco de ella. Sonidos guturales surgieron de su ser,  gimiendo, mientras buscaba y buscaba angustiosamente en la basura.
No se logró extraerle ni una sola palabra más. Las preguntas se estrellaban en la coraza de indiferencia hacia ellas, y solo existía su propia ansiedad, su búsqueda frenética, interna.

EL CRIMEN DEL GENERAL JUAREZ, DESDE LAS CLOACAS DE LA SEDENA (Reportaje completo)

Por Jorge Carrasco Araizaga/Proceso

PROCESO-1947-192x250El sábado 21 de mayo de 2011, el general de división Jorge Juárez Loera, quien apenas unos días atrás se había retirado del Ejército, emprendió camino a su casa de Ciudad Satélite. Iba en su auto Mini Cooper color plata. Sin que se percatara, un Jetta blanco lo seguía desde que salió del fraccionamiento Jardines de Santa Mónica, en el Estado de México.

Los dos ocupantes del vehículo Volkswagen lo alcanzaron sobre el bulevar Manuel Ávila Camacho, a la altura de Plaza Satélite. Fingieron un percance al pegarle por detrás. El general se orilló en la incorporación a Circuito del Parque, ya cerca de su casa. Bajó a reclamarles y los hombres del Jetta se disculparon. Le dijeron que revisara qué le había pasado al coche. Ellos pagarían los daños.

El tercero al mando del Ejército durante un tramo del sexenio pasado, que enfrentó a Los Zetas en su bastión de Coahuila, se dirigió a la parte trasera del Mini Cooper para ver si abría la cajuela. Cuando se agachaba, uno de los hombres le disparó en la nuca. El general murió en el acto. La bala siguió su trayectoria y atravesó hasta el asiento del conductor.

Arturo Ramírez Lora y Érick Édgar Hernández Ascencio habían cumplido su parte. Les pagaron 20 mil pesos. Desconocían que sus contratantes, Antonio Martínez Torrijos e Isaías Aarón García Estrada, un cobrador de cuentas en la zona de Nicolás Romero, se habían quedado con medio millón de pesos, 250 mil cada uno, según las acusaciones.

El plan de la ejecución había salido del propio entorno del Ejército. Los cuatro habían sido contactados por Luz del Carmen Solares de la Rosa, hija de un ex militar contratista de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), en cuyas empresas está asociado con otros generales retirados.

Según la acusación, fue ella quien pagó para asesinar al divisionario en medio de una disputa por una millonaria comisión, resultado de un contrato de uniformes deportivos con la Sedena. A todos los involucrados, incluida Solares de la Rosa, los detuvieron en el curso de un año.

De los cinco implicados, los dos autores materiales siguen en la cárcel, pero sólo Hernández Ascencio ha sido sentenciado a 29 años de prisión. A Ramírez Lora, apenas el pasado 12 de febrero, la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación le negó un amparo con el que pretendía no ser vinculado al proceso.

En el caso de los llamados “autores cooperadores”, Martínez Torrijos fue asesinado en un negocio de Atizapán de Zaragoza, Estado de México, después de que pasó cuatro meses en prisión pero fue exonerado bajo el argumento de que el dinero no entró a su cuenta, sino a la de su hijo. Fue él quien declaró ante el Ministerio Público que Luz del Carmen Solares de la Rosa había pagado por el homicidio. Su coacusado, Isaías Aarón García Estrada, “El Pantera”, está desaparecido.

SOSPECHOSA SIN SENTENCIA

Señalada como autora intelectual, Luz del Carmen Solares de la Rosa se encuentra bajo “prisión preventiva oficiosa” en Tlalnepantla, Estado de México, desde que fue extraditada de España el 18 de febrero de 2013. Había sido detenida el 29 de febrero de 2012 por la policía española a petición de un juez de control y juicios orales del Estado de México por su probable responsabilidad en el homicidio.

De acuerdo con el Código de Procedimientos Penales del Estado de México, donde ya operan los juicios orales, una persona que se encuentre en prisión preventiva sin ser sentenciada después de dos años de iniciado su proceso deberá ser puesta en libertad, aun cuando se le puedan imponer otras medidas cautelares. Es el caso de Luz del Carmen Solares de la Rosa, cuyo procedimiento judicial inició hace casi dos años, cuando fue detenida en España.

Además de ese beneficio previsto en el artículo 229 del Código de Procedimientos Penales del Estado de México, la defensa de Luz del Carmen pretende invalidar el testimonio del principal acusador, debido a que está muerto.

En las indagatorias también ha declarado el secretario particular del divisionario, el mayor de infantería en activo José Manuel Nolasco Fonseca, por su supuesta relación con Luz del Carmen Solares y para explicar cómo es que los asesinos conocían todos los movimientos del general.

Además de mando militar, durante el gobierno de Felipe Calderón el general Jorge Juárez Loera ocupó dos de los más altos cargos del Ejército: inspector y contralor interno, y oficial mayor. En la “guerra contra las drogas” calderonista tuvo el mando en el Operativo Conjunto Chihuahua, en medio de las disputas entre los cárteles de Sinaloa y de Ciudad Juárez, así como en la XI Región Militar, con sede en La Laguna, donde se enfrentó a Los Zetas.

Pasó a retiro reglamentario el 1 de mayo de 2011. Aun retirado, aspiraba a ser el titular de la Sedena, gracias a su relación con el ex presidente del PRI, Humberto Moreira y a los encuentros que llegó a tener con el entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto.

Luz del Carmen Solares de la Rosa, de 42 años, acabó con esas aspiraciones y con la relación de negocios y sentimental que sostuvo con el general. Viuda de un empresario francés, huyó a Europa tras el homicidio. Interpol México emitió una ficha roja. No obstante, logró pasar por Alemania y Francia hasta que finalmente se estableció en España, en una zona acomodada de Madrid.

Fue en el barrio madrileño de Salamanca donde la policía española la detuvo y, después de un proceso de meses, fue extraditada a México a petición de la Procuraduría General de la República, acusada de ser la autora intelectual del asesinato del general.

TESTIMONIO DE CLAUDIA MEJÍA

Claudia Mejía Hernández, con quien el general convivió durante casi 20 años y tuvo un hijo fuera de matrimonio, dice que los últimos meses de vida del general fueron de pesadilla. Primero, por las condiciones en que el general Galván lo pasó a retiro. Segundo, por la confrontación con Luz del Carmen Solares de la Rosa.

El 1 de mayo de 2011, por órdenes de Galván, fue pasado a retiro a pesar de que aún faltaba una semana para que cumpliera los 65 años de edad. El general Juárez Loera acató la orden, pero la molestia con el general secretario fue por haberle quitado en ese tiempo también el cargo de oficial mayor, eso redujo su pensión.

De haberse retirado del Ejército el 8 de mayo con ese cargo, su jubilación habría significado 162 mil pesos mensuales. Él llegó a la Oficialía Mayor desde la Inspección y Contraloría General del Ejército.

El general Juárez Loera se convirtió así en un general de división más en retiro con una pensión mensual de 54 mil pesos. Fallecido, sus deudos ya sólo reciben 28 mil. Esa pensión se tiene que dividir entre su viuda y la segunda familia que tuvo durante 20 años.

Conocido por sus declaraciones públicas de represalia contra la delincuencia organizada, Juárez Loera no se veía en retiro. El sábado de su asesinato fue con su segunda familia a comer en un restaurante argentino del centro comercial Galerías de Atizapán. Ahí les informó a Claudia Mejía y a su hijo en común, entonces menor de edad, que el lunes 23 comenzaría a trabajar en el PRI, con Humberto Moreira, para encargarse de la agenda de seguridad nacional con miras a la candidatura presidencial del PRI.

Además, el entonces presidente del PRI que estaba contribuyendo a la candidatura presidencial de Enrique Peña Nieto le había ofrecido una curul en el Senado. El propio general Juárez Loera se había reunido en varias ocasiones con Peña, quien en ese momento era gobernador del Estado de México. Juárez Loera y Humberto Moreira coincidieron cuando el general era comandante de la XI Región Militar con sede en La Laguna, y Moreira gobernador de Coahuila.

DISPUTA POR COMISIÓN

En entrevista, Claudia Mejía asegura que el general conoció a Luz del Carmen Solares en 2009, cuando era oficial mayor. De acuerdo con el reglamento interno del Ejército y Fuerza Aérea, en ese cargo el general era el responsable de equipar a las fuerzas de tierra y aire, por lo que tomó parte en las decisiones sobre los contratos y licitaciones de la Defensa. Entre otros, era presidente del Comité de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios.

En ese comité participan también el subsecretario de la Sedena, el inspector general, el director de Administración y el director de Compras. Cuando la adquisición rebasa los 20 millones de pesos interviene el titular de la Sedena.

El jefe militar duró casi dos años en el cargo, periodo en el que, según Mejía Hernández, el general y Solares de la Rosa mantuvieron una relación sentimental que acabó en medio de una millonaria disputa por la comisión de una venta de uniformes deportivos a la Sedena por parte de una de las empresas de la familia Solares de la Rosa. “La deuda fue por el diseño y confección del uniforme de deportes que tiene el personal femenino de la Sedena y demás dependencias militares. Fue una transacción de 20 millones de pesos”, asegura Mejía Hernández, quien perteneció también al Ejército, donde se graduó en 1992 como subteniente enfermera, función que cumplió hasta que salió en 1997.

La disputa rebasó al general y, meses antes del asesinato, Solares de la Rosa “emprendió un hostigamiento e intimidación contra mí y mi hijo”, dice Mejía Hernández, quien relata diversos episodios de confrontación, incluidos dos en los que el general golpeó a la ahora acusada de asesinarlo. Uno de ellos, afuera del domicilio de Mejía, en Jardines de Santa Mónica, Naucalpan, de donde salió para su casa de Satélite el día que lo mataron.

Mejía Hernández refiere que Jorge Juárez Guerrero, hijo del matrimonio del general, sostiene que Solares de la Rosa “le fue sembrada” a su papá. “No fue una casualidad, se la presentaron y desgraciadamente cayó”, cita como parte de las declaraciones hechas durante las audiencias judiciales. Mejía coincide. Dice que a raíz de la confrontación, el general Juárez Loera había prohibido la entrada de Suárez de la Rosa a la Sedena, pero que otros mandos militares “de la plana mayor” permitían su ingreso.

LA DEA DOBLEGADA POR EL “VICENTILLO” (Reportaje completo)

Por J. Jesus Esquivel/Proceso

PROCESO-1947-192x250WASHINGTON, DC.- Con el propósito de evitar que salgan a la luz los acuerdos secretos entre la agencia antidrogas estadounidense (DEA) y los narcotraficantes mexicanos, el Departamento de Justicia de Estados Unidos llegó a un arreglo con Jesús Vicente Zambada Niebla, “El Vicentillo”, para que este personaje —hijo de uno de los capos del Cártel de Sinaloa— no sea enjuiciado en una Corte Federal.

“No habrá juicio”, dice a Proceso un funcionario del Gobierno de Estados Unidos, quien pidió el anonimato. “Zambada Niebla aceptó dar información para evitar una posible sentencia de cadena perpetua”, matiza, y anuncia que el “compromiso” será anunciado en los próximos días en Chicago, donde está radicado el proceso contra el hijo de Ismael “El Mayo” Zambada.

La fuente, involucrada directamente en el caso de “El Vicentillo”, apunta a que el acuerdo con el hijo de “El Mayo” también favorece los intereses del Departamento de Justicia en México.

Extraditado “El Vicentillo” a Estados Unidos el 18 de febrero de 2010, su caso lleva cuatro años sin definirse en la Corte Federal del Distrito Norte, con sede en Chicago, ante el juez Rubén Castillo, quien programó para el jueves 27 de febrero la audiencia en la que se anunciaría la fecha de inicio del juicio.

“No se enjuiciará al Vicentillo”, insiste la fuente. “Habrá juicio, pero contra los hermanos Flores (Margarito y Pedro), los operadores del Cártel de Sinaloa en Chicago”, acota.

EL ARREGLO

El arreglo al que presuntamente llegó “El Vicentillo” con el Departamento de Justicia consiste en dar información sobre actividades de cárteles rivales del de Sinaloa —el cual dirigen Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, “El Mayo” Zambada y Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul”— y sobre “algunos operadores” de este grupo en Estados Unidos.

“Todo a cambio de 15 ó 20 años de cárcel en Estados Unidos, lo que es mejor que la cadena perpetua”, sostiene el entrevistado.

Desde el 12 de febrero de 2012, Zambada Niebla —cuyo juicio se ha postergado por “razones legales” tanto de la defensa como de la fiscalía— está acusado de ocho delitos ante la Corte Federal en Chicago.

Desde el arranque de las audiencias preparatorias del juicio contra “El Vicentillo” —Proceso es el único medio mexicano que ha asistido a más de 90% de ellas— se percibía en la Corte mucho nerviosismo de los fiscales del Departamento de Justicia y un gran aplomo de la defensa.

En la primera de esas diligencias —el 8 de noviembre de 2010—, los abogados de Zambada (Edward Panzer, George L. Santangelo, Alvin S. Michaelson y Fernando X. Gaxiola) le exigieron al juez Castillo la libertad bajo fianza de su cliente alegando la existencia de un acuerdo con la DEA gracias al cual se había concedido una “garantía de inmunidad” para el hijo de “El Mayo” por haberse convertido en “informante” del Gobierno estadounidense.

Castillo rechazó esa petición respaldándose en la respuesta del Departamento de Justicia: el Gobierno de Estados Unidos negó la existencia del supuesto acuerdo de inmunidad, lo que de inmediato desató una serie de intrigas y la orden de desclasificar algunos documentos —y clasificar otros— sobre “El Vicentillo”.

LOYA CASTRO

Aun sin ser audiencias propias del juicio, desde noviembre de 2010 en los expedientes surgió el nombre de Humberto Loya Castro, supuesto abogado del Cártel de Sinaloa. En las primeras audiencias preparatorias se reveló la presunta relación entre la DEA y el grupo criminal sinaloense, conseguida gracias a los oficios de Loya Castro.

El abogado había sido informante de la DEA durante años y era quien pasaba información al Gobierno de Estados Unidos sobre las actividades del narcotráfico en México.

Los documentos que la defensa y el Departamento de Justicia le presentaron a Castillo prueban que Loya Castro era informante de la DEA; por eso en 2008 el Gobierno de Estados Unidos —por recomendación de supervisores de la agencia antidrogas— le perdonó los delitos de narcotráfico que pesaban en su contra desde 1995 en la Corte del Distrito Sur, en California.

En una moción que la defensa de “El Vicentillo” le entregó al juez Castillo el 27 de octubre de 2011, se reiteraba la exigencia de “inmunidad frente a los cargos de narcotráfico”. Según Panzer, quien firmó el documento, “El Vicentillo” habría proporcionado a la DEA información respecto de las actividades del narcotráfico mexicano.

Nuevamente la respuesta a la moción fue negativa, lo que obligó a la defensa a solicitar entonces que Loya Castro se presentara como testigo en el juicio de su cliente.

La reacción del Gobierno fue sorprendente. Los fiscales Thomas Shakeshaft, Gal Pissetsky, Andrew C. Porter, Michael J. Ferrara y Marc Krickbaum le dijeron al juez Castillo que Loya Castro no podía ser testigo en el juicio, pues eso sería muy peligroso. Además los fiscales volvieron a negar la existencia del presunto acuerdo entre “El Vicentillo” y la DEA.

Los documentos presentados ante la Corte en Chicago evidenciaron que el agente de la DEA Manuel Manny Castanon era quien presionaba a los fiscales para que hicieran que el juez evitara que Loya Castro se presentara como testigo. Castanon fue quien reclutó al abogado como informante.

En las audiencias de 2011 los abogados del Vicentillo le aseguraron a Castillo que Loya Castro había sido quien convenció a su cliente de que se hiciera informante de la DEA.

‘TOP SECRET’

En los documentos presentados ante la Corte están registradas las reuniones que tuvieron los abogados de Zambada Niebla con Loya Castro. Éstas tuvieron lugar el 9 y el 14 de marzo de 2010 en el hotel Four Seasons de la Ciudad de México y en ellas supuestamente el abogado del Cártel de Sinaloa se puso a disposición de la defensa para testificar en el juicio.

En la audiencia del 27 de octubre de 2011 llamó la atención que el abogado Michaelson aceptara “que posiblemente fuera correcto” que no hubiese un acuerdo con la DEA. Sin embargo, destacó ante el juez que “El Vicentillo” tenía derecho a la inmunidad con base en un precedente legal en la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos. Este precedente apunta que el extranjero que coopere con el Gobierno “no necesariamente está excluido de inmunidad”, por desconocer las leyes de otro país cuyas autoridades hacen un compromiso con el afectado.

Entre noviembre y diciembre de 2012 el Departamento de Justicia entregó a la Corte de Chicago alrededor de 3 mil 500 documentos sobre Zambada Niebla con información recopilada en México por la DEA, la CIA, el FBI, el ICE, el CBP, la NSA, el Pentágono y otras agencias de inteligencia.

Entre toda esta información hay expedientes que fueron clasificados como “top secret”, a los cuales sólo el juez tiene acceso y se encuentran guardados en una caja de seguridad en la Corte Federal en Chicago.

En una declaración por escrito y firmada por Castanon —entregada a Castillo por los fiscales el 2 de diciembre de 2012—, el agente de la DEA sostiene que “no existe ni nunca existió” un acuerdo con “El Vicentillo” para darle inmunidad.

En su declaración ante el juez, Castanon relata que el 30 de enero de 2009 su CS (confidential source o fuente confidencial, como llama a Loya Castro) le comunicó que “El Vicentillo” tenía intención de hablar con la DEA. En consecuencia se organizó una reunión entre el hijo de “El Mayo” y los miembros de la agencia para el 18 de marzo de 2009 en el hotel Sheraton de la Ciudad de México.

Unas horas después de la reunión con los agentes de la DEA, “El Vicentillo” fue detenido por militares mexicanos.

VERACRUZ, EL ARTE DE MAQUILLAR LA VIOLENCIA (Reportaje completo)

Por Noe Zavaleta/Proceso

PROCESO-1947-192x250XALAPA, VER.- La crisis de inseguridad y de procuración de justicia que sufre Veracruz, así como el pésimo manejo del aparato de comunicación en el gobierno de Javier Duarte, sobre todo al arrancar 2014, obligaron al Mandatario priísta a realizar cambios en su equipo.

Para empezar, removió al procurador Amadeo Flores Espinoza y a la coordinadora general de Comunicación Social, María Georgina Domínguez Colio, a quienes sustituyó por dos políticos de turbio pasado.

En la Procuraduría General de Justicia (PGJ) del estado designó a Luis Ángel Bravo Contreras, ex presidente del Instituto Veracruzano de Acceso a la Información (IVAI), quien tiene denuncias penales por cohecho y lesiones, y como encargado de recomponer su imagen pública nombró a Alberto Silva Ramos, ex presidente municipal de Tuxpan, que se hizo famoso en mayo de 2011 por meter a la cárcel a cuatro reporteros bajo el cargo de extorsión por más de 1 millón de pesos.

El jueves 20, el Gobernador repuso como su secretario particular a Juan Manuel del Castillo, quien desempeñó ese cargo al inicio del sexenio y también asistió a Duarte cuando éste era titular de la Secretaría de Finanzas y Planeación (Sefiplan) con Fidel Herrera. Sin embargo, Del Castillo dejó la oficina del Mandatario para intentar que el PRI lo postulara a diputado local por Córdoba —distrito natal de Duarte—, pero fracasó por su falta de empatía con la militancia en el centro del estado.

Llama la atención el reacomodo del ex secretario particular de Fidel Herrera y ex presidente del PRI en Veracruz, Jorge Carvallo Delfín, quien al ser sustituido por Del Castillo se fue a la Secretaría de Desarrollo Social. De esta manera, el encargado de la política electoral del PRI en 2010 se hará cargo de los programas sociales y asistenciales, así como de la coordinación con la delegación de la Sedesol para tener un padrón único de beneficiarios de 70 y Más y Oportunidades, programas a los que el ex titular de la Sefiplan, Salvador Manzur Díaz, se refirió en términos electorales como “oro molido” en el escandaloso video de mayo de 2013, por el que fue cesado.

DESAPARICIONES FORZADAS

Sin embargo, en esta serie de cambios de mitad de sexenio quedó intacto el organigrama de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), pese a que el Comité Directivo Estatal del PAN exigió el cese de su titular, Arturo Bermúdez Zurita, y a que numerosos periodistas de Coatzacoalcos y de Xalapa le reprochan la ola de inseguridad e impunidad que le costó la vida al reportero de Notisur y Liberal del Sur, Gregorio Jiménez.

Además, el Colectivo por la Paz Xalapa acusa a la Policía Estatal Acreditable de la SSP de estar involucrada en la mayoría de las “desapariciones forzadas” en el estado, las cuales casi llegan a 500 en los últimos tres años.

En cuanto a Georgina Domínguez, fue jefa de prensa de Mario Villanueva Madrid cuando era gobernador de Quintana Roo —actualmente está preso por narcotráfico y delincuencia organizada— y asesora de medios de Rosa Borunda, la esposa del ex gobernador Fidel Herrera.

Duarte la nombró secretaria técnica de su oficina: “Mi función esencial —dijo Domínguez Colio a los reporteros minutos antes de rendir protesta— será un apoyo directo al Gobernador en el tema de la agenda de interlocución, en la agenda positiva con los secretarios, dar seguimiento a los compromisos y a los proyectos que el Gobernador me encargue”.

Domínguez era conocida en el palacio de gobierno como “la vicegobernadora”, por su influencia sobre Duarte. Alguna de las frases que pronunció ante los reporteros en su adiós como vocera fueron: “Soy amiga del Gobernador”, “los cambios fueron por los tiempos políticos”, “dejo la oficina en orden”, “yo puedo ver a todo mundo a la cara”, “jamás pedí la renuncia de un reportero” y “los voy a extrañar”.

EL FISCAL BRAVO

Provisionalmente Duarte nombró a Luis Ángel Bravo Contreras “encargado de despacho” de la PGJ en tanto lo aprueban al menos dos terceras partes del Congreso local.

La Fiscalía Especializada en Delitos Cometidos por Servidores Públicos tiene abiertas dos averiguaciones previas (FESP/ 145/2011/I y 148E/2011) por los probables delitos de cohecho y lesiones contra el entonces agente del Ministerio Público de la Agencia Investigadora de Fortín, Rodolfo Díaz Ramírez.

En cuanto al anterior procurador, Amadeo Flores Espinoza, renunció al quedar en evidencia el desaseo ministerial de las averiguaciones previas correspondientes a los asesinatos del cantante de “La Voz México” Gibrán David Mártiz Díaz y del reportero Gregorio Jiménez.

Flores también deja pendiente la resolución del asesinato de Regina Martínez Pérez, corresponsal de Proceso en Veracruz, cometido el 28 de abril de 2012 en su domicilio. La PGJ se apresuró a señalar como único móvil el robo.

Por su parte Jorge Carvallo, creación del ex gobernador Fidel Herrera Beltrán y a quien sirvió fielmente durante todo su gobierno, impuso a la ex alcaldesa de Xalapa Elizabeth Morales García como presidenta del PRI estatal, y la constructora en la que se asoció con ella ha obtenido varios contratos de obras municipales.

En 2007 Carvallo fue investigado por la Procuraduría General de la República (PGR) por presunto lavado de dinero en sus múltiples empresas de transportes y construcción. También presidió la Junta de Coordinación Política y encabezó la bancada del PRI en el Congreso local, cargo del que pidió licencia en el primer trimestre de 2012 para coordinar la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto en Veracruz.

Ahora llega a la Sedesol, donde se maneja el programa insignia de Duarte: Adelante. Varios analistas de la prensa local consideran que Carvallo volvió a la lucha por la elección de gobernador en 2016.

“Al frente de la Secretaría de Desarrollo Social he designado a un servidor público con experiencia probada y capacidad para dar resultados”, dijo el Gobernador el jueves 20.

‘MANO AMIGA’ A LA PRENSA

El nuevo vocero y coordinador general de Comunicación Social, Alberto Silva Ramos, quien fuera director del Instituto Veracruzano de Desarrollo Municipal y titular de la Sedesol, es amigo de Duarte y éste lo consideró su “delfín” para la elección de 2016.

Entre sus retos está revertir las duras críticas de la prensa nacional y extranjera por el pésimo desempeño del Gobernador ante los desastres naturales, la inseguridad en el estado —particularmente los mencionados crímenes de alto impacto— y la falta de transparencia en su administración.

Silva Ramos no llega a su nueva oficina con los mejores antecedentes: en mayo de 2011 acusó por extorsión y encarceló a los periodistas Alejandro de la O, locutor radiofónico; Jorge Ricárdez Manríquez, reportero de medios digitales; Isaías Armenta, empresario de Alianza Empresarial, y Carlos Antonio Ortiz, productor de radio.

En su denuncia, el político priísta aseguró que los reporteros pretendían sacarle una “cantidad millonaria” para no revelar fotografías personales comprometedoras. Silva respondió así al reportero el 9 de mayo de 2011:

“Me solicitan no hacer declaraciones para no entorpecer la labor del juez. Si tienes la denuncia, está muy clara la extorsión y debidamente probada. Ellos son unos mercenarios, no comunicadores”.

ANABEL HERNANDEZ A VICE: “EN 2001 FOX LIBERO A EL CHAPO”

anaEl 19 de enero de 2001, el mayor capo del narcotráfico de México se escapó de Puente Grande, una cárcel de máxima seguridad. Según la periodista de investigación Anabel Hernández, Joaquín El Chapo Guzmán, líder del cártel de Sinaloa, fue escoltado de la prisión vestido como un oficial del gobierno —acompañado de funcionarios del gobierno— y subió a un helicóptero que lo llevó camino a la libertad. El informe oficial afirma que El Chapo se fugó en un carrito de lavandería, algo que —aunque es bajo de estatura— parece posible pero poco probable.

Si la información que Hernández encontró al investigar la fuga de El Chapo es cierta, es más o menos el epítome de la corrupción en el gobierno, uno que ha acomodado y ayudado a los cárteles en México a tomar control del país.

Hernández estaba investigando la fuga de El Chapo como parte de un proyecto de cinco años para su libro Los señores del narco, que investiga los vínculos del gobierno y la élite de los empresarios con los cárteles. En este libro, publicado en México en 2011, escribe que el ex presidente Vicente Fox inició una guerra entre los cárteles —y que desde la fuga de El Chapo— el gobierno ha conspirado con el cártel de Sinaloa, permitiendo la red de corrupción que mantiene creciendo a los cárteles en México.

A principios de este año, hablamos con Anabel, donde nos dijo que después de otro de sus descubrimientos, el entonces secretario de Seguridad Pública (Genaro García Luna) dio instrucciones a sus hombres para desaparecerla.

Me puse en contacto con Anabel de nuevo para hablar de la investigación que hizo acerca de la complicidad del gobierno mexicano en el comercio de drogas.

VICE: Hola Anabel. ¿Cómo podrías describir la guerra contra el narcotráfico?
Anabel Hernández: Desde los sesenta, en México, la guerra contra el narcotráfico ha sido falsa, nunca ha existido. En los sesenta, el gobierno federal le ofreció protección a los cárteles, dejándolos sembrar y así mismo continuando su negocio siempre y cuando le pagaran una cuota al gobierno. No era un soborno, era un impuesto. El gobierno mexicano usó ese dinero para proyectos gubernamentales. Así es que en los ochenta y los noventa, los cárteles medianos y las organizaciones criminales empezaron a crecer con el dinero de la cocaína. México empezó a incrementar la carga de cocaína que venía de Colombia, y después los cárteles mexicanos la llevaron a Estados Unidos.

¿Entonces qué pasó?
Los cárteles dijeron: “Bueno, no queremos tener un acuerdo con el gobierno. No nos gusta que el gobierno nos diga qué podemos hacer y qué no”. Así que los cárteles empezaron a sobornar a ciertos funcionarios gubernamentales, y fue así como el gobierno perdió control sobre los cárteles. Sobornaron a jueces, senadores, empezaron a pagarle a gobernadores, jefes de policía y generales. Los cárteles empezaron a crear su propio juego, bajo sus propias reglas.

¿Hay información en tu investigación que resuma el nivel de corrupción en México?
En enero del 2001, algo pasó que cambió el juego de los narcos: el gobierno federal ayudó a que El Chapo saliera de la cárcel. Así que en ese momento, el gobierno federal empezó a proteger a un solo cártel, y se puso en contra de los otros. Ése es justo el momento en que empezó la guerra entre cárteles. Antes de eso, México era relativamente un lugar seguro. El entonces presidente, Vicente Fox, fue quien inició la guerra entre los cárteles. Su gobierno quería llevarse el territorio del Cártel del Golfo, y entregárselo a Sinaloa.

¿Fox era consciente de la corrupción?
Sí. Puedo afirmarlo porque el fiscal del estado tiene todos los testimonios. Su gobierno tenía testimonios corroborando lo que estaba sucediendo. No puede decir que era una sorpresa, el fiscal del estado lo sabía. Su gobierno lo sabía, y hay pruebas de que eran conscientes de la corrupción.

¿Crees que es posible erradicar la corrupción del sistema político mexicano?
Lo que aprendí de esta investigación es que la corrupción en México funciona de arriba hacia abajo, no de la otra manera. Si el gobierno realmente quiere hacer una limpieza, la gente de arriba tiene que ir a la cárcel. Tenemos al jefe de la policía, y bajo su cargo [están] cientos de policías. Si él es honesto, los otros policías serán honestos. Sin embargo, si él es corrupto, los demás serán igual. Lo más triste es que todos los involucrados en la corrupción salen ganando, por eso nadie quiere limpiar el gobierno.

Supuestamente, la CIA ayudó a los cárteles mexicanos a llegar al poder, ¿no?
Nicaragua empezó a convertirse en un país comunista a finales de los setenta, así que el gobierno de Reagan decidió que no podía dejarlos crecer. Ya tenían suficiente con Cuba, y no querían lidiar con otro país, así que le pidieron al Congreso de Estados Unidos dinero para financiar un grupo de rebeles llamados “Contras”. Su gobierno sería luchar en contra del gobierno comunista de Nicaragua. La CIA hizo un acuerdo con los jefes del narcotráfico, el gobierno de Estados Unidos abrió las puertas para dejar pasar la cocaína al país, pero bajo la condición que los cárteles usaran parte de las ganancias para el financiamiento de los Contras. Hay algo en mi cabeza que siempre me dice: Si el gobierno de Estados Unidos hizo eso, ¿cómo podemos estar seguros que actualmente no está ocurriendo lo mismo?

Sobre la fuga de El Chapo… La versión oficial dice que salió de Puente Grande en un carrito de lavandería, ¿verdad?
Cuando el presidente y su esposa recibieron la noticia [de la fuga], los que trabajaban para él le dijeron: “Señor, esto no puede ser posible”. Esa prisión está construida con máxima seguridad. La prisión tiene sensores, hasta en los carritos de lavandería hay sensores. No era posible. Otra persona le dijo al presidente: “Señor, yo estuve involucrado en la construcción de esa prisión, y yo sé que es imposible escapar, alguien le está mintiendo”. Y el presidente le respondió: “Cállate”.

Tu libro describe la vida lujosa que disfrutó El Chapo en prisión. ¿Nos puedes hablar de eso?
Recibió dinero mientras estuvo en la cárcel, para poder sobornar a los trabajadores. Finalmente, empezó a manipular y controlar al director de Puente Grande. En su expediente oficial sobre su fuga —el cual tengo— leí que el director participó en fiestas que El Chapo organizó dentro de la cárcel, fiestas navideñas que duraban cinco días. El Chapo invitaba a su familia, como si fuera un hotel de lujo. Pedía comida de fuera, mandó decorar la prisión con motivos navideños, invitó a grupos musicales, ordenó que su celda estuviera pintada de otro color… Podía hacer lo que quisiera en la cárcel.

¿También meter prostitutas?
Era un hombre enfermo, tenía una adicción al sexo. El director dejaba entrar prostitutas a la cárcel todo el tiempo. Pero cuando necesitaba algo urgente, simplemente le daba a las trabajadoras de la cárcel. Podía hacer lo que quisiera.

Miguel Ángel Treviño Morales —también conocido como Z-40, el líder de Los Zetas- fue capturado.  ¿Afectará esto la guerra entre los cárteles?
Lo más triste es que eso no importa. Los Zetas tienen una estructura, si un líder muere, eso no importa ya que hay un sucesor. Cuando el gobierno mexicano atrapó a El Chapo, y lo metió a la cárcel, nunca confiscaron su dinero. Nunca lo hacen —ni las propiedades, ni el dinero. Así que no importa que esté en la cárcel, su dinero aún mueve al cártel.

Es cierto. Otros capos han “desaparecido” o “muerto”, se sospecha que dejaron la vida de narcotraficantes y se retiraron con sus fortunas. ¿Crees que El Chapo hará lo mismo?
Yo pienso que El Chapo es muy importante para el mercado de la droga. Es un símbolo de la infraestructura: él controla el negocio. Él es importante para el narcotráfico porque inspira confianza a quienes están involucrados, como a los colombianos que están produciendo cocaína. Él hace que el negocio sea estable.

No sé qué vaya suceder, pero estoy segura de que nadie lo atrapará. Ni el gobierno mexicano ni el de Estados Unidos quieren detenerlo. Sus hijas nacieron en Estados Unidos y la gente dice que él estuvo en California con ellas. Él hace lo que quiere, ¿quién lo quiere atrapar?

¿Y tú? ¿Seguirás investigando e informando sobre la guerra contra el narco?
Pienso que es necesario. Por el momento, en México, hay censura. Muchos periodistas y medios de comunicación no quieren decir ciertas cosas. Los medios de comunicación reciben mucho dinero de publicidad por parte del gobierno, pero creo que hay muchos periodistas en México —no sólo yo— que seguiremos luchando por la libertad de expresión, porque nuestra sociedad necesita información. Yo creo que la gente tiene todo el poder para hacer el cambio pero, ante todo, deben informarse.

Gracias, Anabel. Buena Suerte.

Sigue a Sam en Twitter: @sambobclements

*Entrevista realizada para el portal Vice el 23 de septiembre de 2013

LOS PEQUEñOS ESTADOS CRIMINALES QUE GOBIERNAN AL MUNDO…

Por Federico Campell*/Proceso

ConLSciasciaPALERMO, ITALIA.- De semblante moreno, más árabe que latino, 64 años, Leonardo Sciascia no habla por hablar. Es un hombre de pocas palabras.

—El Estado no existe –dice, en su casa de Palermo, rodeado de cuadros: una galería íntima de escritores dibujados: Voltaire, Vitaliano Brancati, Federico Di Roberto, Gorki, Anatole France, y unos aguafuertes de Goya. Lo que existe son pequeños Estados que son las organizaciones criminales: todas las agrupaciones que actúan por intereses particulares. El interés general se ha perdido de vista.

—¿Qué entiende usted por eso que llama “sicilianización” de las relaciones humanas y políticas?

—Yo entiendo por sicilianización de Italia y del mundo una pérdida progresiva de los valores y las ideas, ante el surgimiento de los intereses particulares —explica el novelista, el ensayista, el profesor de primaria autor de Todo modo, El contexto, A cada quien lo suyo, El día de la lechuza, Negro sobre negro, El teatro de la memoria, El archivo de Egipto, En tierra de infieles, Los tíos de Sicilia, El caso Moro, El mar color de vino y La desaparición de Mejorana.

—¿Pero no era así en el pasado, digamos hace 20 años?

—Mire. Era así pero al mismo tiempo no era así. Había una esperanza. Había principios. Había una ley moral. Hoy, en cambio, asistimos a esta descomposición de la esperanza. Las ideologías ya no funcionan. La gran esperanza que pudo haber sido el comunismo está visto que ya no tiene sentido. Entonces, ante esta pérdida de terreno de las ideas se ha impuesto una inmensidad de intereses particulares que van contra el interés general. Ha habido una caída del espíritu público, mientras que antes, incluso si las cosas ya eran así, había la esperanza de que las cosas podían no ser así. Cuando hablo, pues, de sicilianización entiendo una pérdida de las ideas ante el predominio de los intereses particulares, que también pueden ser criminales. Y la mafia es un fenómeno de este tipo.

Escritor “seco” como Voltaire, agudo como Guicciardini, “moralista” en la trayectoria de Alessandro Manzoni, cultivador del misterio en la espiral ascendente de Edgar Allan Poe o en la descendente de Jorge Luis Borges, Leonardo Sciascia ha intentado, desde esa fuerza secreta que puede tener la literatura, ir desmontando los mecanismos más ocultos del poder invisible. No obstante, dice que la mafia de nuestros días es una mafia que él no conoce:

—No es la misma de antes. La mafia —agrega, la mano derecha sobre el bastón, mientras su esposa María trae un café concentrado, el primero de la mañana— era un fenómeno rural, ligado a la tierra. Cada pueblo tenía su capo mafia, su jefe, sus mafiosos, todos se conocían. Un pueblo sabía quién era el capo de la mafia, porque el capo era la persona a la que se podía uno dirigir incluso para conseguir justicia: una especie de juez de paz.

“Ahora ya no se sabe. No se sabe quién es el capo, quiénes son los mafiosos.”

—Pero esta inclinación a la omertá (la ley del silencio), incluso entre los niños, esta costumbre de cortarles las manos a los ladrones sin acudir a la autoridad legal, ¿es una característica siciliana?

—La mafia era un hecho siciliano –dice Sciascia–. Ahora se ha convertido en un hecho internacional, sobre todo por el comercio de la droga.

Rememora el autor de Las parroquias de Regalpetra, Muerte del inquisidor, el dramaturgo de Los mafiosos y El honorable, y cuenta que Portella della Ginestra es un pueblo situado a un lado de Piana degli Albanesi, al sur de Palermo. Allí fue la masacre, el 1 de mayo de 1947, cometida por Salvatore Giuliano y sus bandidos contra cientos de campesinos que pretendían organizarse políticamente: un caso ejemplar de lo que Sciascia ha llamado la “utilización política de la delincuencia”.

Moro y los endemoniados

Italia surge como nación hacia 1860 con la reunificación de los reinos dispersos que llevan a cabo Garibaldi y Cavour. Es la época de El gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, y un momento anterior a Los navajeros, de Leonardo Sciascia, donde se expone cómo la clase privada del poder borbónico desplazado trata de recuperarlo creando (como en el Chile de Allende, la Nicaragua de hoy) un efecto desestabilizador.

—En Los navajeros (“I pugnalatori”: los apuñaladores) se tendía a crear un estado de alarma, de inquietud, de modo que pudiese repuntar la suerte de los Borbones que habían sido echados de Sicilia, a fin de promover el retorno de la corona borbónica. Fue un intento de reacción a la unidad de Italia —explica Sciascia.

—¿Apresaron a los apuñaladores?

—Aprehendieron a los ejecutores, pero se dejó libre al que se tenía como autor intelectual. El gobierno de la Italia unida se comportó, en efecto, como el de la Democracia Cristiana ante el caso Moro: pasivamente.

Partidario del texto breve, del misterio sin solución, como Borges, o del crimen sin culpable, el escritor siciliano nacido en Racalmuto en 1921 pertenece a la escuela que no aspira a conseguir el mayor número de palabras. Su obra, su actitud pública, son una negación del literato apolítico, una afirmación de la sensibilidad política que subyace en la literatura. Diputado por el Partido Radical en la capital italiana entre 1980 y 1983 (ya había sido representante regional por el Partido Comunista en Palermo), Sciascia redactó un informe de la minoría parlamentaria sobre el secuestro y el asesinato de Aldo Moro.

—¿En qué cambió su libro El caso Moro cuando le añadió el informe de la comisión parlamentaria?

—En nada —dice. Yo formaba parte de las comisiones, la de la minoría, y lo redacté y firmé solo. También hubo una relación de la mayoría, firmada por los comunistas y los demócratas cristianos.

—¿Y no se llegó a ninguna conclusión?

—No. A ninguna, como siempre sucede en las investigaciones parlamentarias; siempre quedan así: dudosas, equívocas. Yo llegué a una certeza: si hubiera habido una policía verdaderamente interesada en encontrar a Moro vivo, Moro hubiera sido encontrado.

—Pero no había la voluntad…

—Ni la voluntad ni la inteligencia.

—¿En Italia existe una policía científica?

—Sí. Desde los tiempos del fascismo.

—¿Buena, eficiente?

—La policía italiana era buenísima en los tiempos del fascismo. Había policías excelentes. Terminada la dictadura, la policía ya no fue tan buena. Digo “buena” en un sentido técnico, porque la policía fascista era terrible —agrega.

—Se dice que una cosa que aún no resuelve el Estado moderno es la policía.

—Sí. Creo que sigue siendo un problema la policía. No sólo en Italia.

—En El caso Moro parece darse la hipótesis de la pasividad, en el sentido de que algunas personas pertenecientes al Estado obraron pasivamente: se hicieron tontos. En algo se parece el caso del asesinato del general Obregón en 1928: lo acribillaron en medio de una sospechosa ausencia de medidas de seguridad.

—Desde el momento en que secuestran a Moro —comenta Sciascia— ya era como si hubiera muerto. Ahí se entra en un clima pirandelliano: intentaron hacerlo aparecer como otro, como a alguien que bajo el miedo y la coacción de las Brigadas Rojas escribía cartas que no correspondían a su verdadera personalidad. Pero no es cierto. Moro escribía como había sido siempre.

“Moro era el intermediario entre los comunistas y los democristianos, entre el gobierno italiano y los árabes. No tenía el sentido del Estado, como no lo tiene ningún católico en Italia. No lo tenía antes del secuestro ni lo tuvo después. Moro intentó, asimismo, entender a los brigadistas y llegar con ellos a un compromiso. Poco antes de ser secuestrado trató de releer Los endemoniados, de Dostoiewski, para entender mejor el mecanismo mental, psicológico de los terroristas. Luego se vio en medio de ellos e intentó comprenderlos. Pero la verdad es que les tomó el pelo, porque los brigadistas querían hacerle un proceso y arrancarle secretos de Estado. Moro no les dijo nada. Habló sin decirles nada. Y aquellos grabaron kilómetros de cinta sin que Moro soltara prenda. Porque Moro tenía el don del discurso nebuloso, en el que nada se entiende. Ambiguo. Muy católico y muy meridional”.

—Hay un carácter meridional?

—Claro —dice Sciascia. Un hombre meridional que se dedica a la política lo hace más como politiquillo que como hombre de Estado.

—Lo que atrae de su obra en México es que al escribir usted de Sicilia parece que está refiriéndose a México. Hay un clima mental parecido. Tal vez se deba a que tenemos en común (Sicilia y México) el mismo pasado español, o parecido, cierta herencia árabe (a nosotros nos llega por España), la actitud judeocristiana ante la sexualidad, la imaginación para la venganza, la Inquisición, y la bandera tricolor garibaldiana. En México un equivalente probable de la mafia podría ser el cacicazgo: formaciones sociales y de poder fáctico que surgen allí donde no alcanza a llegar el poder legal (formal) del Estado. Se engendra y crece el cacicazgo allí donde se configura un vacío de poder. Por eso cuando uno lee A cada quien lo suyo, Todo modo, El contexto, El caso Moro, uno tiene la impresión de que usted está escribiendo sobre México. En cierto modo es usted un escritor mexicano…

—No sé —dice Sciascia, un poco ruborizado. Tenemos tanta historia en común: los virreyes españoles, la Inquisición. Finalmente, somos latinos. Hemos estado hispanizados por la historia.

*El escritor y periodista falleció el sabado 15 de febrero de 2014. Esta entrevista la realizó el 8 de mayo de 1989 para el semanario Proceso.

THE DAILY PLANET: SUPERMAN CAPTURÓ A EL CHAPO…

Por Everardo Monroy Caracas

imagesLos de la cúpula panista, nuestros republicanos de huarache, perdieron a un aliado importante: Joaquín El Chapo Guzmán. Este sinaloense fue liberado durante el gobierno de Vicente Fox y doblemente protegido en el malogrado y sangriento sexenio de Felipe Calderón. Ahora hay un reacomodo de cárteles ante el ascenso de una nueva administración burocratica, la priista.
Nada es fortuito en política y menos en estos tiempos de agandalle petrolero. De ahí que la agenda de poder en América Latina siga programándose en el Pentágono y el Fondo Monetario Internacional. La captura de El Chapo, como simple distractor de masas, les permitirá hacer su chamba, sin menos presión social, a los legisladores y cabilderos de las trasnacionales.
El sábado 22 de febrero de 2014, a las 6: 40 horas fue aprehendido y sin ningún disparo de arma de fuego. Ese fue el parte oficial. El Chapo se resguardaba en un edificio de condominios de Mazatlán y militares de la Armada de México, no los guachos, fueron los responsables del operativo. En esta ocasión, la DEA trabajó en coordinación con marinos seguramente entrenados por marines.
El Chapo no ha sido derrotado, porque sigue vivo. Simplemente fue separado temporalmente del corporativo trasnacional donde laboraba. Seguramente su suplente, más joven y culto, será ahora el responsable de trabajar con los mismos socios experimentados en la producción y distribución de drogas prohibidas y la apertura de nuevas empresas legales en cualquier parte del mundo para blanquear su dinero. Sus nuevos aliados del partido oficial, menos radicalizados por la ultraderecha, únicamente les exigirían combatir a las bandas de secuestradores, extorsionadores y violadores e intentar no distribuir entre la sociedad nacional drogas duras o letales, como la heroína, porque hacen menos productivos a sus empleados y obreros.
La oligarquía panista siempre fue amamantada por el narcotráfico y la ultraderecha. Desde la década de los setenta  existieron municipios donde el PAN contaba con el apoyo de capos que se oponían al priismo. Por ejemplo, en Ojinaga, Chihuahua, Pablo Acosta El Pablote imponía autoridades relacionadas al PAN. Ese municipio fronterizo fue el primero que tuvo un ayuntamiento panista. Después seguiría Ciudad Juárez y así sucesivamente.
El Cártel del Pacifico logró imponer sus reglas durante las administraciones de Fox y Calderón. Militares y policías enfocaron su fuerza en combatir a los cárteles del Golfo, Los Zetas, Los Hermanos Beltrán Leyva y La Familia. Existen innumerables reportajes, entrevistas y artículos que dejan testimonio de ese hecho incuestionable. El Chapo creció apapachado, al extremo de ser convertido en un antihéroe  por Forbes, las televisoras, Youtube y la prensa escrita. La sociedad mediática lo hizo suyo y lo trasnformó en el archienemigo de la justicia estadounidense. Únicamente un Superhéroe, aliado del capital trasnacional, podría derrotarlo.  Y de ahí que la exclusiva de la caída de El Chapo la obtuvo The New York Times, un periódico estadounidense, y no un medio informativo mexicano. Algo así como The Daily Planet de Metrópolis. Los primeros ojos que vieron a El Chapo arrodillado, vencido y con un leve golpe en el pómulo izquierdo, fueron anglosajones.
La prensa nacional festinó la captura sin ahondar en el hecho. Los cárteles siguen intactos porque los consumidores de drogas de todo el mundo así lo exigen. Las rutas de trasiego funcionan a la perfección y los bancos al servicio de los traficantes y aliados burocráticos continúan lavando dinero y abriendo empresas hasta donde el sistema neoliberal lo permita. El Chapo, como archienemigo mediático, tendrá pronto su telenovela de sesenta capítulos, y el gobierno mexicano, en manos del PRI, intentará sobrevivir un sexenio más de no desbordarse la sociedad consciente y hambreada en los comicios para renovar nueve gubernaturas y congresos en el 2015.
Es evidente que la oligarquía panista ya no regresará a Palacio Nacional y Los Pinos. Sin embargo, sus intereses de poder aun predominan entre algunos políticos priistas. Los cárteles de la droga tampoco desaparecerán porque los más de 100 millones de adictos estadounidenses, canadienses y mexicanos necesitan ser alimentados de su maná o soma. Miles de Chapos aguardan su turno sin desesperarse para dirigir a un ejército impresionante de burócratas, policías, militares, sicarios, contadores, banqueros y políticos.  Las experiencias de poder y terror impuestas en Michoacán, Guerrero, Tamaulipas, Baja California, Nuevo León, Veracruz, Quintana Roo, etcétera, difícilmente pueden ser desechadas. En casi veinte años le dieron tranquilidad a las grandes trasnacionales ahora casi propietarias de medio territorio mexicano y muy pronto de la electricidad, petróleo y agua bebible.
La oligarquía panista, por el momento, nuevamente fue derrotada. Los priistas, con ayuda de Superman-DEA, se deshicieron de uno de sus aliados mediáticos, El Chapo, y ahora tienen que darle una lección a quienes lo alentaron y protegieron desde el umbral de la impunidad. Fox y Calderón saben que son corresponsables de esa guerra civil bárbara que en menos de trece años enlutó a casi doscientos mil hogares mexicanos y pudrió algunas instituciones públicas, principalmente ayuntamientos, congresos y juzgados penales.

ALMA LUNA: SIRVAN DE ALGO…

Por Everardo Monroy Caracas

imagesElla, la misma, sembraba dichos y mañas y hasta su vejez, al fin Alma Luna. La noche bajaba sin darse cuenta… Sus propios miedos, asuntos diarios y sentencias deben repetirse:

—La que mueve la canoa soy yo y como le da su chingada gana…

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Los Álamos carecen de transporte público y la mayoría de sus pobladores tienen que recurrir a la guadaña, especie de carreta jalada por un tractor, o contratar los servicios de quien posea alguna “troca”, como llaman a sus camionetas. De esa manera, en media hora, es posible llegar a la carretera Carichí-Cuauhtémoc.

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—Que sirvan de algo los cabrones, aunque sea para quitarme lo caliente…

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—Te gusta el pedo y la mierda a puños…

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—Nunca los huarachudos tienen porque taconearles a los que traen botas.

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—Sí, hay algunas regiones del estado que tienen el agua muy remendona, como dicen los rancheros.

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—Órale cabrones, caminando y meando pa’que no encharquen…

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—Eres como la baraja… Caraja, caraja…

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—Me dejó cucha (renga) y aún puedo correr…

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—Está bueno enviarte por la muerte, nunca vienes…

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Torrejas de frutas y verduras (calabaza): rodajas secas. Se deshidratan bajo el sol.
Chirriones de calabaza: primero se pela, luego se sacan tiras largas y se ponen a secar bajo el sol. Se consumen en empanadas o con leche. Se atornillan y duran años.

—Atáscate que hay lodo…

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—Iba a los tanichis…

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—¿Y ese loro por qué ser más caro si está viejo y desplumado y los otros ser bonitos y saber muchos idiomas? —preguntó el gringo.
—Sepa, pero los otros loros le dicen “Jefe”.
—Así es Negrete no hace nada, pero todos en la oficina le dice “Jefe”.
Risas.
A Negrete la alusión en nada le satisfizo.

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Coco Bugarini la llamaba la Mata Hari. En un principio creyó que era un insulto y le enojaba. Tardó veinte años para conocer la verdad y terminó admirando a Margaretha Geertruida Zelle. La muy zorra, amante de generales ingleses y franceses, terminó en el paredón y en un cementerio de Vincennes. No era el caso de ella, a pesar de ser amante de Joaquin Rios y amiga de policías judiciales. Nunca mezcló una cosa con la otra. Mantuvo los secretos a distancia.

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Un hombre tenía dos novias: una hermosa que nada sabía hacer y una fea de gran talento musical.
Le preguntó a un amigo:
“¿Con quien me caso?”
“Con la fea”, le sugirió. “La otra perderá su belleza y su encanto. La fea no, siempre estarás prendida de su voz. Al cantar encontrarás la verdadera belleza, porque eres un melómano”.
Después de la noche de bodas, al amanecer, observó de cerca a la recién desposada. Roncaba y babeaba. Horrorizado con ambas manos la agarró del cuello y empezó a estrangularla:
“Canta, hija de la chingada, canta”, le exigió.

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Trini La Burra, siempre montaba un jumento de pelambre oscuro. Cada fin de semana visitaba a su novia.
—El domingo no voy a poder venir con usted a platicar, porque voy a tener diarrea —le dijo en una ocasión a Lola Castillo.
Era una de las charras de la gente.

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En los centros nocturnos de Coahuila. trabajaba un cantante afín a las bebidas espirituosas y ya pitido tenía la mala virtud de olvidar la letra de las canciones. Sin embargo, las tablas le habían permitido superar esa deficiencia.
—¿Cómo dice, gente? —exclamaba René y señalaba con el micrófono al público.
No faltaba quien estuviera al tanto de la melodía y la canturreaba. Su peculiar estilo lo aprovecharon otros artistas. Cuando eso les ocurría, preguntaban sin tanto empacho:
—Y como dice René: ¿Cómo dice, gente?

FUSILADOS (Capitulo 25)

Por Everardo Monroy Caracas

Soy un hombre solitario
que el destino es mi suerte…

Diomedes Díaz

imagesCarlos le entregó los originales a Eduardo, amontonados en el escritorio de su oficina. En el despacho contiguo se encontraba el abogado Jamza N. P. Kileka, de origen tanzanio y en las afueras, dentro del recibidor con seis sillas, cuatro nuevos inmigrantes, serios y pensativos, aguardaban su turno para ser atendidos. En 423 Eglinton West estaba el nuevo cuartel general de Carlos.
Cuatro meses atrás había concluido su relación laboral con Gertler, con oficinas en la avenida Dundas, a un costado del edificio del Ministerio de Ciudadanía e Inmigración. En el estacionamiento, Gertler había colocado una traila donde con grandes titulares anunciaba sus servicios a personas de habla hispana.
El periodista le comentó a Carlos sobre su ida a Leamington y la posibilidad de allegarse de un dinero extra para, en caso de perder el juicio, no apelar, sino exiliarse en España, donde radicaban dos tios: Sandra Eneida y Ramiro. El 11 de julio del 2004 su padre había fallecido y dos días después, nació su sobrino, Herminio.
“¿Estás seguro que quieres irte a Leamington?”, preguntó Carlos.
El trato cotidiano había desarrollado un tipo de acercamiento afectivo, no falto de admiración mutua. Lío permitió afianzar una alianza propositiva y materializar la idea de construir un libro donde el caso de algunos centroamericanos y la realidad migratoria canadiense diera un poco de luz a las nuevas generaciones de inmigrantes hispanos. Tal vez la experiencia de vida de Carlos —o don Carlos, como siempre le decía Eduardo por respeto— no fuera la más ejemplar, al fin hombre de carne y hueso y necesidades cotidianas, pero su personalidad compleja, a veces insegura, era aderezada por su gran capacidad de contar historias, ser un experto conocedor de asuntos migratorios y estar marcado por la tragedia y el desazón familiar. En todos los corrillos del mundo hispano torontense era conocido, respetado o cuestionado, y en gran medida su labor gestora a favor de los migrantes dependía de dos teléfonos celulares que casi nunca dejaban de zumbar y eran parte de su vestimenta.
“El inglés no se me da, difícilmente voy a entrar al periodismo canadiense y mis necesidades son mediatas. La prensa latina ha aprendido a sobrevivir, sin mucha plata, con el esfuerzo ajeno. Aquí nunca falta quien regale su trabajo ante la esperanza de ser tomado en cuenta algún día y eso lo aprovechan muy bien los editores”, respondió Eduardo.
“Tenemos que construir nuestros propios puentes y no culpar a nadie de nuestras deficiencias”, sentenció Carlos.
“Nadie se queja. Hubo un tiempo que supuse que estaba más salado que un bacalao, pero las calabazas, durante el trayecto, se van acomodando solas, como decía una amiga”, dijo Eduardo.
“Espero que sirvan de algo estás reflexiones”, dijo Carlos y le entregó al periodista unas hojas mecanografiadas. “Tal vez estén faltas de convicción política, porque lo más cercano a mí, en estos momentos, es el recuerdo de mi hermano Lío, la ausencia de mis padres y hermanos, y mi convivencia diaria y tan necesaria de mi familia, Yesenia e Iancarlos. Por ellos, y mi otra hija Darlene, tengo que trabajar duro. No es fácil sostener los gastos de una casa propia, a pagar en treinta años; desprenderte de la tercera parte de tus ingresos por cuestión de impuestos, y cubrir las necesidades diarias de cuatro personas que sólo dependen de tu esfuerzo. Se gana en dólares, pero se gasta en dólares”.
“Me lo imagino”, dijo Eduardo. “Es la vida de la mayoría de hispanos que ya tienen raíces en esta tierra. Por eso creo que a algunos no les importa sentir los problemas del inmigrante recién llegado, sino por el contrario, se convierten en un medio para allegarse de dinero fácil. Uno puede recibir apoyo solidario una o dos semanas y más adelante enfrentar los sinsabores del rechazo. El muerto y el arrimado a los tres días apestan”.
“Canadá no es un país fácil”, dijo Carlos, “y uno lo va descubriendo con el transcurrir de los días. La gente que está afuera esperando, en la oficina contigua, lo único que busca es resolver su problema personal e invertir lo menos posible. De lograrlo difícilmente vuelves a verlos, ese es su destino. Ganen o pierdan su juicio de refugio, jamás vuelven la cabeza hacia atrás. Ahí empieza la falta de conciencia de cada uno de ellos para ayudar a los otros. En eso están fallando las iglesias y los centros de desarrollo comunitario”.
“La Ley del uso, ni modo”, acota Eduardo.
“Exactamente la Ley del uso: yo te uso, tu me usas, él me usa… y todos nos usamos. El asunto es que los más listos, en ese sentimiento de uso hacen negocio con los migrantes. Por ejemplo, un centro de desarrollo comunitario puede obtener hasta un millón 300 mil dólares anuales y gastarse las tres cuartas partes en sostener a su burocracia. Su trabajo sólo es referencial porque casi nunca resuelven, con sus propios medios legales o administrativos, los problemas del migrante recién llegado”.
Carlos tal vez hacía alusión a dos reportajes que Eduardo había publicado en Primera Plana y que evidenciaban fallas administrativas y de servicio en algunos centros de desarrollo comunitario de Toronto. Recibían millonarias aportaciones de cuatro ministerios federales, Legal AID, la Municipalidad de Toronto, la United Way of Greater Toronto y las asociaciones The Ontario Trillium Foundation y The Brumara Foundation. Los ministerios donantes eran el de Ciudadanía e Inmigración, de Ciudadanía Ontario, de Salud y de Familia, Niños y Servicios Sociales.
“Lo que me sorprende es el funcionamiento de los albergues públicos: hay sesenta en Toronto y diez de ellos son administrados por el gobierno de la ciudad. Los otros cincuenta subsisten con dinero privado. Ahí reciben alimento cinco veces al día, sábanas, almohadas y cobijas nuevas; tickes para el transporte público y hasta asesoría gratuita para obtener welfare”, dijo Eduardo.
“Sólo que son muy pocos los funcionales y seguros”, aclaró Carlos, “porque en su mayoría acogen a personas de la calle, viciosas e sin hábitos de aseo. Para un inmigrante recién llegado eso puede ser traumante. En varias ocasiones, puedo asegurar que hasta cientos de veces, intervine para sacar a inmigrantes de los albergues y llevarlos a mi casa o la casa de otros amigos. Después, ya con la ayuda asistencial de Ontario Work, lograban obtener una vivienda digna”.
En esas fechas, Carlos enfrentaba un problema legal por su supuesta intromisión en un asunto migratorio que afectó el ingreso de un aspirante a refugiado. Al ser cuestionado fuertemente e intimidado por el oficial de Inmigración    acusó a Carlos de haber inducido su historia y obligarlo a mentir. Sin embargo, Carlos no era el abogado sino Geltler y sus cuestionarios  de solicitud de refugio los firmó avalando el contenido de lo que ahí aparecía. La bronca fue ventilada en los periódicos de la localidad y la noticia, al correr de boca en boca y sin el apoyo de la fuente original, poco a poco tendió a distorsionarse y sus detractores, principalmente abogados y paralegales hispanos, la utilizaron en su contra.
Eduardo tuvo la precaución de investigar los hechos y concluir que se trataba de un simple asunto de vendettas entre los mercaderes de inmigrantes. Carlos llevaba veintidós años construyendo una red de apoyo a personas de recién ingreso a Canadá y algunos de sus colaboradores —contritos y muy leales al principio— terminaban repudiándolo y desprestigiándolo. Sin embargo, jamás cuestionaba su proceder y prefería apartarse de ellos sin rupturas violentas y seguir con su propósito de trabajo.
“Creo que su principal problema don Carlos, es dejar en manos de terceros la confianza que le han depositado los inmigrantes. Si sus recomendados fallan, el único responsable es usted y en dos meses lo culpan de algún abuso que se cometió contra de ellos”, le advirtió el periodista.
Por ejemplo, si el interprete ante Ontario Work aprovechaba la ignorancia del nuevo inmigrante y le ofrecía gestionar el permiso de trabajo por cien o doscientos dólares, el afectado suponía que Carlos le había dado esas instrucciones. El interprete aseguraba que en menos de un mes le entregaría ese documento y en realidad le era enviado cuatro meses después de haber sido aceptado como refugiado político. No por la intervención del interprete, sino por un trámite normal ya contemplado por las leyes migratorias.
Carlos era el menos malo de esa jauría de mercaderes y aún así, sus detractores lo atacaban con saña. En alguna ocasión, Eduardo llegó a convencerse que Carlos había perdido su mística de servicio al estar alejado de sus obsesiones religiosas. Lo evidenciaban algunos comentarios ríspidos y por el comportamiento cuestionable de algunos colaboradores que lo acompañaban. Lo cierto era que no toleraba la altanería y falta de humildad de algunos nuevos inmigrantes que solicitaban su ayuda.
“Sienten que uno está para servirles, para resolverles todos sus problemas, sin que hagan el menor esfuerzo por ayudarse”, repetía.
Los trasladaba en su camioneta a las oficinas de Ontario Work, albergues públicos o Legal AID y en casi todos los casos nadie le pagaba sus servicios o cooperaba con un poco de gasolina. Por el contrario, ya a sus espaldas, los mismos beneficiados comentaban que esa era su obligación porque le pagaba el gobierno para atenderlos. En realidad su salario provenía del abogado, pero sólo por armar los PIF’s y servir de interprete ante Legal AID y de su propio contratante, en este caso Hamza.
Un día que el reportero apoyó a un inmigrante venezolano en la corrección gramatical de su historia, al día siguiente le comentó a Carlos:
“Increíble, ni las gracias me dio su recomendado”.
Carlos, cuestionó:
“¿Tú le das las gracias a Dios todos los días?”
Ningún inmigrante que algún día tuvo contacto con Carlos podría decir que fue engañado o pagó algún servicio sin recibir algo a cambio. Carlos lo ayudó de alguna manera en su permanencia en este país, aunque sea con pequeños detalles solidarios: invitándole en tiempos invernales un vaporante vaso de café negro o un plato de sopa caliente; regalándole dinero para comprar su metropass o una tira de boletos para el transporte público o convenciendo a la trabajadora social de Ontario Work para que les diera un poco más de ayuda asistencial. Nunca los desamparó y, dentro de sus posibilidades, ayudó a poner bajo sus intereses las bondades del sistema migratorio canadiense.
Eduardo se puso de pie y guardó en su mochila las hojas mecanografiadas que Carlos le acababa de entregar. En ellas hablaba un poco de su destino presente. El reportero saldría en dos días a Leamington y posiblemente tardarían algunos meses para reencontrarse. Nada estaba escrito.
“¿Qué será de su vida don Carlos?”, preguntó el reportero.
“Seguir aquí y más adelante irme a alguna playa y pasarme los últimos años de mi vida sentado en algún tronco de guayacán, viendo el horizonte y escuchando el chapoteo de las olas. Lo único que lamento es no estar en ese pequeño paraíso al lado de mi hermano Lío, o tener el periódico en las manos, donde la principal noticia sea que Efraín Ríos Montt y sus generales asesinos fueron juzgados y encarcelados de por vida por sus crímenes de lesa humanidad”.